Un Ángel olímpico

En el mismo escenario donde Rufat Riskiev, catalogado el tigre de Tashkent y uno de los mejores púgiles aficionados del mundo, quedó ridiculizado por un joven afroamericano llamado Michael Spinks, Ángel Herrera Vera, nacido el dos de agosto de 1957 en Guantánamo y con solo tres años de práctica del boxeo, se convirtió en campeón olímpico.

Se desarrollaban por aquel entonces los XXI Juegos Olímpicos con sede en Montreal, en 1976. Allí Herrera ganó el primero de sus dos títulos olímpicos, con una espectacular victoria sobre el germano Richard Nowakowski, pelea que terminó con un fuera de combate en el segundo asalto.

Para entender la calidad de aquella competencia boxística basta con citar algunos de los campeones olímpicos. Entre ellos se encontraban Howard Davis, Ray Leonard, Leon Spinks, todos miembros del equipo estadounidense que dominó el torneo.

De la delegación cubana solo Herrera y Teófilo Stevenson derrotaron a los representantes de Estados Unidos. Teo le propinó ko en el segundo asalto a John Tate y Ángel obtuvo una decisión por la mínima a su favor frente a Davey Armstrong.

A partir de Montreal, Ángel Herrera acumuló los títulos de los Centroamericanos de Panamá ’78; el Mundial de Belgrado, en el mismo año y la victoria en el primer Tope Bilateral Cuba–Estados Unidos de 1977. El ciclo perfecto se quebró en los Juegos Panamericanos de San Juan, Puerto Rico, en 1979, donde perdió ante el estadounidense Bernard Taylor, por segunda ocasión luego de sucumbir en el tope bilateral ante el mismo rival.

En 1980 tuvo un difícil comienzo al ceder en el «Playa Girón» ante Adolfo Horta. A Moscú fue en los ligeros y regresó con su segunda corona olímpica. En la final propinó RSC al soviético Viktor Damianenko.

En el Mundial de Múnich, en 1982, obtuvo su segunda corona. En este torneo vence a Pernell Whitaker, quien con el tiempo logró ser campeón mundial profesional en cuatro divisiones. Sin embargo, en los Panamericanos de Caracas ’83 cedió en la discusión del título ante él.

Su récord muestra 225 combates ganados y 12 derrotas. Antes de Herrera triunfar en 57 en Montreal y en 60 en Moscú, solo Lazslo Papp obtuvo dos coronas estivales en diferentes pesos cuando ganó los medianos en Londres 1948 y los medioligeros en Helsinki 1952.

El diálogo con este redactor comienza en casa de Herrera:

 «Yo estaba loco por pelear con Howard Davis, pero fui en los 60 kilogramos a Montreal. Me quería dar a respetar ganándole a los grandes».

¿Cómo fueron sus inicios en el boxeo?

 «Es una historia un poco dura. Llegué gracias a un amigo, Celso Tamayo. Sus hermanos y los míos eran boxeadores y le dije de empezar a practicar, porque los hermanos de él eran famosos en el barrio. Así hablamos con José María Chivás, el instructor.

«Al principio entré por rutina y diversión; pero cuando me fui a ir, el entrenador me dijo ‘Usted se queda’. Le hice caso y nos vamos a un campeonato regional. Cuando mi mamá se enteró, por la prensa, que discutiría la final se volvió loca y quería quitarme. Entonces le dije que me dejara y si no obtenía resultados dejaba el boxeo.

  Al final gané el campeonato regional aquel, que fue por el año 1972 en Santiago de Cuba. Así seguí en este deporte y fui a los torneos por equipo de 1974 y 1975. Un año después me presenté en el ‘Playa Girón’ que organizó Camagüey, y llegué a la final. En ese torneo me tocó un sorteo difícil, tuve que eliminarme con José Aguilar y Genovevo Griñán, ambos favoritos y le gané a los dos.

 Luego me captaron para la Escuela Superior de Perfeccionamiento Atlético (ESPA) en el municipio de Playa. Así llegó el encuentro con el equipo nacional para hacer sparring con los juveniles y Alcides Sagarra le dijo a la dirección del equipo juvenil: ‘Déjame a ese negrito aquí’.

«Me voy a una gira por Europa y hago la preselección para la Olimpiada, fui junto a Genovevo Griñán en 57 kilogramos para la altura en México. Después bajamos para Mérida para realizar cuatro sparring públicos para recaudar dinero. De vuelta en Cuba, Alcides me dice que voy en 57 para Montreal. Yo estaba en tremendas condiciones, fíjate que Genovevo había sido el boxeador más técnico del Cinturón Dorado de Rumanía y le gané el puesto».

 Montreal fue un torneo de excelente calidad, ¿cómo se logra imponer?

 «Cuando te dan la posibilidad de ser grande tienes que aprovechar. Fue una competencia muy fuerte.Fui, como quien dice, para completar el equipo. ¡Qué clase de boxeadores llevaron los estadounidenses! Tanto David Armstrong como el alemán Richard Nowakowski fueron  duros rivales. Entre los  dos me quedo con  Armstrong, fue una victoria difícil.

 «La final fue contra Nowakowski, un boxeador de riposta, muy inteligente y de casi seis pies de estatura. Alcides me dice de estudiarlo en el primer asalto, y ahí me sacó tremenda ventaja, como 20 puntos. Entonces me dejó libre el profe Sagarra y en el segundo round le tiro un jab y por arriba me tiró un derechazo que estuvo a punto de tumbarme; pero no bajo la guardia y le hago una finta con derecha y le tiré la zurda y lo puse fuera de combate».

Luego de Montreal continúan los éxitos a escala, tanto doméstica como internacional. Hábleme del Mundial de Belgrado, Yugoslavia, en 1978.

«Estaba más relajado, tenía más confianza. Ya era el capitán del equipo. En ese torneo le gané a un local, Bratislav Ristic. Obtuve el título mundial. Creo que no tuvo la calidad de Montreal, me fue más fácil imponerme ahí y se dio el resultado, aunque el yugoslavo fue un rival que no me regaló nada».

Ese mismo año 1978, pierde ante Bernard Taylor en el tope contra Estados Unidos.

 «Allí tuve que pelear duro y no me dieron la pelea. El arbitraje fue injusto conmigo. Los topes, pienso, que eran un buen torneo para ganar en experiencia. Soy del criterio que se podía haber continuado con estos encuentros. Respecto a la pelea con Taylor estaba para cualquiera de los dos».

En 1979 vuelve a ceder ante Taylor, en los Panamericanos de San Juan.

«Con mi experiencia sabía cuándo ganaba o perdía en algún torneo. Esa pelea no creo haberla perdido, pero como era un torneo sin tanta importancia no me preocupó mucho».

En el ‘Playa Girón’ del ’80 queda en plata, al ser superado por Adolfo Horta en 57 kilogramos. ¿Este resultado influye en su ascenso a los pesos ligeros?

 «Eso fue en Pinar del Río. Pero no, lo que sucede es que Horta, un excelente boxeador, tenía problemas para hacer el peso en 54. Incluso yo peleaba en 60 kilogramos y le regalaba peso a los rivales, porque nunca hacía el peso. Así dejaron a Horta en 57 y a mí me subieron a los ligeros».

 Un mes antes de la cita olímpica de Moscú, en 1980, pierde en el Ustid Nam Labem de Checoslovaquia ante Viktor Damianenko.

«Fue una injusticia, ah y un mes antes de las olimpiadas. Pero esto no mermó la confianza que tenía de que era posible regresar con el oro olímpico y así fue».

La experiencia de Moscú ’80, ¿disminuyó la calidad la ausencia de los estadounidenses producto del boicot?

«En Moscú tuve cinco peleas. Vencí a un italiano, al mongol y a tres representantes del campo socialista. La ausencia de los estadounidenses, para mí, no tuvo ningún significado. Fue una competencia dura. En la discusión del oro tuve que emplearme a fondo para vencer al soviético Damianenko. El día del pesaje lo mencionan a él y no se pesaba, así que lo empujé para impresionarlo».

 Después vino el Campeonato Mundial de Múnich, en 1982. Se produce la pelea con el famoso norteamericano Pernell Whitaker.

«Ya era un atleta más experimentado. Me preparé para obtener el segundo mundial. A Whitaker no lo conocía, él era izquierdo al igual que yo, pero era un púgil escurridizo. Nuestros estilos no encajaban. En Múnich le propiné un conteo de protección e impuse mi ritmo de pelea».

Entre 1982 y 1984 se enfrenta en dos ocasiones más a Whitaker y sale derrotado.

 «En Reno, Nevada, en 1982, en el tope con los estadounidenses fue la primera derrota, creo que esa no la perdí en realidad, pero los jueces se la dieron. En los Panamericanos de Caracas fue otro abuso porque en realidad él tenía un estilo que no me dejaba boxear pero él tampoco tiraba. En Caracas se me fue la oportunidad de ganar el único título que me faltaba, el de campeón panamericano. Luego se me hizo un púgil muy difícil y vuelvo a perder en el otro tope, creo que influyó la cuestión psicológica».

¿Cuándo decide retirarse Ángel Herrera?

«Como Cuba no asiste a Los Ángeles, en 1984, se realizó en La Habana el Torneo de la Amistad, donde compiten los atletas del campo socialista. Quedé campeón en la Ciudad Deportiva y decidí pasar al retiro, porque estaba muy cansado y quería dedicarme a mi familia».

¿Cómo era la calidad de los torneos nacionales en su etapa de boxeador activo?

«En cualquier división existían buenos boxeadores que eran difíciles de vencer. Un ‘Playa Girón’ era tan fuerte como el mundial. La tercera figura de un peso iba al mundial y traía alguna medalla».

A su juicio, ¿cuál es el mejor boxeador cubano de la etapa revolucionaria?

«Un día nos visitó Eligio Sardiñas, Kid Chocolate, en la finca y dijo que el mejor boxeador que había allí era Adolfo Horta y que los demás éramos negros tirándoles a un saco. En cuanto a mi criterio, me quedo con Teófilo Stevenson, tres veces campeón olímpico y mundial».

Para Ángel Herrera ¿cuál es la razón por la que Cuba ha obtenido tantos éxitos en la arena internacional?

«Ha sido la base, el trabajo con los niños. Las diferentes etapas por las que pasaba el atleta. También, por las captaciones de talentos».

¿Después del deporte activo, qué fue de su vida?

 «Empecé a trabajar en la Eide Mártires de Barbados. Luego, en el 1986, cumplí misión en Bulgaria, allí trabajé con los juveniles y tuve buenos resultados. En los años ‘90, de nuevo, salí para el extranjero y estuve en Perú , en este último país laboré con los escolares. Después regresé y me incorporé a la Eide hasta que por razones de salud tuve que acogerme a la jubilación. En la actualidad les doy charlas a los muchachos del equipo nacional».