Cada 29 de mayo se celebra en Cuba el Día del Trabajador Tabacalero, en homenaje al natalicio del líder obrero Lázaro Peña. En Pinar del Río, desde los campos hasta la industria, hombres y mujeres llevan consigo una tradición que distingue la hoja que se produce en este extremo de la Isla.
MANOS CON EXPERIENCIA
Hace 20 años que Marilys Hernández Santos trabaja como torcedora en la fábrica de tabacos Francisco Donatién. Su formación como técnico Medio en Agronomía la llevó por los caminos del torcido.
“Me fue un poco difícil, porque es un proceso riguroso aprender la técnica de cada vitola, su ligada, su medida, su norma”.
Sin levantar la vista de la mesa de trabajo, Marilys habla de su rutina diaria, que comienza a las siete de la mañana y muchas veces termina a las seis de la tarde.
“Lo más complejo es el pasado de la capa, tiene que quedar bien estirada, con buena calidad. A veces la humedad atenta contra ese proceso”.
Con gran destreza tuerce el habano: “Las manos son el todo de un torcedor. Tenemos que evitar cualquier cortada o cualquier lesión que nos dificulte el trabajo”.

Desde los 18 años Francis Yusmileidys Díaz Díaz es torcedora. Hoy, a sus 35, agradece lo que los de más experiencia le inculcaron cuando inició.
“Este trabajo lleva mucho sacrificio, pero siempre hay que esforzarse. En mi casa somos bastantes y tengo dos hijos. Ahora tenemos un mayor estímulo que nos ayuda en la vida diaria, sobre todo, en las actuales condiciones económicas. Pero una se acostumbra al rigor y cuando te gusta todo es mejor”.
El pasado año a Iraisy González Fonticiella le otorgaron la categoría de Maestra de Calidad. Su labor como torcedora destaca por la excelente terminación de sus tabacos. Ella, al igual que Marilys y Francis han dedicado varias décadas a la industria del torcido. En sus manos, como en las del resto de los que dan forma a los habanos, va una buena parte de la economía cubana.
VISTA HACE FE
No todo en la fábrica es el salón donde se confeccionan los vegueros. Cada departamento tiene una misión imprescindible para que los puros pinareños lleven un sello distintivo en Cuba y en el mundo.
Jorge Luis Montanet, escogedor por colores de tabaco torcido para la exportación, labora en la fábrica desde 1998.
“Después de que el tabaquero hace el habano, pasa por el control de la calidad, y al departamento de terminado. Ahí pasa alrededor de una semana en el escaparate con temperatura y humedad regulada, luego va a las mesas en las que trabajamos. En la caja deben ir todos del mismo color, luego se anilla y se envasa”.
Jorge, formado como ingeniero forestal, llegó a la factoría con la idea de hacerse torcedor. Le preguntaron si tenía buena vista y pasó el curso de escogedor.
“No me fue difícil, creo que me iba a resultar más complicado ser tabaquero. Al año de graduarme pude capacitar a otros. Nosotros somos la cara; la calidad es importante, y de hecho la tiene, pero la presencia es vital también para vender”.
Alberto Pita Chacón es analista del proceso tecnológico en la fábrica. Su estirpe sanjuanera vinculada desde pequeño a los campos de tabaco le hicieron más fácil el camino en la industria del torcido.

“Me gradué de ingeniero mecánico en la antigua Unión Soviética, pero estar siempre cerca del sector agropecuario desde niño, y después, cuando trabajé en esa esfera en el Partido, me ayudaron a trabajar en el sector.
“Soy de los que piensa que no hay mejor forma de curar el tabaco que la natural. Ya en la industria el proceso es más simple. Los defectos de la hoja se aprecian mejor.
“La fábrica no se detuvo ni en plena pandemia, a partir de la conciencia que tienen los tabacaleros de lo importante de ingresar divisas al país. Con la Revolución Energética se decidió, muy sabiamente, que tuviera su autonomía con la instalación de paneles solares que garantizan el proceso productivo.
“Las tierras de Pinar del Río son insustituibles. Existe una fuerte competencia a nivel internacional, a pesar de la campaña que también se hace contra el tabaco. Pero hay una realidad: tenemos el suelo, el clima y la experiencia de los que trabajan la tierra, por eso se sigue produciendo tabaco de calidad”.
