Cuando se cumplen 64 años de la creación de la UJC y 65 de la OPJM, jóvenes vueltabajeros reconocen cuáles son los retos de las nuevas generaciones en el contexto actual
¿Qué desafíos asumen hoy la Unión de Jóvenes Comunistas y las nuevas generaciones en la construcción continua del proceso revolucionario cubano en medio de un complejísimo escenario internacional hacia nuestra Patria? ¿Cómo mantener vivo el espíritu de una organización que surgió con la Revolución naciente?
Esas y otras son inquietudes que asaltan a los jóvenes, esos que quieren un futuro en Cuba, un futuro en el que puedan crecerse profesionalmente, en el que vean materializados sus sueños y aspiraciones.
En busca de respuestas sobre los caminos de la organización, ahora que la UJC arriba a sus 64 años, Guerrillero dialogó con varios jóvenes.

Para el estudiante de Medicina Guillermo Alejandro Herrera Horta es importante no desconocer que hoy la juventud está descontenta por la situación económica existente, provocada, fundamentalmente, por el recrudecimiento del bloqueo.
Insiste en que no se puede obviar el impacto de la migración, no solo para la economía del país, sino para la propia UJC que debe fomentar el sentido de pertenencia, en un tiempo en el que las redes sociales se convierten en un espacio contradictoriamente de desinformación.
“Pero siempre hay jóvenes que no se confunden, decididos, con valores bien sólidos y firmes, que combaten día a día, que realizan disímiles actividades a las que convoca la organización juvenil, para aportar de forma creativa y dinamizadora a una mejora de la situación que vivimos, aportando un granito de arena desde el corazón”, expresó.
A su juicio, es esencial la participación política, “por lo que la UJC debe encontrar maneras efectivas de involucrar a los jóvenes en el proceso político y en la toma de decisiones de una forma más atractiva. En un mundo globalizado, los jóvenes cubanos enfrentan el desafío de mantener su identidad cultural mientras se ven influenciados por tendencias externas, y ese es otro frente que hay que combatir. La UJC tiene la tarea de promover valores y tradiciones cubanas que tengan contacto con la juventud contemporánea”.
Asegura que la adaptación a las nuevas realidades es otro desafío en el cual la UJC necesita trabajar para adaptarse a los cambios sociales y económicos, promoviendo iniciativas que respondan a las necesidades actuales de los jóvenes como el emprendimiento, la innovación y el uso de tecnología.

Similar criterio sostiene el joven capitán Iraldo Dávila de Armas, jefe de Grupo de Criptografía del Órgano de Informática Comunicaciones y Cifras del Minint, en Pinar del Río. Asevera que la juventud siempre tendrá desafíos, aunque estos son tiempos muy difíciles, antes también lo fueron y la juventud supo tomar el protagonismo y salir victoriosa.
“Hoy lo principal es saber lo que queremos, entender que la convicción y valores como la dignidad, el patriotismo y la vergüenza siguen estando presentes, y que bajar la guardia porque otros lo hagan, no es el camino a seguir, porque un joven
revolucionario desde su trinchera puede mover una montaña y hacer la diferencia”, asintió.
“El principal desafío es creer en lo que hacemos y el porqué lo hacemos, arrastrando a los demás a esta causa justa. El compromiso que sentimos es profundo, porque si algo aprendimos de Fidel y de la Generación del Centenario es que vale la pena luchar por lo que creemos justo, que las ideas valen más que las armas, y que la libertad y la soberanía no son negociables”.
Recuerda este joven oficial que Fidel siempre confió en la juventud, “y esa es una responsabilidad que tenemos todos los jóvenes revolucionarios en la actualidad: seguir fieles al legado del Comandante y nunca claudicar cuando se trate de la defensa de nuestra Patria”.
CONSTRUIR EL FUTURO

Desde las filas del Minint habla, igualmente, Nodaisy Rodríguez Echevarría, de Inteligencia Criminal. Para ella la Revolución se mantiene joven por la vigencia de sus ideales. “El paso del tiempo no las desgasta mientras existan jóvenes que hagan suyos los principios fundacionales y los encarnen con la pasión, el compromiso y la rebeldía que definen a la juventud como fuerza transformadora. Cada generación de jóvenes que abraza la causa imprime su sello, su sensibilidad y su lenguaje, pero conserva el núcleo de justicia, libertad o soberanía que le dio origen.
“Mientras existan jóvenes que sientan como propias las banderas de justicia, emancipación y solidaridad, y las traduzcan en acción transformadora, la Revolución Cubana se mantendrá no como recuerdo, sino como una fuerza en constante cambio. Esa es su eterna juventud: no el paso del tiempo, sino su trascendencia a través del compromiso inagotable de quienes eligen hacer historia”.

Desde la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca, la licenciada Nathaly Martínez Hernández, afirma que la Revolución Cubana no es solo un hecho del pasado, es una obra abierta, en construcción constante, y los jóvenes son su relevo natural y su fuerza transformadora.
“Fidel nos enseñó que la juventud tiene la capacidad de asumir las tareas más difíciles porque trae idealismo, valentía y una disposición al sacrificio que no se negocia. Aquí los jóvenes hemos estado en cada momento decisivo: en el Moncada, en la lucha clandestina, en la Campaña de Alfabetización, en las misiones internacionalistas, y hoy, en la batalla por la soberanía tecnológica, en la producción de alimentos, en la ciencia y en la defensa del país.
“No es un discurso: es una práctica. La Revolución sigue siendo joven porque confía en nosotros, nos da responsabilidades reales y, sobre todo, porque nosotros nos sentimos parte de esta historia que sigue escribiéndose. Y con eso el compromiso de la juventud tendrá que ser mayor”, admite la joven.
Los desafíos de estos tiempos son enormes y no se esconden. La UJC tiene el reto de estar a la altura de un contexto marcado por el recrudecimiento del bloqueo, la guerra económico-comercial y por las complejidades internas que genera cualquier proceso de transformación económica y social. Así lo manifiesta la muchacha, para quien es esencial que la organización garantice que ningún joven quede sin espacio de participación, sin referentes claros, sin la oportunidad de sentirse útil.
“Entre los principales desafíos, considero importante destacar la formación ideológica, pero no una formación de escritorio, sino la que nos permita debatir con argumentos, desmontar las campañas mediáticas y defender nuestras verdades con pensamiento crítico y sin dogmatismos; la presencia en el entorno digital, porque ahora la batalla cultural se libra ahí; la capacidad de conectar con los jóvenes que no militan; la atención a los problemas concretos: la vivienda, el empleo, la formación profesional, el acceso a la cultura y al entretenimiento. La juventud no es solo futuro, es presente, y necesita respuestas hoy”, resume.
Para Nathaly ser parte de la Generación del Centenario de Fidel es un honor y una exigencia: “Nos toca ser la generación que demuestra que el líder de la Revolución no fue una excepción irrepetible, sino una semilla que sigue dando frutos. Somos los jóvenes quienes tenemos la responsabilidad de defender la unidad como escudo frente a cualquier intento de fractura, pero también de protagonizar las transformaciones que el país necesita, desde el trabajo en el barrio hasta los polos productivos, desde la investigación científica hasta el emprendimiento con valores socialistas.
“Nos toca, sobre todo, asumir con madurez que esta es una Revolución que se hace con todos y para el bien de todos, y que el futuro no nos espera sentados: lo construimos con las manos, con el estudio, con el trabajo y con la solidaridad”.
