Las alarmas sanitarias se han disparado nuevamente en esta occidental provincia de Pinar del Río tras el anuncio de que existe, desde hace varios meses y, sobre todo, en las últimas semanas, un “incremento inusual de casos sospechosos y confirmados de hepatitis A”, según informara, hace apenas unos días, al canal territorial la doctora Belkys González Robaina, responsable de la atención a las Enfermedades de Transmisión Digestiva en Pinar del Río.
La noticia llega en un contexto nada favorable desde el punto de vista higiénico sanitario de la ciudad y los municipios, donde pululan en calles, avenidas y repartos, cerca de escuelas, frente a círculos infantiles y en medio de poblados, basureros y microvertederos, identificados o no, y que en medio de la actual crisis electroenergética no hemos sido capaces de erradicar mediante la disciplina, las alternativas y los esfuerzos comunitarios y locales.
A ello se le suman las problemáticas asociadas con el abasto de agua potable, uno de los asuntos que más quejas e inconformidades genera entre la población pinareña, pues la rotura de equipos de altísimos costos, más los prolongados cortes eléctricos hacen que sea un verdadero martirio conseguir el agua que se consume en un hogar. Ello sin contar los precios de otra galaxia que cobran los piperos, en tanto parece que solo la población necesitada ve eso y los paga.
En medio de este contexto, además de días lluviosos, proliferan como es lógico si están las condiciones creadas para ello, las enfermedades de transmisión digestivas, específicamente ahora la hepatitis A.
El llamado primero es al autocuidado, a adoptar las medidas higiénico sanitarias pertinentes como el lavado de manos siempre tras ir al baño y antes de la ingestión de alimentos; hervir el agua de tomar, proporcionarle hipoclorito o consumir aquella que ha sido tratada con ozonoterapia; lavar adecuadamente los alimentos, velar por su correcta cocción y evitar el consumo de carnes crudas o mal elaboradas.
Resaltaba la doctora González Robaina que en el caso de la hepatitis, aunque la principal vía de transmisión es la oral-fecal, también se recomienda aislar dentro del hogar a la persona enferma, de igual modo, separar sus utensilios como vasos y cubiertos.
Las diarreas, fiebre, dolores musculares, vómitos, coloración amarilla (en la piel y los ojos), las orinas oscuras y las heces fecales claras pueden ser síntomas y signos de la enfermedad, de ahí que ante su aparición se indica en primera instancia acudir al médico y hacer reposo.
No obstante, el llamado es también a hacer desde la colectividad. A trabajar en aquellas cuestiones que pueden complejizar el panorama y crear un escenario idóneo no solo para la hepatitis, sino para otros virus que se transmiten mediante vectores como cucarachas, mosquitos y ratones.
Desde la institucionalidad queda mucho por hacer en este sentido, porque quedarnos impasibles ante la crisis de combustible solo empeorará la situación higiénica según pasan los días y se acerca el verano.
Habrá que poner muchas manos y empeños para garantizar niveles de salud y salubridad adecuados, apelar al ingenio colectivo, a la forma más tradicional de recoger los desechos, pues la falta de medicamentos e insumos en los centros asistenciales también daña el contexto.
La prevención desde el hogar se convierte ahora en un acto de responsabilidad, mientras que el accionar desde la colectividad para lograr un saneamiento básico y entregas de agua segura que ayude a minimizar el riesgo, es esencial en estos momentos.
Cuando las crisis proliferan, unos de los indicadores que más rápido lo percibe son los índices de salud. Siempre que se trate de una enfermedad prevenible tendremos la oportunidad de actuar. Es responsabilidad de la ciudadanía y de sus actores estatales y no estatales proceder en correspondencia con ello.
