La atención a la materna grave es una de las prioridades del Programa de Atención Materno Infantil, que muestra resultados satisfactorios en Pinar del Río. Este es un caso que estremece
| Pinar del Río cerró el año 2025 con la más baja tasa de mortalidad infantil de Cuba, 4,7 por cada mil nacidos vivos. La provincia no registró muertes maternas directas, o sea, por causas obstétricas, en tanto el servicio de Neonatología logró el 99 por ciento de supervivencia |
La guardia del día 15 de marzo en el “Abel Santamaría” parecía ser tranquila, hasta que convocaron al equipo de intensivistas para evaluar a una gestante que permanecía en la sala de Ginecobstetricia con convulsiones.
Lisandra González Hernández, jefa de Servicios Médicos Obstétricos en esta institución de Salud, aclara que la paciente había ingresado desde el 12 con antecedentes de hipertensión gestacional y con el diagnóstico de una preeclampsia.
“Cuando nos llaman con carácter urgente de la sala el día 15, activamos de manera inmediata la comisión de atención a la materna grave, desde ese instante la tratamos en conjunto”, refirió.
Los ginecólogos tenían el control de la situación. La paciente dejó de convulsionar y fue medicada ante las cifras elevadas de la tensión arterial, así lo relata ahora la joven doctora Amanda de la Caridad Arencibia Piloto, especialista de Primer Grado en Medicina Intensiva y Emergencia de adultos.

Mailín Castañeda Hernández, la gestante, fue trasladada a los servicios de cuidados intensivos, donde continuó con manejos, siempre multidisciplinarios, acota la doctora, quien hace énfasis en el gran equipo que se activa en función de una materna grave.
“Empezamos a discutir la paciente como un caso de preeclampsia severa, agravado por eclampsia y síndrome de HELLP, dos de las complicaciones más temidas de esta enfermedad, pues se afectan varios órganos simultáneamente, lo que implica un altísimo riesgo vital. Por ello, se impone la interrupción del embarazo”, explica Amanda.
El embarazo de Mailín apenas llegaba a las 33 semanas, de ahí la complejidad de la decisión de terminar o no la gestación. “Por consenso, se hizo una cesárea transperitoneal, que transcurrió sin inconvenientes, siempre previendo todo lo que pudiera pasar en el transoperatorio y anticipándonos a ello.
“La paciente salió hacia la sala sin dificultades y así permaneció aproximadamente las primeras 12 horas”, cuenta la doctora, ya en la tranquilidad de un cubículo del Bloque Materno, mientras la paciente permanece en otro, preparándose para amamantar a Abisaday, la pequeña, todavía en Neonatología.
LAS TENSIONES DE LAS HORAS Y DÍAS SIGUIENTES
Transcurridas las 12 horas que sucedieron a la operación, Mailín hizo una de las complicaciones que los médicos esperaban podría hacer. Se trató de un hemoperitoneo, por lo que hubo que reintervenirla y hacerle histerectomía subtotal.
Explica la doctora que tenía alrededor de 1 000 mililitros de sangre en cavidad y que la paciente entró al salón antes de presentar signos de shock. “Se pudo compensar y se hizo una cirugía de control de daño que incluyó empaquetamiento con compresas para contener la hemorragia. Fue para la sala en una situación un poco más delicada para tener después una segunda intervención, que sería la de retirar ese empaquetamiento por el sangrado que presentó”.
Tras una evolución favorable, el día 18 regresó al salón, se le extrajeron las compresas que se habían dejado inicialmente para retener el sangrado y se hizo el cierre total de la cavidad. Dejó de ser reportada como grave y se trasladó a los servicios perinatales.
EN EQUIPO Y SIN HORARIOS
La eclampsia es una de las complicaciones más frecuentes y temidas de la preeclampsia. Significa que ya hay una toma del sistema neurológico, que incluso puede tener implicaciones irreversibles para la vida de la paciente, como recluirla a una cama, a un estado de coma, si no se trata de forma adecuada.
Recuerda la doctora Arencibia Piloto que el día que fueron convocados, era fin de semana. De inmediato todos los intensivistas del servicio de la UCI 3, ginecólogos, hematólogos, anestesiólogos, cirujanos y otros se trasladaron de inmediato al hospital. No hay horarios ni días para quienes velan por la salud de las maternas.
Tras ellos, un equipo administrativo garantizaba todos los insumos que fuesen necesarios. “Fue una discusión de caso larga”, refiere Amanda.
“Comenzamos a las 2:30 p.m. a discutir el caso, pese a que la paciente ya había llegado desde antes a la sala y estuvimos aquí hasta pasadas las nueve de la noche, cuando terminó la operación y logramos estabilizarla. Regresamos el domingo, hubo días de irnos y al rato regresar, incluso, de noche. No es labor de un día”, asiente la joven.
Pinar del Río muestra resultados muy positivos en la atención a la materna grave. Ello es resultado de un trabajo sostenido y en equipo, cuyos integrantes se superan, se actualizan en los protocolos de actuación, se mantienen al tanto de las indicaciones ministeriales.
“Ninguna decisión es unipersonal, se colegia y no todo es color de rosa, porque no siempre pensamos igual; llegan puntos tensos con divergencia de opiniones y al final sabemos cómo confrontarlas, cómo ponernos de acuerdo, cómo buscar la mejor solución para la paciente.
“Estudiamos en conjunto, aunque no estemos todos en la sala, tenemos los grupos de WhatsApp activos, nos empezamos a mover por el hospital buscando conexión, para enviarnos algún artículo, para consultar un caso a distancia, porque no coincidimos todo el tiempo”, expresa la doctora.
“Para la materna grave, por lo general, los recursos están asegurados, reconoce la joven, y el equipo administrativo se encarga de buscar lo que pidamos; se localizan donde estén, inclusive, se han traído desde otras provincias”.
SER AGRADECIDA
El 15 de marzo, Mailín Castañeda Hernández, psicóloga de profesión y madre de una niña de nueve años, tuvo, con 33 semanas de embarazo, a su segunda hija.
Abisaday nació bajo peso, y en los cuidados neonatales evolucionó de manera satisfactoria. Al ser un pretérmino extremo, deberá alcanzar los 3 000 gramos para estar con su mamá a tiempo completo.
Mientras tanto, Mailín se encarga de pasar horas en Neonatología dando el pecho a su hija. Ambas agradecen la vida, porque quizás nunca estuvo más cerca de la muerte que cuando entró a ese salón de operaciones con varias complicaciones.
“Quiero dar gracias a Dios, gracias Jehová, por tener esta oportunidad, porque le dio la capacidad y la inteligencia a los médicos. Sin ellos hoy no estaríamos aquí. Quiero agradecer a este hospital, y no tengo palabras para ello, por todo lo que han hecho por nosotras y lo que continúan haciendo. Porque en cada lugar, en cada sala, ahí ha estado la mano médica, la atención y su protección”.
Menciona también a los amigos, a sus compañeros de trabajo del policlínico Turcios Lima, a sus familiares, a los hermanos de religión, a muchísimas personas de distintas instituciones de Salud que han estado pendientes de ella y de su bebé.
“En el único momento de lucidez que tuve en medio de la gravedad, abrí los ojos y vi alrededor de mi cama a muchísimas personas. Muchas cosas no las sé, estaba inconsciente, pero la atención recibida no la voy a olvidar nunca. Estuvieron siempre a mi lado”.
