Aldo Hernández Prieto fue uno de los delegados al Tercer Congreso del Partido, en representación de los trabajadores del sector de la Pesca
A sus 81 años, que cumple por estos días, Aldo Hernández Prieto asegura sentirse de 15, quizás por ese espíritu joven e inquieto que lo acompaña desde que, siendo apenas un muchacho veinteañero, llegó a la brigada constructora de la pesca en La Coloma.
Después pasó a la actividad de Comunicaciones, cuando todavía eran pocos los equipos para mantenerse en contacto con los cientos de hombres que salían a mar abierto por este extremo sur de Cuba.
Aún habla de la estación de radio que usaba para localizarlos, de cuánto aprendió en esa etapa que ha sido, en definitiva, su vida.
En 1977 se fue a cursar la Escuela Nacional de Dirección de la Pesca en Santa Fe, en La Habana, y al término fue promovido como cuadro profesional del Partido Comunista de Cuba. Pero Aldo nunca dejó La Coloma, y fue su secretario hasta 1986.
“Fue una etapa linda, en la que se trabajó mucho. El apoyo del Partido era vital. Recuerdo que se hacían jornadas masivas de pesca y los secretarios venían a despedir a los pescadores que salían sobre las cuatro de la madrugada. Era lindo aquello, ver el puerto lleno de barcos”, cuenta este señor de estatura pequeña e ideas firmes.
LA DÉCADA DEL ‘80
Tres momentos trascendentales guarda Aldo en su memoria, y se apoya en documentos que guarda consigo, minuciosamente preservados: las dos visitas de Raúl a La Coloma y su participación en el Tercer Congreso del Partido.
“Contrario a lo que muchos pudieran pensar, Raúl daba confianza para que uno se expresara. En una de sus visitas me puse nervioso y mientras leía el informe que se había preparado, él me mira, se voltea y le dice a Machado: ‘¿Machadito, este hombre es familia tuya?’, ahí mismo se relajaron las tensiones”, recuerda Aldo.
Raúl se reunió con los pescadores, explica. Siempre estuvo muy preocupado por las cuestiones que los aquejaban. “En diálogo con ellos se habló de la necesidad de superarse, de formar patrones de barcos, maquinistas, porque en esa época ya era un hecho que eran muy pocos los jóvenes que se quedaban a trabajar por acá.
“Entonces se hizo un plan de capacitación, algunos fueron a La Habana, otros se formaron aquí mismo en Pinar. Los pescadores hicieron su compromiso de sobrecumplir el plan de captura de langosta, lo cual fue un hecho”, asegura Aldo.
Se capturaron 1 008 toneladas y se procesaron en la industria 1 044. Los números no salen de su cabeza. Los pescadores dieron su palabra, y era palabra empeñada.
EL HOMBRE MÁS IMPORTANTE DEL MUNDO
Cuando se hicieron las boletas para, por voto directo y secreto, elegir al delegado al Tercer Congreso del Partido, su nombre figuraba en la lista junto al de otros valerosos compañeros. Todos tenían sobrados méritos para asistir al evento, pero fue Aldo.
Él y Gervasio Pérez Hernández, quien era en ese momento patrón del Ferrocemento 179 en Boca de Galafre, representaron a los hombres del mar en la magna cita.
Ya en el Congreso, Aldo hizo lectura del mensaje de sus compañeros de trabajo, se entregó el cheque con el dinero que representaba el sobrecumplimiento de la captura de la langosta y dejó claro que con ellos se podía contar.

“Me sentía el hombre más importante del mundo, era la voz de mi gente y estaba sentado como en la tercera fila, pero podía ver la alegría de Fidel, su rostro satisfecho con el esfuerzo de los pescadores pinareños. Cuando uno hace algo en beneficio de la Revolución siente que nada vale más que ello, y yo he dedicado mi vida a la Revolución”.
En el texto expresaba: “ (…) este propósito por su magnitud, requirió de especial esfuerzo, no solo de los pescadores, sino también del resto de los trabajadores de la industria, de los talleres de mantenimiento y de los servicios administrativos, y demostró, además, que cuando los hombres estamos conscientes de nuestros objetivos (…), guiados por el Partido, no hay tarea, por difícil que sea, que no seamos capaces de cumplir y esto lo decimos con sano orgullo revolucionario. (…) Conduciremos nuestras naves hacia nuevos y victoriosos puertos, guiados por el aguerrido, inolvidable e inmortal Partido Comunista”.
Su estirpe venía desde la cuna. Aldo creció en una familia de 11 hermanos, y cuando Fidel iba a hablar, la madre pedía hacer silencio para escucharlo. Aldo aprendió desde temprano a comprender las palabras del Comandante y hacerlas suyas.
“A Fidel en su centenario hay que llevarlo hasta los jóvenes y, ¿cómo hacerlo?, pues siendo ejemplo, trabajando, enfrentando lo mal hecho en cada lugar en el que se esté: en la producción, en la escuela.
“Y hay que seguir teniendo confianza en la victoria de la Revolución y del socialismo. Es un hecho histórico que cuando un pueblo se decide a luchar por una causa justa vence, y tenemos que ser más cada día los que estemos conscientes de ello”.

