Un farmacéutico para aplaudir

En estos días a veces luctuosos, otros de gloria, de solidaridad, altruismo, reconocimiento y homenaje, todas las esferas de la salud pública se han visto vinculadas, pero se habla siempre de las más visibles: médicos y enfermeras, aunque a todos se les honra, como por ejemplo a los farmacéuticos.

Ellos son como los guardas del almacén, atesoran los productos mágicos que devuelven la vida a quienes ordenan los médicos.

En Pinar del Río seguro habría que aplaudir al farmacéutico de quien el ocho de mayo se cumplen 85 años de su muerte enfrentando la pandemia del imperialismo o más propiamente dicho, la epidemia del machadato.

Antonio Guiteras Holmes no nació en Pinar del Río, pero muy pequeño llegó a la casa situada en la calle Retiro número 254 y posteriormente a la de Maceo 52, entre Ormani Arenado y Rafael Morales –actual Museo- y su última vivienda donde vivieron durante 15 años: creció, estudió, se formó y cuando semejante piloto pudo “solear”, voló a la capital en 1929 para escribir historia, corta y emotiva que cesó en El Morrillo, de Matanzas.

Fue para honra de Pinar del Río, uno de los primeros profesionales farmacéuticos de Cuba. Por eso el 22 de noviembre –fecha de su nacimiento- se le dedica el Día del Farmacéutico.

Guiteras fue un líder revolucionario cubano que se destacó durante la Revolución de 1933. Su pensamiento nacional liberador y antiimperialista se encuentra bien expuesto en los documentos que escribió, y quedó evidenciado en su corta pero intensa vida de joven revolucionario.

Y como comentara Carlos Callava, notable farmacéutico de nuestros tiempos, “Quizás los farmacéuticos de hoy, sin una idea clara de su historia, de una manera anónima, le están rindiendo honores al líder antiimperialista, pero no conocen a fondo, que en esta COVID-19 se merecen el aplauso como ellos, suministros de los valiosos medicamentos al sistema de hospitales, policlínicos, consultorios y farmacias.

Necesariamente en Cuba se concatenan la medicina, la política y la ciencia, porque ayer y hoy el denominador común es salvar la vida de la sociedad.