El altruismo cobra vida

El ser humano nunca deja de sorprender. A simple vista quizás como especie pudiera parecer egoísta, pero ante un peligro inminente o necesidad de ayuda, siempre existen miles de manos amigas dispuestas a auxiliar.

Compartir con otros lo que tenemos, siempre es digno de reconocimiento y aplausos, máxime cuando la causa que suscita tal comportamiento va más allá de nuestra humanidad, para convertirse entonces en altruismo.

En estos tiempos difíciles, de enfermedades y restricciones sociales, muchos han sido los que de forma voluntaria han alzado sus voces y brindado sus manos para ayudar.

Para ellos la soledad no es una opción, pues desesperanzas, dolor o la propia enfermedad cuando se comparten y se combaten con amor y generosidad son más llevaderas.

Así actúa y se comporta Lázaro Rivera Blanco, quien es un antiguo productor de leche de alto rango en la cooperativa “Pedro Quintana”, residente en el Consejo Popular de Herradura, Pinar del Río.

EL HOMBRE…

Lázaro Rivera Blanco

De expresión serena, noble por naturaleza y con un amplio sentido de la responsabilidad y la humildad, este hombre nunca cesa sus labores. Es imposible verlo sentado; y aunque en ocasiones hace un alto a su trabajo para disfrutar de un buen café, su mente siempre piensa en cómo mejorar rendimientos, elevar la productividad y cómo ayudar a su comunidad.

Lázaro es hoy el responsable, entre otras cosas, de toda la leche que consumen los niños que se encuentran en la Unidad Docente de la Empresa Pecuaria Genética Camilo Cienfuegos – actual centro de aislamiento para los menores – ubicada en su misma zona.

Él confiesa que solo bastó una llamada de las autoridades de la localidad, para solidarizarse con los niños.

“Me llamaron para que apoyara con mi camión en las labores de avituallamiento, el traslado de equipos de frío, las literas, camas y demás cosas que hacían falta para el lugar”.

“Yo sabía lo que estaba pasando y tenía conocimiento que se iban a albergar personas con posible sospecha de contagio en ese lugar, pero no fue hasta ese momento durante el trasiego que me percaté de las posibles necesidades de esos niños”.

“Ahí fue cuando me surgió la idea y así les hice saber a las autoridades. De ahora en adelante toda la leche que necesiten esos niños va por mí”, comentó.

No obstante, hoy Lázaro no solo apoya al centro con este lácteo, sino que ya también entrega viandas de diversos tipos y animales de su cría para complementar el plato fuerte que tanto necesitan los infantes para su crecimiento.

“Darse la mano y ser solidario es una condición humana que debería primar en todos. Yo me siento sumamente motivado al hacer esto, pues ver la sonrisa y sentir el agradecimiento en los rostros de ellos es una recompensa infinita”.

“Saber que yo estoy contribuyendo al desarrollo y a la posible recuperación de estos niños, es un sentimiento que no tiene comparación con nada en el mundo”.

Lázaro actualmente cuenta con cerca de 100 vacas en ordeño y promedia entre 400 y 500 litros de leche, los cuales deposita en un punto de frío ubicado en su misma vivienda.

Debido a este compromiso, la rutina de este hombre comienza diariamente sobre las dos de la madrugada, hora en que comienza a desandar los campos para contabilizar y revisar producciones.

Lázaro Rivera Blanco

Jornada que continúa ininterrumpidamente hasta el traslado de la leche directamente desde los campos a su casa, y de forma inmediata hacia el centro de aislamiento. Todo supervisado y ejecutado de forma personal con la ayuda de algunos de sus hombres.

Seguramente, nos gustaría creer, la historia de Lázaro es una entre muchas diseminadas a lo largo del país, pero no por eso debe dejar de ser contada, pues su ejemplo puede servir de inspiración a que otros también sean útiles en estos momentos de epidemia.