Sí, lo sé. Salir a la calle hoy día es un verdadero desafío. Basta solo con cerrar la puerta de la casa y enrumbar los pasos hacia cualquier dirección para que el día se ponga serio.
No hablo solo de los violentos cortes eléctricos, de la situación a nivel nacional para con el expendio de carburantes, sino también de las vicisitudes para apertrechar la despensa hogareña con granos, viandas, hortalizas y carnes.
A ello súmense ahora, y usted seguramente lo vivirá en carne propia, lo relativo a la transportación inter o intramunicipal, y el abasto de agua.
Vamos por puntos. De lo primero ya hemos hablado hasta hacer sangrar lenguas y dedos… mas no por eso dejaremos de denunciarlo. Y es que cada día que despertamos, el precio de los productos amanece alterado.
Sí, por alterado me refiero ha subido, elevado, disparado, aumentado, inflado, o cuantos adjetivos más usted quiera ponerle… con toda su razón.
Y dirá con cierta duda –y también se responderá a modo de retórica– “y quién le pone el cascabel al gato”, “ya eso no tiene remedio”, o “imagínate, qué le vamos a hacer”.
Pero, muy en el fondo, recuerda a la vez para sí mismo, una pregunta tan complicada como espinosa: ¿Y los precios no estaban topados? Pues la respuesta a tal interrogante es sí… pero no.
Es cierto que desde el Gobierno al menos se hace el esfuerzo de publicar la lista de la relación de precios de compra y venta de casi todos los productos agropecuarios.
Sin embargo… seamos honestos y quitémonos las camisas, tal lista solo queda ahí, colgada en las redes, y no en las tablillas de quioscos, carretillas y puntos de venta privados. Lo triste del asunto es que la palabra “chiste” es la que mejor define este asunto.
Es que los economistas lo advirtieron desde un principio: topar precios por decreto no resolverá el problema, pues bien sabemos usted y yo, que el mercado —y en especial los vendedores— conforman sus propios precios, y ante la ley, buscan y consiguen burlar cualquier intento de orden.
En un escenario sociopolítico tan convulso como el nuestro, cualquier cosita, por simple o pequeña que parezca, altera sobremanera todo el mercado.
Como le decía, ya el tema de los precios de los productos agropecuarios pasa de castaño oscuro y es cosa seria, pero sin solución aparente.
Ahora bien, el otro punto del que hablábamos líneas arriba: el transporte y el agua.
Como entes racionales, podemos entender que el combustible está caro, que la corriente esté escasa, pero de ahí a comprender que un pipa de agua pueda costar hoy día más de 16 000 pesos, y que un triciclo eléctrico cobre tarifas altamente excesivas y punitivas, no. Contra eso debemos combatir, y serio.
Y si usted es de los que justifican, pregúntese ¿en qué momento se comenzó a vender el agua del Estado, o se incrementó la tarifa eléctrica residencial para que tales disparates cobraran forma?
Luchar y resistir cada día el tema del tope de precios ya en sí es sumamente difícil, como para que también usted, yo, nosotros… permitamos este nuevo mal en ciernes.
La demanda creciente de un producto o bien, e incluso, las condiciones que propicien o condicionen su especulación, nunca, bajo ningún concepto pueden ser mayores que la sistematicidad de nuestro cuerpo de inspectores, de los actores gubernamentales correspondientes o de las fuerzas del orden. Mucho menos de nuestra capacidad para combatirlas.
De sucumbir las segundas –como actualmente sucede– frente a las primeras, tales entramados continuarán desfondando los bolsillos y desojando las billeteras.
Lo cierto es que estas “nuevas realidades” solo pueden mantenerse si usted y yo alimentamos al conformismo, y no pecamos de inconformes, o conflictivos si se quiere.
Mientras de forma individual exista algún inspector que sea presa del soborno, quien pague lo que sea, o persistan aquellos que prefieren botar el producto antes que bajarle el precio, pues estaremos jodidos.
Sí, esta última es una palabra fuerte, pero la realidad actual la amerita, ya que de cierta forma, todos continuamos saliendo a la calle haciendo vista ciega frente a dichos desmanes.
¿Solución? Solo si usted y yo denunciamos, participamos activamente con el civismo necesario, y rompemos con el mencionado ciclo vicioso del “qué le vamos a hacer”. A tiempo estamos de poner coto y atajar lo que promete escalar. Hoy debemos actuar, pues mañana… mañana será demasiado tarde.
