Quiere el príncipe enano
que a luchar vuelva:
¡Él para mí es corona,
Almohada, espuela!
José Martí
Desde que era una niña, Isi Herrera Padrón supo que su vida estaría ligada a las artes. En aquella mente infantil, cargada de sueños e imaginación, tal vez no figuraba, aún, la idea de enseñarlo o convertirlo en una forma de expresar amor y alegría.

Los festivales de música y teatro en los que participaba de pequeña le marcaron el camino que sabía suyo. Luego, en la secundaria, comenzó a asistir a talleres de teatro que preparaban para ingresar a la Escuela de Instructores de Arte.
“En noveno grado llegué tarde a las pruebas de captación para la especialidad de Teatro y no pude realizarlas, entonces hice las de Música. Tuve buena puntuación y quedé entre las siete estudiantes seleccionadas.
“Hace 12 años ya que ejerzo esta profesión, siempre llevando en alto el nombre de Fidel, a quien le agradeceré eternamente haber creado la escuela”.
Hoy, a sus 33 años y graduada de Música, se enorgullece de haber creado un espacio en el que niños de diferentes edades crecen desde el amor y la confianza en sí mismos.
Y como un príncipe enano es el nombre del proyecto institucional, que, en el consejo popular Buena Vista en San Luis, agrupa a 45 integrantes de diferentes centros educativos de la comunidad, y que este cuatro de abril, celebra ocho años de fundado.
“PARA UN PRÍNCIPE ENANO SE HACE ESTA FIESTA”
Brindar una manera diferente de ver el mundo fue la principal motivación para que Isi creara el proyecto, el cual incluye a niños (de tres años en adelante) del círculo infantil Los Granjeritos, la escuela primaria Camilo Cienfuegos y la secundaria Eduardo García Delgado.
“Tengo pequeños de la Tarea Victoria, cuyos padres o madres son reclusos; otros que son hijos de emigrantes y también algunos con discapacidades o necesidades especiales.
«Ellos son mi mayor impulso. Decidí crear el proyecto para que en estos hogares, donde existían disímiles problemas o situaciones complejas, los niños y los padres tuvieran una manera de expresarse, de ver la vida desde otros puntos de vista, de desarrollarse y, a la vez, compartir emociones y sentimientos a través del arte.
“La esencia del proyecto está en repartir amor, cariño, y que los niños se den cuenta de lo que son capaces, de lo que se puede lograr cuando se hacen las cosas con el corazón”, comenta.
En su empeño, Isi ha contado con el apoyo de las promotoras culturales Miriela y Taimí, al igual que de las familias de los niños, pero el mayor reto lo lleva en sus hombros, lo que considera una forma de crecer en muchas aristas.
“‘Y como un príncipe enano’ ha tenido un impacto muy positivo en los integrantes y también en los lugares donde nos presentamos, y eso se debe, fundamentalmente, a la ayuda de los familiares, a los directivos de las escuelas y a los diferentes factores de la comunidad”.
Los resultados que ve, tanto en la práctica y en el montaje de las presentaciones, como en cada actividad que realizan, le han marcado, también, su vida personal.
“El proyecto es todo para mí. El simple hecho de ver lo que hacen en cada presentación me llena de felicidad y satisfacción”.
Aunque es graduada de la especialidad de Música, Isi ha podido montar danzas, obras de teatro, poesías, exposiciones de dibujo o maquillaje.
“Monto todo prácticamente sola. Con el vestuario he tenido la ayuda de padres, abuelos, tíos, hermanos. A ellos les agradezco mucho por eso.
“He crecido bastante, no solo en mi carrera, sino como persona. Cada vez que ellos se presentan lloro de alegría, porque sé que todo lo que hacen lo sienten de verdad”.
Entre anécdotas insiste en lo orgullosa que está de sus pequeños y de lo feliz que se siente a pesar de los tropiezos o dificultades que se aparecen de vez en cuando.
“En una ocasión íbamos a presentarnos en Pinar del Río pero el transporte no llegó. Imagínese, 45 niños despiertos desde las cuatro de la mañana. Nos quedamos esperando, junto con los padres y con el equipo de audio incluido.
“Me estresé y comencé a llorar, fue entonces cuando se me acercó una niña y me dijo ‘no importa maestra, otro día será, vamos a hacer la actividad aquí’. Por eso no me he detenido, por ellos, porque cada sonrisa suya es mi alegría”.
Confiesa Isi que hubo un tiempo en que la atrapó la decepción y se sintió un poco desilusionada, “pero ellos me devolvieron el espíritu. Espero llevarlos bien lejos, para que las personas vean que sí pueden, que nunca deben dejar que los sueños mueran o se marchiten, y que ellos necesitan un mundo mejor, y muchas veces está en nuestras manos.
Entre los 45 integrantes del proyecto, están también sus dos hijos, Arlenys y Anthony Jesús. “Mis niños, todos, me dan más ganas de vivir y me impulsan a seguir creciendo como instructora, como ser humano. Aquí seguiré, hasta que me jubile”.

