Siempre joven, siempre valiente, desenfadado, pero incapaz de reconocer el peligro, o quizás sí, y era precisamente eso lo que más lo motivaba. Cada noche salía a desafiarlo. Adrenalina por todo el cuerpo. Hasta un día.
Cuando una moto supera los 150 kilómetros, el viento pica en la cara, apenas da tiempo para reaccionar, para frenar, para tomar una decisión, y en esos fragmentos de segundos se va la vida.
Y se va la vida porque se choca contra el asfalto, contra un árbol, un poste, contra otro vehículo, porque muchos corren a ofrecer la ayuda y no saben cómo hacerlo: te levantan del piso, te cargan en peso en ese afán de ayudar y se destroza la columna, el abdomen.
Entre los meses de enero y julio del presente año han ocurrido en la provincia 181 accidentes de tránsito, con un total de 26 fallecidos, cinco más que en igual periodo de 2024, y las estadísticas no nos dolieran tanto si detrás de ellas no estuvieran los padres que lloran, hijos huérfanos, casas vacías para siempre.
En esas cifras están contenidas las que implican motos y motorinas, no siempre como resultado de una carrera, pero en otras sí es su responsabilidad. A 85 ascienden los accidentes con estos tipos de vehículo, y solo para ilustrar, el saldo ha sido de nueve fallecidos y 67 lesionados.
La accidentalidad en Cuba es desde hace mucho tiempo un problema por diferentes razones. En ella influyen el no respetar el derecho de vía, la pérdida del control de los vehículos, los adelantamientos indebidos, pero también en menor medida la conducción bajo los efectos del alcohol, el pésimo estado de los viales, la indisciplina, el ánimo de violar el tránsito, el “hacerse el bárbaro” y desafiar las más elementales leyes de la Física.
El Vial Colón es testigo de ello. En esta etapa estival. las carreras de motos han sido en la avenida uno de los espectáculos más frecuentes, mejor montados, con afluencia de público, con malabares, con bulla y, sobre todo, con mucho peligro. Pero hay impunidad.
Lo permiten la familia y las autoridades, participan los amigos, las novias, y en ese afán de mostrar que un AX-100 puede correr más que un GN y que los modelos de alto cubitaje son más rollo que película y sirven, además, para estremecer paredes y exhibir muchachas glamurosas como trofeo, se nos escapa la legalidad.
No hay que pasar tanto trabajo para saber que es una práctica de alto riesgo, que necesita ser frenada, y aunque los seguidores aleguen que siempre se han corrido motos, no estarán en desacuerdo que también ello ha cobrado la vida de no pocos jóvenes; otros han quedado con lesiones para siempre, inválidos, con heridas que no sanan, porque más allá de una cicatriz, le han marcado el alma y le han roto los sueños.
No puede ser que no le importe a nadie; que el Vial, la Autopista, la carretera de Troncoso y hasta la mismísima avenida Martí sigan siendo pistas de carreras, a la vista de todos, sin que alguien llame la atención, porque, definitivamente, hasta hoy el enfrentamiento no ha dado resultado.
Y no se trata de ser más imponentes al aplicar la ley, sí, eso también, pero, sobre todo, hay que prevenir. No son nuestros jóvenes tan inmaduros como para no entender, para no comprender, incluso, que llegado al hospital tras la caída, tendrá un médico, pero escasearán los recursos.
Nadie puede quererse tan poco como para arriesgarse una noche tras otra así. Nadie con conciencia del peligro real deja la vida sobre dos ruedas. Y si eso pasara, tampoco nadie con plena responsabilidad lo debía permitir.