En cada rincón de esta isla, en cada sector de la economía, en cada aula, en cada laboratorio, en cada trinchera, está ella. La mujer cubana. Heredera de una historia de lucha que no comenzó en 1959, pero que encontró en aquel enero el impulso definitivo para transformar su realidad y la de toda una nación.
No fue un regalo ni una concesión, fue una conquista. Y la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), fundada el 23 de agosto de 1960 por iniciativa de Vilma Espín, se convirtió en el instrumento organizado de esa voluntad emancipadora. Aquella mujer santiaguera, ingeniera química, clandestina y guerrillera del Segundo Frente Oriental, entendió que la libertad de la patria y la de las mujeres eran una misma batalla.
«La mujer es una Revolución dentro de la Revolución», sentenció Fidel Castro en aquellos años fundacionales y no se equivocó, porque lo que vino después fue una transformación profunda que reconfiguró el lugar de las mujeres en la sociedad cubana.
La campaña de alfabetización abrió las puertas del conocimiento a miles de mujeres que hasta entonces habían sido excluidas. Los círculos infantiles, creados para liberar el tiempo de las madres trabajadoras, fueron una muestra de que la Revolución entendía que la igualdad no era solo un concepto, sino una práctica cotidiana. Las leyes de igualdad salarial, el acceso al empleo, la protección de la maternidad, la participación política, todo ello fue transformando un panorama que hasta entonces había estado marcado por la discriminación y el machismo arraigado.
En los años 80, las mujeres cubanas dieron un paso más: se incorporaron a las Milicias de Tropas Territoriales y al Servicio Militar Voluntario Femenino. Medio millón de mujeres, dispuestas a defender la Patria con las armas en la mano. Hoy, a más de seis décadas de aquella epopeya, la presencia de la mujer cubana es innegable en todos los espacios.
Más del 68% de la fuerza profesional y técnica del país está conformada por mujeres. Cuba es el tercer parlamento más feminizado del mundo. Las mujeres dirigen sectores clave como la educación, la salud pública, la ciencia, la cultura y la defensa. Sin embargo, el camino no ha sido ni es sencillo.
El bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos golpea con dureza la vida de las mujeres cubanas, limitando el acceso a medicamentos, insumos y recursos que afectan la calidad de vida de las familias. La violencia de género, el machismo residual y la sobrecarga de responsabilidades domésticas siguen siendo desafíos que la FMC y la sociedad cubana enfrentan con voluntad política y compromiso.
En este aniversario de la Federación de Mujeres Cubanas, recordamos a Vilma Espín, a Mariana Grajales, a Ana Betancourt, a Celia Sánchez, a Haydée Santamaría, a Melba Hernández. A todas las que abrieron camino. Y reconocemos a las que hoy continúan esa marcha: las científicas que investigan, las maestras que educan, las médicas que salvan vidas en cualquier rincón del mundo, las campesinas que cultivan la tierra, las trabajadoras que mantienen la economía en marcha. Porque, como dijera José Martí, «las campañas de los pueblos solo son débiles cuando en ella no se alista el corazón de la mujer». Y el corazón de la mujer cubana siempre ha estado, está y estará en la defensa de la Patria y en la construcción de un futuro más justo. La revolución de las mujeres cubanas no ha terminado. Sigue avanzando, porque ellas no han dejado de empujar la historia
