En un país donde la religión y la tradición atan el cuerpo de las mujeres, el doctor Alexis Ferrer Carmona, sandinense con más de treinta años de experiencia, enfrenta dilemas que van más allá de la ciencia: salvar vidas sin romper culturas, defender la maternidad donde la autonomía es un lujo lejano
LA ARENA QUE PESABA MÁS QUE EL SILENCIO

Llegaba la voz del doctor Alexis Ferrer Carmona desde el otro lado del teléfono, serena pero cargada de ese peso que solo adquiere quien ha visto nacer demasiadas vidas en condiciones hostiles. Sandinense de Pinar del Río, ginecólogo con más de treinta años de experiencia, cumple su segunda misión internacionalista en Argelia. En Cuba lo esperan su esposa y sus dos hijos. Aquí, en el desierto, lo espera un dilema diario: cómo acompañar a la mujer en su momento más vulnerable cuando la cultura y la religión le niegan la voz.
Argelia es un país musulmán donde el Islam regula los cuerpos. La mayoría de las mujeres se dedican a los quehaceres del hogar. La atención primaria es deficiente. No hay programas para embarazadas primerizas, ni seguimiento adecuado del embarazo, ni control de las enfermedades asociadas. Se hace mal uso de los anticonceptivos. Mujeres añosas quedan embarazadas. Grandes multíparas con más de cinco hijos son frecuentes. Sin programas de genética, los nacimientos con malformaciones se multiplican.
Doctor Ferrer Carmona, ¿qué representa para usted la ginecología?
“ Es el espacio donde se acompaña a la mujer en su tránsito más vulnerable, y hacerlo con respeto, incluso cuando las condiciones sociales y religiosas limitan su voz”.
Había un tono de ternura revolucionaria en sus palabras. No es solo medicina. Es resistencia desde la ciencia cubana, desde el humanismo que la Revolución sembró en generaciones de médicos.
EL DILEMA QUE NO SE RESUELVE CON PROTOCOLOS
En octubre atendió un parto múltiple. Quíntuple. Todos sobrevivieron. Un pacto con la vida en medio de la escasez, pero no siempre la victoria es tan clara. El aborto es ilegal, incluso ante malformaciones o riesgo vital. Eso eleva la morbilidad y la mortalidad neonatal. Y hay otro dilema más profundo: la mujer, aunque mayor de edad, no decide. Debe autorizar el esposo o el padre. La religión y la cultura se convierten en traba constante en la relación médico-paciente.
¿Qué diferencias encuentra respecto a Cuba?
“Aquí los hospitales estatales carecen de recursos. La atención privada existe, pero no está al alcance de todos. Se rigen por la escuela francesa de medicina y en seis años no he visto protocolos claros. Cada caso se enfrenta con lo que hay.
“Los hospitales argelinos no cuentan con todos los recursos necesarios. No hay atención primaria de salud como la que conocemos. Alexis se sostiene con paciencia y diálogo. Cada consulta es un pulso contra el silencio. Cada parto, una batalla ganada a la carencia”.
LA RESISTENCIA QUE NACE EN SANDINO
En medio de ese desierto que parece negarlo todo, Alexis Ferrer Carmona se alza como el emperador de la arena. No gobierna con poder ni con leyes. Gobierna con la certeza de que cada vida defendida es un reino conquistado. Su imperio no es de piedra ni de oro, sino de nacimientos que insisten en abrirse paso a pesar de las limitaciones culturales, de la ausencia de protocolos, de la dependencia que ata a las mujeres.
Uno comprende entonces los dilemas verdaderos: la vida vale todo, pero salvarla en un contexto donde la autonomía femenina es restringida, donde la tradición pesa más que la ciencia, exige no solo conocimientos médicos, sino una ética profunda, una ternura revolucionaria que solo un médico formado en Cuba puede llevar tan lejos.
Allí, donde la arena pesa y el silencio aprieta, Alexis demuestra que la medicina internacionalista cubana sigue siendo sinónimo de resistencia, de justicia y de esperanza. Cada niño que nace bajo sus manos es una victoria silenciosa. Cada mujer acompañada, un acto de dignidad en un mundo que aún les niega muchas voces.
Por Tairis Montano Ajete
