El proyecto Mi Costa en Pinar del Río es una muestra de que la restauración ecológica no es discurso, sino práctica cotidiana. En lo que va de año han llevado a cabo disímiles acciones que ratifican esa voluntad.
En la comunidad costera de La Coloma, el proyecto mostró, en el primer semestre de 2026, avances concretos en la recuperación del humedal y en la preparación de la población ante los efectos del cambio climático, combinando ciencia, participación social y soluciones basadas en la naturaleza.
UN HUMEDAL QUE VUELVE A RESPIRAR

El periodo dejó acciones de impacto directo en el ecosistema. La Empresa Agroforestal Pinar del Río, el Servicio Estatal Forestal y la coordinación provincial del proyecto sostuvieron un encuentro con los pobladores para apoyar la ejecución de un proyecto destinado a la reconstrucción del bosque de ciénaga.
Este proceso no solo recupera la funcionalidad del humedal —clave para la biodiversidad y la protección costera—, sino que genera empleos verdes y fortalece el tejido social de la comunidad, que se convierte en protagonista de su propia adaptación climática.
En cooperación con el parque Cayos de San Felipe, se plantaron 536 plántulas de 13 especies nativas, entre ellas, tres endémicas de Cuba: Copernicia glabrescens, Tabebuia lepidophylla y Colpothrinax wrightii, esta última categorizada en peligro. La plantación, establecida en un área de 0,5 hectáreas, conocida como La Trocha, contó con la participación activa de estudiantes y actores locales, reforzando la educación ambiental y el sentido de pertenencia.
Además, comenzaron las evaluaciones en parcelas permanentes para medir la respuesta de la vegetación tras la rehabilitación de las alcantarillas que restablecieron el flujo hidrológico hacia el bosque de ciénaga, una acción clave para su recuperación.
INFORMACIÓN CLIMÁTICA PARA DECIDIR MEJOR
También avanzan en la creación de capacidades locales. Un encuentro entre el Centro Meteorológico Provincial y actores claves de La Coloma permitió co-diseñar productos climáticos adaptados a las necesidades reales de pescadores, productores y familias. Esta herramienta permitirá anticipar riesgos, planificar actividades y reducir vulnerabilidades en un territorio altamente expuesto a eventos extremos.
En paralelo, el programa de capacitación de formadores entrenó a 2 049 personas en el primer semestre, una cifra afectada por la situación económica y la escasez de combustible, pero que se prevé aumente en la segunda mitad del año.
El proyecto Mi Costa demuestra que la adaptación climática no es un concepto abstracto: se siembra, se organiza, se aprende, se celebra.
El trabajo de su equipo evidencia que la restauración ecológica y la participación comunitaria pueden transformar un territorio vulnerable en un espacio más resiliente y consciente de su riqueza natural.


