Julia: La cara de un número

Al principio ella era solo un nombre por el cual sentía empatía, sembró ilusión y amor en el corazón de un amigo; después fue una persona encantadora, locuaz, convincente, sensible…

Dicen que el periodismo pierde objetividad cuando se involucran emociones personales, o la gana, digo yo; porque las estadísticas abrumadoras sobre personal sanitario contagiado de la Covid-19 en España, para mí tienen rostro, y es el de Julia. No es de apellido Capuleto ni ha quedado inmortalizada en ninguna obra para la posteridad, aunque merece el título de heroína y a diferencia de la joven de Verona, no la espanta la muerte del amado, sino que espanta la muerte y por amor le hace camino a la vida.    

Julia Iglesias López, es una mujer de 50 años que reside en Berango, pequeño pueblo del País Vasco, comunidad autónoma de España, cuenta con 21 años de experiencia profesional de la enfermería, la cual ejerce actualmente en el Hospital Universitario Basurto (HUB). Comenzó su carrera en el sector privado y luego se trasladó al público, sus razones: “Creo firmemente que la salud no debe ser un negocio, así como la educación, los dos pilares fuertes de una sociedad.”

Asegura que el coronavirus ha representado para los trabajadores del sector en España, un reto muy complejo: “Anteriormente pasamos por alertas sanitarias como la pandemia de la gripe aviar, creíamos estar preparados, pero esto es diferente. Comenzaron a tomar medidas y a establecer protocolos basándose en las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), pero vimos que los cambiaban en horas, cuando el número de infectados crecía a diario y que surgían nuevos datos sobre el comportamiento del virus, ha requerido una adaptación urgente, profesional y emocional. La percepción inicial fue de expectación, y tras ese breve período, llegó la avalancha.

“La sanidad pública estaba diezmada por los recortes económicos de los últimos años, la infraestructura tuvo que reacomodarse, en tiempo récord a las necesidades, se realizaron traslados de especialidades enteras a otras áreas. En nuestro centro se triplicaron las camas de cuidados intensivos para dar soporte ventilatorio, lo que incide sobre la forma de trabajar de sanitarios o no; pronto escaseó el material de protección, y en la misma proporción en que no llegaba el homologado: batas, mascarillas, gafas; se reajustaban los protocolos.”

EL MIEDO

Para Julia uno de los aspectos a tener en cuenta, es el temor: “A contagiarte, a llevar el virus a casa, a tu familia; somos profesionales de la salud, pero enfermamos, acudimos a trabajar con incertidumbre y miedo. El 20 por ciento del personal sanitario tiene infección; no podría afirmar si fue dentro o fuera de la actividad asistencial, no obstante, dada la escasez de equipos de protección, tenemos la convicción de estar expuestos.”

A su juicio ese mismo miedo impera en la sociedad en general, así como la incertidumbre; el seguimiento informativo y estadístico de los casos los lleva a preguntarse ¿qué hacemos mal?, viven confinados en sus domicilios y añade: “Los que acudimos a trabajar, no lo tenemos tan mal, estamos luchando contra la pandemia; pero el aislamiento trajo parar la economía y en esta sociedad quienes más sufren las consecuencias de la crisis son las personas que viven en los márgenes de la misma. Escuchamos a través de los medios sobre las pérdidas en la producción y cómo va a repercutir a corto y medio plazo en nuestro modelo de vida. Pero lo más grave se está dando ya, con el despido de 3000000 de empleados, especialmente en los servicios, personas que estaban en situación precaria, sin contratos, ni seguridad social. El coronavirus ha develado las fallas del sistema neoliberal, donde los que más pierden son los más débiles.

“Desde el punto de vista emocional, se están experimentando traumas, referidos al duelo. En muchas comunidades no está permitido ni tan siquiera acudir al tanatorio. Por otro lado, y no menos importante, es el aumento de la presencia policial y militar en las calles que ha provocado abusos contra población marginada, crecen los inmigrantes que denuncian ser víctimas de ellos. En el ámbito doméstico aumentan las llamadas por denuncias relacionadas con la violencia de género.”

A LA BATALLA SIN ARMAS

Sobre las condiciones de trabajo, refiere el agotamiento físico y mental ante la necesidad de doblar turnos, la incorporación de jubilados y estudiantes de último año de medicina y enfermería, así como el traslado de especialistas de otras áreas hacia las unidades de coronavirus, lo que ralentiza la atención a otras patologías.

Resalta que entre el personal sanitario prima la solidaridad: “La prioridad es protegernos, y proporcionar cuidados; surgen iniciativas para mitigar la carencia de equipos de protección, en las redes sociales compartimos y recibimos consejos para confeccionarlos con todo tipo de materiales. Hay personas solidarias que han puesto a nuestra disposición pantallas confeccionadas con impresoras 3D en sus casas.”

Sobre el impacto de la privatización en el sector de la salud, lo califica como una epidemia que desmanteló unidades asistenciales públicas y convirtió ese derecho universal en un privilegio. “Al inicio derivaban a la sanidad pública todos los casos sospechosos de coronavirus ya que los seguros declararon que no lo cubrían por ser una pandemia. Con el desbordamiento y colapso, se exigió al gobierno tomar las medidas para disponer de los recursos de la sanidad privada hasta que se resuelva la situación de emergencia sanitaria; lo que provocó el desplome de las ganancias y realizaron recortes drásticos en la plantilla, a esto hay que añadir la falta de material de protección.”

ÉTICA

¿Por qué a pesar de esas condiciones no dejas de ir a trabajar?

 “En ningún momento me lo planteé. El temor al contagio está ahí, pero pienso en mi responsabilidad como enfermera, ante la salud de la comunidad y la de mi familia, más allá de un deber u obligación, está la ética profesional y personal. Aún con el caos y la incertidumbre constantes, nos cuidamos y apoyamos en el espacio laboral y la vida diaria.” 

¿Cuán de cerca te ha tocado el riesgo que corren?

“En nuestra unidad falleció una enfermera, también perdimos a una compañera joven, de 36 años. Tuvimos ingresada en estado muy grave a una anestesista. Afortunadamente salió de la fase crítica y se está recuperando. Este fue un golpe muy duro a nuestra moral, pero vemos cada día que son más los que se recuperan y siguen adelante. En mi familia hemos tenido dos fallecimientos, un primo de 56 años y un familiar anciano, yo estuve enferma y aunque los dos PCR me dieron negativo, por los síntomas consideraron que si tenía la Covid-19, estuve de baja en casa y ahora me incorporo, con menos tensión pues la meseta actual de casos, nos da mucha esperanza.

“Además, está la preocupación de la familia cuando acudimos al trabajo, en la mía somos dos médicos y yo enfermera, tratamos de relajar los ánimos y darnos apoyo emocional, en ocasiones nosotros a ellos; con optimismo, sin dejar de ser realistas, pero con la moral alta.”

¿Crees que la crisis actual sirva para impulsar cambios a nivel estructural en el sistema de salud?

“Esa es la pregunta del millón. Es evidente que esta crisis sanitaria trae consigo consecuencias impredecibles y muy graves desde el punto de vista estructural, que repercutirán en todas las esferas de la sociedad. El confinamiento supone un drama humano para muchas familias que al estar privadas de sus medios de subsistencia tienen que afrontar con miedo e incertidumbre los duros meses que se avecinan. No solo es imperioso reestructurar los sistemas de salud, sino la política y la economía, orientándolos hacia lo público al 100 por ciento, poniendo la vida y la naturaleza en el centro. Si no aprendemos con esto, estaremos abocados al colapso.”

Una anécdota con un paciente que te haya marcado durante este proceso

Cada paciente es un mundo en sí mismo, pero el día que intubaban a mi compañera anestesista nos embargó un sentimiento de derrota, al extubarla fue de gran alegría y esperanza, cuando salió le dedicamos un pasillo de aplausos y silbidos. Cada uno de los pacientes de las UCIs que se curan, son un balón de oxígeno para nosotros.

¿Cómo separar el miedo al contagio de la responsabilidad profesional?

Trabajando en equipo. Es importantísimo. Salimos exhaustos, hay días con más presión que otros, pero una vez dentro de la unidad, respiras el sentido de compañerismo, ayuda a seguir adelante. Al día siguiente vuelta a empezar, te vas acostumbrando al ritmo, al estrés, al cansancio, pero siempre están presentes los apoyos, la sonrisa, los gestos de ánimo.

El mayor miedo:

El contagio. Todo está supeditado a la salud, cualquier proyecto personal, profesional y de vida.

La mayor ilusión:

Que como sociedad seamos capaces de dar la vuelta a este proceso, que veamos de una vez que la mayor seguridad para el ser humano, tan vulnerable, no reside en la defensa y gasto militar, sino en una salud social, física y emocional integral.

MÁS QUE UN NÚMERO

Esta es una voz que nos llega desde Europa, donde la pandemia ha cobrado millares de vidas, es la visión personal de alguien que le pone cara a la Covid-19, sin condiciones para hacerlo, pero segura de que su esfuerzo puede marcar la diferencia; y de hecho lo hace, ella no es un número, es un ser humano con vida propia; piensa así cada vez que veas alguna estadística y sabrás que son Julias, Juanes, Pedros, Marías…, los enfermos, críticos, graves, fallecidos o médicos y enfermeras a los que no les vemos los rostros tras máscaras y trajes similares; pero bregan a brazo partido por la vida y quédate en casa, esa, es tu manera de combatir.