¿Estamos involucionando? ¿Se nos atrofia la materia gris? ¿Hasta dónde nos llevan las nuevas modas digitales? Si creíamos haberlo visto todo con el fenómeno de los Therians, llega una nueva tendencia que, lejos de sorprender, daría respuesta a estas preguntas.
A “farmear aura” se ha dicho. La frase ya es rara de por sí, pero si se pone el término en Google, podríamos “disfrutar” de la magnitud del fenómeno desde las más diversas aristas.
Para quienes, como yo, la cultura de internet, las redes y los videojuegos no son su fuerte, puede parecer complejo, novedoso, extraño, pero en el fondo la cosa es bastante simple, incluso raya la ridiculez del ser humano, pero… para gustos los colores y para escoger las plataformas digitales.
Vamos por pasos, no para intentar entender la nueva tendencia, sino para no estar ajenos a lo que pasa cuando tropecemos con un espectáculo de esos en un parque o una esquina, sí, porque ya en Cuba hay batallas de farmear aura.
Comencemos por los vocablos: farmear viene del inglés farm, que en español significa cultivar o cosechar, pero asociado a los videojuegos implica repetir una acción constantemente para ganar experiencia y subir de nivel. O sea, mientras más farmeas más puntuación acumulas, más avanzas…
Ahora, la Real Academia define la palabra aura como favor, aplauso, aceptación general y en términos parapsicológicos o paranormales es el halo que algunos perciben alrededor de determinados cuerpos y del que se dan diversas interpretaciones.
Pero en este caso, el aura viene siendo como el flow o el carisma que proyectas en público.
Entonces, farmear aura sería algo así como repetir una serie de gestos o acciones que muestren una imagen “espectacular”, de ahí que mientras más creativo seas en tus movimientos mejor aura tienes.
La masividad tuvo su auge en TikTok y con la ayuda de la IA, pues con un poco de música e inteligencia artificial se transformaban los gestos del rostro para generar expresiones cool o geniales.
Y como aquellos torneos de breakdance que, en su momento, movieron a generaciones enteras y en los que jóvenes con excelentes habilidades físicas se enfrentaban en duelos individuales o por equipos, ya existen las batallas de farmear aura, incluso, llegaron a Cuba.
El vencedor sería quien más monerías o gestos ridículos haga, según el público. Mejor digamos, para no echar por tierra la “espectacularidad” del nuevo movimiento, el que mejor farmee y proyecte un aura más auténtica.
No hay reglas en estas batallas, las rutinas pueden ser desde pequeños bailes y piruetas hasta miradas sensuales, trágicas o serias. Hay quienes prefieren el humor, otros la guapería o el sarcasmo. La idea, a mi modo de ver, es simplemente, pasar el rato, divertirse.
Dicen algunas publicaciones que el fenómeno no es tan nuevo, pues lo relacionan con ciertas posturas de monarcas en Europa cuando decidían posar en la corte y lucir atuendos para los súbditos o para algún pintor o escultor de la época.
Sin embargo, los tiempos van bien aprisa, y con la internet se maximiza el alcance y se exageran los contenidos. A aquel “postureo” de la realeza se le añade una buena dosis de contemporaneidad que, desafortunadamente, hace ver a la humanidad en una especie de retroceso.
Pareciera que los avances de la ciencia van en sentido contrario, y que tanto desarrollo disminuye la capacidad de la llamada generación Z. Farmear aura no es un deporte, tampoco un arte, ni siquiera evidencia una pizca de desarrollo intelectual o físico. Por el contrario, alimenta la banalidad y el vacío en las mentes que más requieren de creatividad y conocimientos.
Es cierto que es solo una tendencia pasajera y que no representa, tal vez, el peligro de otros comportamientos nocivos como la adicción a las drogas y a la bebida o las carreras de motos, pero, el “cerebro hace falta”, como dicen por ahí, y no para que se embote con payasadas que recorren las redes con tal de crear contenido.
No perdamos de vista a nuestros adolescentes, estemos atentos a sus preferencias, sus amistades, sus redes sociales. En vez de farmear aura, que cultiven más valores, más ética, más amor propio, más conocimiento y mejores actitudes ante la vida. De seguro así, crecerán con más flow.
