El 25 de abril de 2017 nació Tarea Vida, inspirada en el pensamiento de Fidel Castro Ruz y sus sabias declaraciones en la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro, el 12 de junio de 1992
A nueve años de la aprobación del Plan de Estado para el Enfrentamiento al Cambio Climático, conocido como Tarea Vida, Pinar del Río muestra resultados que confirman la madurez de un programa concebido para transformar la relación entre el territorio y sus vulnerabilidades ambientales.
El ciclo 2021‑2025 dejó avances visibles, desafíos persistentes y una proyección de trabajo que consolida una visión más integral, más preventiva y más articulada entre los sectores involucrados.

UN SISTEMA DE TRABAJO QUE SE AFIANZA
Durante este periodo, la provincia logró estabilizar un sistema de seguimiento y control que involucra a organismos, gobiernos locales y estructuras técnicas. Las reuniones sistemáticas, las evaluaciones in situ y la articulación entre sectores permitieron pasar de la reacción a la planificación anticipada, integrando criterios de riesgo, adaptación y ordenamiento territorial en cada decisión.
La transformación de la matriz energética en Pinar del Río avanza como uno de los logros más visibles de Tarea Vida, con la instalación de sistemas solares en instalaciones turísticas y el desarrollo de parques fotovoltaicos que ya respaldan procesos productivos y servicios esenciales.
Según Juan Miguel Hernández Cires, especialista en Política Ambiental de la subdelegación de Medio Ambiente en la Delegación Territorial del Citma en Pinar del Río, este impulso a las fuentes renovables marca un punto de inflexión en la gestión ambiental del territorio, al reducir la dependencia de combustibles fósiles y fortalecer la resiliencia frente a los impactos del cambio climático.
De acuerdo con el especialista, los instrumentos de ordenamiento avanzaron en casi todos los asentamientos costeros y cabeceras municipales, incorporando de manera explícita los componentes ambientales.
Aunque persisten dificultades técnicas y falta de fuerza calificada, subraya que “la provincia ya no concibe el desarrollo sin incorporar la variable climática como eje transversal”.
El reordenamiento de comunidades vulnerables, la construcción de viviendas en zonas seguras y la atención a los territorios perjudicados por eventos meteorológicos marcaron la etapa. Los daños por huracanes y lluvias intensas ralentizaron procesos, pero no detuvieron la estrategia. Hernández Cires destaca que “la experiencia acumulada en estos años permite actuar con mayor coherencia y rapidez ante cada contingencia”.
El sector agropecuario, por su parte, avanzó en la introducción de variedades más resistentes, el uso de biofertilizantes, la modernización de sistemas de riego y la recuperación de suelos. La provincia incorporó prácticas que reducen el consumo de agua, mejoran la eficiencia energética y disminuyen la dependencia de insumos importados.
Para Hernández Cires, este es uno de los pilares más sólidos del ciclo, pues la agricultura pinareña está transitando hacia modelos más resilientes, con tecnologías que permiten producir con menos recursos y con menor impacto ambiental.
El aprovechamiento de subproductos industriales, la producción de bioproductos como el quitomax y la recuperación de residuos pesqueros consolidaron cadenas productivas más limpias y circulares.
El programa forestal mantuvo un ritmo estable de fomento y manejo, con especial atención a los manglares y áreas protectoras del litoral. El territorio avanzó también en la valoración económica de los bienes y servicios ecosistémicos, una herramienta que —según el especialista— permite entender el costo real de cada perjuicio y fundamentar mejor las decisiones de inversión y restauración.
Los incendios forestales y otros eventos climatológicos obligaron a reforzar la vigilancia y la gestión de riesgos, pero también generaron aprendizajes que hoy se integran a los planes de manejo.
El sector turístico incorporó fuentes renovables de energía y desarrolló nuevos servicios ecológicos. Aunque algunas inversiones quedaron pendientes por falta de recursos, Hernández Cires considera que “el camino está trazado y el sector ha entendido que su sostenibilidad depende directamente de la salud de los ecosistemas que lo sustentan”.
DESAFÍOS Y PROYECCIONES
Entre las principales limitaciones del ciclo, el especialista menciona la falta de materiales de construcción, la obsolescencia tecnológica en la agricultura, la insuficiente capacitación en las bases productivas y el daño recurrente de ecosistemas costeros por causas naturales y antrópicas.
“Los retos son grandes, pero en la actualidad existe una estructura de trabajo más sólida y una mayor conciencia institucional”, afirma.
De cara al futuro, Pinar del Río prioriza la consolidación de los instrumentos de ordenamiento territorial pendientes; el fortalecimiento de la restauración de ecosistemas costeros, especialmente manglares; un mayor uso de tecnologías de riego eficientes y bioproductos; el impulso de inversiones ambientales en sectores estratégicos; el perfeccionamiento de la valoración económica de los servicios ecosistémicos, y el refuerzo de la capacitación técnica en todos los niveles.
El noveno aniversario de Tarea Vida no es solo una fecha simbólica, a decir del especialista es la confirmación de que el país apostó por una política pública a largo plazo, y Pinar del Río ha demostrado que, incluso con limitaciones, es posible avanzar hacia un modelo de desarrollo más seguro, más sostenible y más consciente de sus vulnerabilidades.

