Quisiera comenzar nuestro acostumbrado debate de esta semana, con una frase martiana, que a mi modo de ver simplifica y recoge una gran verdad y sabiduría: “(…) Todo tiempo futuro tiene que ser mejor”.
Coincidirá conmigo en la profundidad de la frase, y en la inequívoca certeza de su contenido, pues si algo tenía nuestro Apóstol era una luz larga para prever y vaticinar el mañana.
Exacto, ha dado en el clavo. Tal sentencia mucho tiene que ver con lo ocurrido la pasada semana en el municipio de Morón en Ciego de Ávila. Seguramente habrá visto los videos que circulan en las redes, y a esta altura debe haber leído cuanto comentario exista sobre el asunto.
Vayamos al punto. Usted ya tendrá una opinión sólida basada en sus posibles pensamientos y cuestionamientos internos, secundados, quizás, por la opinión de sus vecinos y la vox populi.
Por supuesto, no entraremos en careos, ni entablaremos un debate encarnizado para lacerarnos mutuamente mientras forcejeamos con palabras sobre quién tiene la razón.
Como siempre le comento, en este espacio, su pensamiento es libre y su criterio es altamente respetado. Ahora bien, razonemos con la calma que lo amerita y con la mente despejada de odios, rencores y posibles anhelos.
¿Que la situación del contexto nacional en el apartado económico-social es hoy casi insostenible? Debatible. ¿Que nuestra moneda se devalúa por día y los bolsillos se desangran? Es cierto. ¿Que hemos tocado fondo y que ya no hay vuelta atrás? Difiero.
Pero vayamos un poco más allá. Seamos, incluso, más agresivos… ¿Que Cuba necesita un cambio? Sí. Esto no es secreto para nadie. Los del lado de acá también lo deseamos al igual que usted, y no por desearlo dejamos de ser revolucionarios. Todo lo contrario.
Recordemos ahora las palabras del Comandante en Jefe aquel primero de mayo del año 2000 cuando pronunciara su magistral discurso en la Plaza de la Revolución enunciando el concepto mismo que da esencia a nuestro país.
¿Lo recuerda usted? Le refresco entonces algunos fragmentos: “Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado (…) es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos”.
Ahora bien. Pasemos al punto más espinoso de los sucesos avileños y cuestionémonos bien profundo a lo interno. ¿Será esa la manera para propiciar el cambio que necesitamos?
Piénselo por un momento.
Y mientras lo piensa, aprovecho para recordarle que de la violencia nunca ha salido nada bueno, pues los ejemplos internacionales sobran. Por otra parte, escudados tras tal sentimiento, en su forma más descarnada, lo único que puede conseguirse es que esta regrese a nosotros de forma multiplicada.
Por otra parte, ¿ha pensado usted en que atacando como se hizo, lo único que se logra es destruir? ¿Ha pensado usted en que del otro lado también hay padres, amigos, hermanos?
Por si aún lo duda, para decirlo por lo claro: no, ese jamás va a ser el camino a escoger. Acciones como esa solo responden al desorden, al vandalismo y al caos, y jamás a los altos valores cívicos que defendemos y de los que tanto nos enorgullecemos allende los mares.
No olvidemos, además, que la Patria no es un concepto abstracto, sino que se construye o se destruye con cada decisión que tomamos.
Actos de esta índole echan por tierra la idiosincrasia que nos caracteriza, la familiaridad con la que hablamos, la amistad que nos une. Y no, no lo presiono para que piense como yo. Solo lo invito a la reflexión.
El cambio que necesitamos solo podrá venir del diálogo consciente y aterrizado, de la palabra certera, de la verdad que no se esquiva, que duele y que hace mella, pero que a la vez construye y rectifica. El cambio, ese que queremos, solo podrá ser hijo de la unidad de todos, para todos y con todos.
El día que usted, cubano, arremeta y alce sus manos en contra de su hermano, cualquiera sea su posición, ese día, ese día sí estaremos realmente perdidos.
