Recientemente tuve la oportunidad de visitar la sede de Polizonte Teatro para disfrutar de la puesta Aires de Vida. La experiencia fue mucho más que un espectáculo, se trató de un ejercicio teatral interdisciplinar que convirtió la sala en un espacio de reflexión colectiva. Bajo la dirección de Lisis Díaz y con texto de Roberto Caveda, la obra marcó un momento especial en la trayectoria de este grupo pinareño.
Construida como un espejo de la Isla, muestra sus tristezas, sus alegrías y sus esperanzas. Cada parlamento, en la voz de la propia Lisis Díaz y de Midiala Ríos funciona como un diálogo íntimo con el espectador, que se ve obligado a cuestionarse cuánto de lo que observa vibra también en su propia vida. Esa capacidad de interpelar directamente al público es uno de los mayores aciertos de Aires de Vida, pues convierte la presentación en una experiencia compartida más que en un relato distante.
El montaje se apoya en símbolos naturales que evocan renovación y permanencia, reforzando la idea de que la vida, pese a las adversidades, siempre encuentra un cauce para continuar. La puesta no busca ser descifrada como un enigma intelectual, sino sentida en su dimensión emocional y social. En ese sentido, Polizonte logra un teatro que se conecta con la comunidad y que trasciende el escenario para dialogar con la realidad cotidiana.
Aires de Vida muestra vocación de resistencia y apuesta por un lenguaje interdisciplinar que combina actuación, música y recursos visuales. La obra se convierte en un testimonio de identidad y en un recordatorio de los sueños que sostienen a las personas, incluso, en medio de las dificultades. El hecho de que la compañía proyecte llevarla hacia comunidades y espacios culturales confirma su compromiso con un teatro vivo, que no se limita a la sala, sino que busca transformar la sociedad desde el arte.
La trayectoria de Polizonte Teatro refuerza este sentido de pertenencia y compromiso. Fundado en Pinar del Río, el grupo se ha caracterizado por su trabajo comunitario y por la creación de obras que dialogan con la realidad social de la región. Sus propuestas han transitado por festivales nacionales y espacios alternativos, siempre con la intención de acercar el teatro a públicos diversos. Polizonte ha sabido combinar la experimentación escénica con la raíz popular, logrando un estilo propio que lo distingue dentro del panorama teatral cubano.
La obra es un soplo de autenticidad dentro del panorama teatral cubano. Su fuerza radica en la capacidad de Polizonte para convertir lo íntimo en colectivo y lo cotidiano en poético. Es una puesta que no solo se ve, sino que se siente, y que reafirma el papel del teatro como espacio de resistencia, memoria y esperanza.
