En 2024 inició en Pinar del Río la primera edición de la Guardería Creativa, un proyecto que nació de una necesidad práctica —apoyar a las familias durante las vacaciones escolares— y que pronto se convirtió en una experiencia cultural sin precedentes en la provincia.

La promotora Yeni Pupo, con el respaldo de la Editorial Cauce y la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, imaginó un entorno donde los niños no solo estarían acompañados, sino que descubrirían que el arte podía ser un lenguaje propio, una manera de dialogar con el mundo y de construir comunidad.
La propuesta germinó en la convicción de que la infancia no debía ser espectadora pasiva. Desde el inicio, la Guardería se concibió como un laboratorio de creación. La Editorial Cauce aportó su tradición en publicaciones para niños y reunió a un equipo de artistas que, con disciplina y pasión, dieron forma a la iniciativa.
“La Editorial aporta la participación de un equipo comprometido con el bienestar de las infancias, y que crea sinergias increíbles en cada momento”, explica Pupo, quien reconoce en colegas como «Tuti», Yania Collazo, y los escritores Ulises Cala y Nelson Simón un sostén indispensable. No era solo un proyecto institucional: era la suma de voluntades que entendían el arte como herramienta de transformación.
La primera edición se organizó con un esquema por disciplinas: literatura, audiovisuales, artes escénica y visuales, y música. Cada jornada abría un universo distinto, y los niños respondían con curiosidad a preguntas que desarmaban cualquier prejuicio.
“Hemos aprendido a hablar de música, ilustración o teatro con la mirada renovada de quienes no solo van a asistir sino también opinar”, recuerda la promotora. Esa experiencia reveló que los pequeños no se conformaban con recibir contenidos: querían producirlos, cuestionarlos y apropiarse de ellos.
En 2025, la Guardería trascendió los límites provinciales. Se integró a las Ferias del Libro y al programa Lectura en movimiento de la OEI, con el apoyo del Observatorio Cubano del Libro y la carrera de Letras de la Universidad de La Habana. Llegó a Holguín, Sancti Spíritus y La Habana, donde se sumó a la campaña por los 90 años de Nersys Felipe. Esa edición le dio un carácter nacional y demostró que la propuesta podía dialogar con públicos diversos, siempre desde la infancia como centro.
La edición del presente año, desarrollada durante la semana de receso escolar en la Galería del Consejo Provincial de Artes Visuales, fue un salto cualitativo. Allí, rodeados por la exposición Espejismos en el asfalto del artista de la plástica Orlando Hernández, los niños jugaron a Yo soy el artista, reinterpretando las obras con sus propias narraciones y convirtiendo la galería en un espacio de diálogo intergeneracional.
La artista Yania Collazo guio el recorrido, estimulando la interpretación crítica. También se abordó el diseño cotidiano, con ejemplos de Isaac Linares y Junior LG, quienes mostraron cómo las decisiones estéticas influyen en la vida diaria. “Se hace mediante el juego, que es también un legado de la tradición literaria que hemos heredado”, señala Pupo, subrayando la importancia de la espontaneidad y la participación.

El impacto ha sido visible. Las familias comenzaron a considerar el arte como espacio de aprendizaje, y los niños asumieron un rol activo. “Las preguntas que nos obligan a responder son nuestros mejores momentos”, afirma la promotora. Niños que decían no disfrutar la lectura inventaban sus propias historias; otros descubrían que leer en voz propia era más divertido que escuchar un audiolibro.
Para la Editorial Cauce, obtener esa información directamente de sus lectores más jóvenes, ha sido un estímulo invaluable, que nutre sus estrategias de promoción literaria.
La literatura infantil ocupa un lugar central en la Guardería. No se trata solo de cuentos clásicos, sino de enseñar a los niños y a sus familias a poner en palabras sus emociones y motivaciones. “Que un niño aprenda a contarse, a expresar con claridad su alegría o dolor, es esencial para crear empatías”, sostiene Pupo. La palabra se convierte en puente, en herramienta para legitimar la comunicación y para construir comunidad.
El futuro del proyecto se sueña como un espacio permanente, incluso con presencia digital, para apoyar de manera continua a las familias pinareñas y cubanas. Para Yeni, liderar esta iniciativa ha significado conciliar su formación como bibliotecaria, especialista en trabajo comunitario y gestora cultural con su vocación de servicio y cercanía con la infancia. “Estoy convencida de que la literatura y el arte pueden salvar la infancia de cualquier niño”, asegura.
Y si hubiera que resumir el espíritu de la Guardería Creativa en una sola frase, Yeni lo define así: “Es un espacio para que las infancias se expresen a través del arte y la belleza que se desprende de él”.
