En el panorama cultural de Pinar del Río, Yanerkis Díaz Ozuna se ha consolidado como una voz que enlaza la docencia universitaria, la creación literaria y el compromiso comunitario. Su reciente Premio Chicuelo, otorgado por el centro de promoción del libro y la literatura Hermanos Loynaz, la distinguió por la obra Albertico, confirmando la solidez de una trayectoria que busca sembrar valores y abrir caminos en la imaginación de los más jóvenes.
La vocación de la escritora nació en la infancia, cuando descubrió en la lectura su mejor pasatiempo. Recuerda con nitidez las horas en la biblioteca de la escuela primaria José Martí, de San Luis, y las visitas a librerías junto a sus padres.
Desde entonces inventaba historias en libretas y hojas sueltas, guardando cada intento como un tesoro. “Más que escritora, soy decididamente lectora”, afirma. La maternidad fue el impulso definitivo: escribir para su hijo se convirtió en una responsabilidad hermosa, un modo de educarlo sin esquemas y transmitirle hábitos y valores morales que lo formen como un hombre de bien.
El Premio Chicuelo tiene para ella un significado especial. Lo valora por la calidad de los escritores que lo han recibido y por el prestigio de su jurado. La sorpresa fue el primer impacto: participó con el deseo de que otros leyeran su cuento y terminó celebrando la alegría de ver premiada una historia nacida en la complicidad de la noche y el desvelo. Para la autora, el galardón implica un reto: “Después de un premio las personas esperan más y mejor”.
Su literatura busca transmitir valores esenciales: amor, solidaridad, respeto y preparación. Considera que los niños comprenden desde la sencillez y la ternura, sin necesidad de imposiciones. La escritura se convierte en un espacio para educar en la convivencia y en la valoración de los semejantes, siempre desde la verdad.
La vida universitaria de Díaz Ozuna está marcada por múltiples responsabilidades: vicedecana de Extensión en la Facultad de Humanidades de la Universidad de Pinar del Río, coordinadora de la especialidad en Trabajo Social, presidenta de la Cátedra Honorífica Jesús Orta Ruíz, docente en la carrera de Gestión Sociocultural para el Desarrollo, y estudiante de doctorado en Ciencias de la Educación.
En medio de estas tareas, la creación literaria se convierte en un refugio: un espacio íntimo donde se siente cómoda, sola con las letras, buscando historias en prosa o en verso.
La cultura pinareña impregna sus textos. Ha leído con devoción a autores como Nercys Felipe, René Valdés, Lorenzo Suárez, Alberto Peraza, Nelson Simón, Rosario Marcia Hernández Torres y José Raúl Fraguela. A Pinar del Río le ha dedicado décimas y relatos inspirados en sus paisajes campestres y en la vida citadina. En Albertico, el protagonista es un niño que estudia en una escuela del centro de la ciudad, y encuentra allí la motivación para convertirse en personaje literario.
Desde la universidad ha trabajado en proyectos vinculados a la promoción cultural, el cuidado del medio ambiente, la prevención de la violencia de género, y la preservación del punto cubano como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Su participación en la casa de la décima Celestino García y en el Centro Cultural Amauta refuerza los valores que desea reflejar en sus textos.
Reconoce que la literatura infantil cubana cuenta con exponentes de gran calidad, pero enfrenta el reto de la promoción sociocultural. Para llegar al público, es necesario conquistar espacios físicos y virtuales: escuelas, parques, medios de difusión y redes sociales. La literatura debe expandirse hacia otros formatos como el teatro, la danza, los juegos y los medios digitales. Cita como ejemplo la obra de Yanetsy Ariste, Premio Chicuelo 2024, quien logró conquistar al público con textos y estrategias de promoción.
Entre sus lecturas predilectas figuran Basilisa la hermosa, La Edad de Oro, Oros Viejos, Corazón, Tom Sawyer, El Principito, El cochero azul de Dora Alonso, Román Elé y Cuentos de Guane de Nersys Felipe, así como obras de René Valdés. Estos títulos han nutrido su sensibilidad y su manera de narrar.
Entre sus proyectos futuros, desea escribir historias en décimas para niños; explorar el cuento, la novela y hasta el diálogo con poetas. Su horizonte creativo se mantiene abierto, siempre en busca de nuevas formas de expresión.
A los jóvenes escritores que sueñan con abrirse camino en la literatura infantil, aconseja leer mucho, asistir a talleres, socializar la obra y escribir con el corazón. Su trayectoria demuestra que la literatura puede ser un acto de amor y compromiso, capaz de transformar la vida de quienes la leen y de quienes la escriben.
