Modificar el pensamiento es muy complicado, pero hay una realidad inobjetable, y es que él responde al entorno y a las circunstancias. Recientemente se anunció que Cuba está abierta a recibir inversiones de los nacionales residentes en el extranjero, sin frenos en el monto ni en el área de acción, ¿por qué no igualar esas mismas condiciones para los empresarios que viven en la Isla?
Existe un listado de actividades autorizadas a ejercer por el sector privado en el país, lo que pone límites y reduce el alcance del crecimiento e impacto social de los emprendedores, en un contexto en que las carencias abren nichos de mercado insospechados.
Las desigualdades que constatamos a diario no se van a borrar en un corto periodo de tiempo, incluso, si la economía lograra un resurgir vertiginoso, pues hay muchos servicios básicos cuya calidad y accesibilidad generan constantes insatisfacciones en la población.
Dentro de las prestaciones deterioradas se encuentran las de Salud, sector que ha sufrido la migración de profesionales hacia otros ámbitos mejor pagados. Crear opciones para que presten servicios dentro de la legalidad, aquellos que tengan las condiciones para hacerlo, reducirá la carga sobre el sistema estatal y permitirá que ese porcentaje de ciudadanos en los que se concentra la riqueza accedan a él, en los términos y condiciones pactados.
Por solo citar un ejemplo, el Sistema Integrado de Urgencias Médicas (SIUM), dañado por un bajo coeficiente de disponibilidad técnica de las ambulancias, a lo que hay que sumar, pese a la prioridad que se le concede, el déficit de combustibles, podría beneficiarse si se contara con alternativas.
No es un secreto que un traslado en estos medios especializados demora horas e incluso días, especialmente, para los pacientes egresados de instituciones hospitalarias en condiciones que imposibilitan el empleo de otros medios de transporte.
De igual forma, nos hemos adaptado a que existan diferentes precios para viajar, es viable que asumamos esa diversidad en otros espacios, quien puede, lo paga, quien no, espera. Usted se encuentra a personas que permanecen en una Terminal aguardando por una lista de fallos, porque esa es la vía que respalda su economía; otros buscan medios colectivos en los que se cotiza el pasaje de forma individual, pero como renta colectiva, y están aquellos que alquilan el vehículo para tenerlo a su disposición.
Si la riqueza del país está en manos de la quinta parte de sus pobladores, pues esa misma cifra, aproximadamente, empleará los servicios privados. A la larga, ello se revertirá en que las prestaciones estatales ganen en calidad y capacidad de respuesta para los que el dinero sea un freno de accesibilidad.
Que las recaudaciones de impuestos que se deriven de esas actividades se reviertan en el mismo sector, es otra vía de incrementar el financiamiento de que disponen para mejorar las condiciones en que hoy se garantizan.
Por supuesto, que se necesitarían licencias y personal especializado para el ejercicio, pero el potencial está ahí, en esos médicos y enfermeras que abandonaron el vínculo laboral y, por qué no, hasta dentro de los que lo ejercen con posibilidades de pluriempleo, lo que requeriría articulación.
Cuesta asimilar que logros sociales de los que nos hemos vanagloriado por décadas estén en crisis, y no ignoro los esfuerzos que institucionalmente se realizan para preservarlos, así como el empeño de muchos trabajadores por minimizar el impacto de carencias en la población, ni el rubor del médico que se atraganta con las palabras cuando debe indicar un medicamento ausente de la red de farmacias y añade a las indicaciones hasta la nacionalidad del que se ha de adquirir de preferencia en los vendedores ilegales.
Ese es otro campo, urgido de legitimación, para que haya mayor protección a la ciudadanía al consumir estos productos y sea menos engorroso el proceso, porque una nación envejecida ha de priorizar la facilitación como premisa de su entramado social.
La privatización y el precio no constituyen hoy los mayores problemas, sin dejar de serlo, es la inaccesibilidad, y del mismo modo en que hemos “normalizado” que ante un enfermo la familia “gestione” en el mercado informal insumos, material gastable y parte, o todo el tratamiento que indican, pues pagar por otras asistencias no escandalizará a nadie, hecha la salvedad de que no se haga con un mercado cautivo.
Combinar ambas formas de propiedad para servicios como los mencionados, además de los funerarios, la recogida de desechos sólidos, entre otros, elevará la calidad, y algunos de ellos, como el expendio de medicamentos, solo precisan ser reconocidos jurídicamente y que su comercialización esté amparada por las normas necesarias para la conservación, venta por personas capacitadas y otras regulaciones pertinentes.
Lidiar a diario con limitaciones cuya erradicación depende de la flexibilización de la legislación vigente es una fuente de descontento ciudadano.
Los emprendedores cubanos han dado muestras de grandes capacidades, pues que ellas se trastoquen en calidad de vida, al menos para una parte de la población, no admite demora, a fin de cuentas, no todos disfrutamos de discotecas, restaurantes u otras opciones privadas.
