No es la primera vez que las producciones de Eduardo Diego Cruz ocupan espacio en la
prensa pinareña. Desde hace varios años, en el polo productivo Hermanos Barcón, del
municipio cabecera, optó por plantar la tierra.
Allí, en cinco caballerías siembra maíz, tomate, frijol, boniato. Fue, incluso, de los que se
lanzó al reto de la papa durante una campaña de frío, en la que la producción del tubérculo
fue bastante polémica.
Hoy, aunque no ha renunciado a los cultivos varios se insertó en el tabaco, un desafío
mayor cuando se trata del tapado que da la capa de exportación.
Eduardo es socio de la CCS Gervasio Hernández Silva. Su finca, ubicada en el kilómetro
ocho de la carretera a La Coloma está rodeada de campos de la solanácea y respaldada por
dos casas de cura.
Es esta su segunda campaña como productor tabacalero, y entre sus satisfacciones está la
de haber crecido en maquinaria y energía renovable.
De casta le viene al galgo
“Mi mamá siempre ha tenido contrato de tabaco de sol con muy buenos rendimientos, pues
los suelos aquí son buenos. Me incliné entonces por el tapado, también porque así tenemos
todo más cerca y concentrado en la misma casa.
“El año pasado hice una campaña con las siete hectáreas de sol y le incorporé cinco de
tapado”. En esta ya tiene 12 sembradas de este último con más de 10 000 cujes ensartados.
“Quiero incrementar. Tengo pensado completar 20, porque, además, estamos en trámites de
poner en marcha un proyecto para la construcción de dos kalfrisas que permitirían la cura
controlada, que ahorra tiempo y genera mayores rendimientos”, comenta Eduardo.
Todo lo aprendido en este cultivo, este joven se lo agradece a Juana Cruz Rodríguez, su
madre, quien desde 2014 se dedica totalmente al tabaco.

“Soy nacida y criada en el campo. Mi padre fue campesino y, aunque estudié Comercio y
Gastronomía, me casé con un productor, así que me decidí por la tierra”.
Juana no es de las mujeres que se conforma con dedicarse a una sola tarea. Además de las
labores del campo le gusta estar pendiente de todo cuanto ocurre en la finca, así sea de la
mecánica de los tractores, del riego o de la atención a los obreros.
“Me encanta la vega, y me gusta preguntar acerca de todo para aprender. Hemos avanzado
mucho en el tabaco. Ahora es mi hijo quien está al frente de todo y nos apoyamos mucho
el uno al otro. Él tiene mucho ímpetu, pero siempre necesita de las ‘peleas’ y la experiencia
de mamá”, bromea Juana.
Beneficios para crecer
Aunque solo lleva dos campañas, Eduardo ya percibe avances en su quehacer y varios
beneficios que lo impulsan a seguir creciendo.
“Me facilitaron un panel solar para instalar un sistema de riego con agua de la laguna, uno
de los tranques que hicimos con el apoyo de la cooperativa, del grupo Tabacuba y una brigada de Villa Clara. Eso nos ayuda mucho a cubrir los baches del combustible y de la
electricidad.

“También contamos con paneles en la casa, con los que cubrimos la iluminación de las
casas de cura, para que las mujeres puedan ensartar sin problema, y la pequeña escogida
familiar donde beneficiamos el tabaco. Hemos resuelto un gran problema con eso, resalta
Eduardo.
Aunque pretende incrementar hectáreas y desarrollar la cura controlada, sus casas de
tabaco le garantizan capacidad suficiente para la producción. “Cuento con dos casas de
tabaco, una de 11 aposentos y la potra de 12. Son de nuevo tipo, o sea, con portales. Estos
tienen la función de que dos portales hacen un aposento, por lo que en total tengo casi 30”.
La campaña pasada, el tabaco de sol le dio un rendimiento promedio de dos toneladas por
hectárea. En el caso del tapado, que ahora, -explica-, se mide por clases, obtuvo muy
buenos volúmenes de capa. Además, en su miniescogida familiar le benefició el tabaco a
otros dos productores.
“Esto ha sido poco a poco, porque los gastos en el tabaco son bien altos, y también son
muchos obreros trabajando, más los problemas con los créditos y con el resto de las
dificultades que hoy tenemos en el país”.
Y en esos esfuerzos por mejorar se incluye un nuevo tractor que no solo ha remplazado al
antiguo Yumz, sino que le permite atender las cinco caballerías de Barcón.
“Aún estamos a la espera de los implementos, pero la nueva maquinaria beneficia mucho.
Ya con ella puedo atender al ciento por ciento las tierras de Barcón y el tabaco de aquí, y
no tengo que preocuparme por una rotura o alguna pieza. El Yumz lo uso más bien para
mover el personal, pues la mayoría de los obreros son del kilómetro 15 de la carretera a la
Coloma”.
En la finca de Eduardo apenas hay tiempo para descansar. Su fuerza de trabajo pasa de la
fase del tabaco verde al seco como parte de un ciclo cerrado en la producción. Las mujeres
que hoy ensartan en la casa de cura o ayudan en la recolección o el arranque de posturas
pasan luego a beneficiar en la escogida familiar.

Foto: Jaliosky Ajete Rabeiro
Eduardo y Juana se enorgullecen de lo que han logrado. Mejorar las condiciones de trabajo
y de vida de quienes dedican todo su esfuerzo a la tierra es una de las recompensas que
más satisface, mucho más cuando el empeño viene enraizado en la tradición y en la
voluntad de seguir, a pesar de las dificultades.
