“Aquí nunca hubo un parque infantil, y este es el primero hecho en la provincia solamente por no estatales”, en la aseveración hay un énfasis de satisfacción por formar parte de la iniciativa. A Nadir Morejón Álvarez, coordinador del Proyecto de Desarrollo Local (PDL) se le ilumina el rostro al recordar el entusiasmo de los niños durante la fabricación de los equipos.
Y es que esta se realizó en el patio de la casa familiar en el poblado de Las Ovas. “Venían todas las tardes para probarlos y a nosotros nos servía de referencia para ir comprobándolos, a ellos les preocupaba que después se fuera a cobrar por usarlos”.
Recuerda que la idea surgió de Eliécer Carrillo, propietario del restaurante ubicado al lado del parque. Él financió el proyecto y los aspectos legales del mismo, Nadir con su equipo asumió la ejecución, “yo por supuesto pagaba a mis trabajadores”.

La alegría y complacencia están en cada palabra al recordar la inauguración: “Tenemos grabaciones de los rostros de los niños; se organizó una feria; pudimos ser testigos de la alegría por cosas simples: un columpio, un tobogán…”
Con un año en funcionamiento se encarga personalmente de supervisar el estado técnico de los “aparatos”, y prevén colocarle puertas para que los niños que juegan en él con pelotas estén más seguros ante la proximidad de la calle. Si algo pide, es que la población cuide más, porque ellos seguirán velando por su buen estado, pero hay evidencia de daños intencionados que nada tienen que ver con el deterioro propio de la explotación.
Hoy tiene un taller ubicado a pocos kilómetros del poblado. La familia labora en él y genera empleo para otras personas; busca la diversificación y contribuir a la solución de problemas cotidianos con la fabricación de hornillas para carbón, estufas, hornos, rejas de seguridad y decorativas, entre otros artículos e incursionan en la producción de alimentos, pero el trayecto hasta aquí, tuvo muchos avatares.
LOS ANTECEDENTES
Casado con Luicerky Planas Ampudia hace 22 años, ella y sus hijos Kevin y Katherine son la mayor motivación, todos están vinculados al PDL, el varón siguió los pasos del padre y se graduó como soldador.
Nadir tuvo varios fracasos, desde tierra solicitada en usufructo, entregada y que una vez limpia le revirtieron el proceso, hasta meses de laborar como pescador, lo que le imponía mucho tiempo fuera de casa y la esposa sola a cargo del cuidado de los hijos enfermos. El niño fue diagnosticado con trombopatía y la niña estaba desnutrida, razones que llevaron a la madre a abandonar su profesión de enfermera para centrarse en la atención de ambos.
En busca de empleo como ayudante de albañilería en Viñales escuchó de alguien que necesitaba soldadores en la ciudad de Pinar del Río y comenzó a laborar para un trabajador no estatal, luego se incorporó también Luicerky, ella como pintora. Cuando llegó la pandemia de la Covid-19 y las restricciones de movimiento, se vieron obligados a permanecer en Ovas.
“Fue una gran prueba para nosotros, pero también lo que nos impulsó. A las primeras producciones que hicimos no sabíamos ni qué precio les íbamos a poner, cuando sacábamos el costo nos quedaba muy poco; empezamos con 7 000 pesos cubanos y una planta de soldar criolla (facilitada junto con otras herramientas por su antiguo empleador), casi sin recursos, eso sí, con una familia dispuesta, por donde yo los dirigiera, a ponerle empeño”.
LA JUVENTUD
Entre los saldos positivos destaca que “ayudó a mi hijo a decidirse por la soldadura. Hoy con 21 años y cinco de experiencia, es capaz de hacer casi cualquier tipo de trabajo”. La posibilidad de contratar a otros jóvenes le regocija, el más “viejo” de sus trabajadores tiene 27, “esto es juventud, ¡hay que tener un ánimo!, porque hasta cuando los vas a regañar, te alegran. Todos tenemos días malos, que no sabemos cómo vamos a hacer, pero la positividad de estos muchachos ayuda a buscar soluciones. Me inspiran con su ímpetu, me dicen ‘nosotros podemos con eso’ y lo que era un obstáculo se convirtió en nada.
“Hay muchos jóvenes en las casas, que los padres deben mostrarles el aprecio por los oficios, un país no puede sostenerse si no hay oficios”, por eso dentro de las perspectivas concibe la inclusión de un taller para que los muchachos de la zona que estudien especialidades técnicas afines tengan un lugar en el que realizar las prácticas.
Presume de lo que les aporta la permanencia en el proyecto, tanto a los que están, como a otros que transitaron por él, pues no permite malas palabras, ni música obscena en el taller. La educación y el respeto son pilares dentro del grupo, se ufana de que compiten entre ellos para demostrar habilidades y destreza; es muy exigente con el uso de los medios de protección, “además de los que tienen, ahí hay una caja con más, para sustituirlos si se rompen.
“Cuando terminan de trabajar en su horario, sobre las cinco o seis de la tarde, se incorporan a la parte agrícola, principalmente ahora que estamos en la etapa de limpieza de potrero. Las mujeres no se quedan atrás, toman machete en mano y avanzando, porque sabemos que combustible no hay. Si pensamos en las limitaciones no hacemos nada, lo vamos a lograr porque tenemos la fuerza y el deseo, la meta es hacer que estas tierras que pedimos produzcan alimentos para nuestra familia, para el beneficio de la localidad y para el municipio”.
OTRA MIRADA
Felipe Ponce Ceballos, presidente de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba (Anec) en la provincia, lo invitó a un taller con productores de avanzada para que les hablara “de nuestros productos que generan energía calorífica, terminé recibiendo más de lo que fui a dar. Ya teníamos una pequeña parcela de tierra, pero aquello nos impulsó y entonces todos, mi esposa, mis hijos, pues vamos a pedir más tierra y ahí empezamos, la cosa ha ido muy bien”.

Luicerky es la que más sueña con el desarrollo agrícola, “me uní a mi esposo desde el comienzo con la herrería, estuve con él, en los buenos y malos momentos, tratando de que nuestro proyecto continúe para ayudar a nuestra familia y a otros también.

Participar en ese evento me permitió conocer a mujeres productoras con mucha experiencia y me sumé, para dedicarme a la agricultura, quisiera comenzar con la cría extensiva de ganado menor y cerdos”.
Cuentan con el asesoramiento de especialistas de la Universidad Hermanos Saíz Montes de Oca, la enfermera que hay en ella se ilusiona: “La leche de cabra es muy buena para niños que padecen de intolerancia a la leche, y su carne también es muy nutritiva, rica en vitaminas, zinc, baja en grasas, me gustaría con eso contribuir a la alimentación de mujeres embarazadas.
“Estamos en la fase de inicio, comenzando con el pie de cría de las cabras, que nos ayudan con la limpia de las tierras, también tenemos los cerdos, y vamos a empezar a sembrar las plantaciones para el sustento de la masa”.
PROYECCIONES
Nadir sueña con materializar el proyecto de fabricar una máquina extractora de aceite, es un trabajo conjunto que implica a productores, especialistas y se coordina desde la Anec. Ellos, como herrería, aportan la ejecución. “Esperamos tenerla antes de que termine el año, algunos campesinos tienen guardada un poco de semilla para hacerle las pruebas”.
Hay varios requerimientos necesarios, como la temperatura máxima a que se somete el grano para que el aceite no pierda sus propiedades antioxidantes, “que sea saludable, porque después hay que patentarlo, revisarlo, que sea apto para el consumo humano.
Tratamos de desarrollar una idea y no lo hacemos solos, productores de Consolación del Sur están con nosotros, al igual que Dagoberto, un ingeniero que trabajó por muchos años en Componentes Electrónicos, y otros técnicos y especialistas”.
Entre las prioridades del diseño se encuentra que la energía que demande se pueda suministrar con fuentes renovables. “Los que quieran, los que vean que esto puede ser una luz al final del túnel que se unan, aceptamos ayuda de todo el que pueda aportar, indicar, saber dónde hay un reductor, un motor que esté por debajo de tres caballos de fuerza; quisiéramos estar más avanzados y que se integren más personas interesadas, pero estamos contentos con lo que estamos logrando”.
En Herrería Morejón se labora con fuego y metal, pero desde el alma, en una forja familiar. Luicerky lo resume: “Es algo maravilloso saber que tu familia está contigo, te está apoyando. La familia es el núcleo, sin ella no somos nada, y una vez que podamos sustentarnos nosotros, ayudar a otras personas que se puedan beneficiar de estas cosas que estamos haciendo, realmente es un gran gozo; el país está pasando por dificultades y de lo poquito que tenemos, poder dar es una gran satisfacción”.
