La presencia del Comandante en Jefe en nuestra provincia de Pinar del Río, en diferentes ocasiones y por asuntos de varias índoles, quedarán por siempre atesorados entre las más fascinantes memorias que cualquiera de quienes lo acompañaron pudiesen tener.

Cómo olvidar las visitas para analizar o presidir un pleno del partido, para acompañar a los campesinos en una siembra, para estudiar un cultivo, o para acompañarnos en medio de huracanes y desastres climatológico.
Una de sus tantas visitas a la provincia vueltabajera tuvo lugar el 22 de agosto de 1992, fecha en que Fidel llegó hasta la demarcación de Pilotos en el municipio de Consolación del Sur.
Allí, visitó diferentes estructuras campesinas, conversó con los pobladores y se interesó por los cultivos del momento y la experiencia de los productores con el mismo.
Hoy, a más de 24 años, Esther y Zoe Valdés, dos hermanas residentes del lugar, recuerdan ese histórico momento con memorias, alegrías y también un poco de tristeza.

UNA VISITA IMPORTANTE
Esther Valdés trabajaba como cuadro del partido, cuando María del Carmen Concepción, primera secretaria del órgano por aquel entonces, la llamó para anunciarle que estuviera lista, pues a su localidad llegaría una visita importante.

Según cuenta esta piloteña, las indicaciones, entre otras, eran las de avisarle también a su hermana Zoe, quien se desempeñaba como económica principal de la cooperativa “Eliseo Caamaño”.
“Recuerdo que Carmita me dijo: “Vayan para la CPA y espérennos allí que ya vamos llegando, estamos en la autopista”. Realmente no sabíamos que vendría Fidel. Y cuando llegaron los autos y él se bajó… imagínate… ¡qué emoción!”.
“En ese momento no lo asimililábamos. Estar cerca de Fidel era lo más grande que pudiera pasarte en aquellos años. Poder hablar con él, sentirlo cercano, humano, compañero… no puedo explicarte”.
Esther cuenta que tras los saludos iniciales y las acostumbradas bromas del líder para hacer sentir especiales a los demás y relajar posibles tensiones, pidió ir hacia un campo de frijoles que tenían un rendimiento excelente.
“Fidel era muy sagaz, y todo, tolo lo preguntaba. Él quería saber cómo era la siembra, y la productividad de esa variedad de frijol. Su interés residía en llevar nuestra experiencia con aquel cultivo hacia otras provincias. Estábamos en pleno período especial y había que hacer más con menos”.
Una de las cosas que más sorprendió a Esther, fue que la visita sucedió un domingo sobre las cinco o seis de la tarde, horario en que ya todo estaba en calma.
“¿Quién se iba a imaginar que nuestro comandante vendría ese día y a esa hora? El que precisamente él estuviera haciendo ese recorrido un día de descanso dice muchísimo de él. Tomar su tiempo para revisar la economía de una cooperativa pequeña en un lugar aislado del municipio, para conocer nuestras experiencias y trasladarlas al resto del país… inmenso”.

“Fidel siempre preguntaba todo, incluso cuando pensabas que ya había terminado de preguntar, se interesaba por otro asunto, él quería siempre estar al tanto de todo y de todos. Al concluir con la cooperativa, dio algunas vueltas por el pueblo, y todos sin excepción querían estrecharle la mano”.
“Puedo decirte que esa ha sido la mejor experiencia y uno de los mejores recuerdos que tengo de toda mi vida. El solo hecho de poder compartir con él, sin distancias, fue maravilloso”.
“Fidel es de esas personas grandes, inmensas, de esas que te da miedo solo estar a su lado. Pero él tenía un don. Enseguida te hacía entrar en confianza, te daba seguridad, se rebajaba a tu altura, te abrazaba, y en segundos era un amigo más”.
SALÍ CORRIENDO Y AGARRÉ LO PRIMERO QUE VI
Por su parte, Zoe, asegura que fue un día muy alegre, y que hasta hoy no encuentra las palabras para describir el tiempo que pasó acompañando al comandante.
“Yo estaba en mi casa atizando carbón, y cuando me dijeron que me preparara que él venía, salí corriendo y agarré las primera ropa que alcancé. Fui corriendo para la cooperativa para esperarlo”.
“Cuando se bajó del carro me abrazó, y ahí yo sentí que todos mis miedos se empezaban disipar, porque él tenía esa magia consigo, te hacía sentir especial solo con su mirada o su atención”.
“Ver a Fidel de cerca, saludando a la gente, a los campesinos, sin decir “yo soy el presidente”, sino que integrándose como uno más de nosotros, eso es humildad. La gente no olvida esos detalles, aunque parezcan simples”.

Como su hermana, Zoe también recuerda que la primera solicitud fue la de ir a ver los frijoles y la sesbania.
“Nos preguntó si creíamos que estas plantaciones darían resultados, y le aseguramos que sí, pues ya teníamos resultados palpables. También preguntó por la escogida que teníamos en mente hacer y él la aprobó”.
Zoe asegura que al hacerse eco que Fidel estaba en Pilotos, todos corrieron hacia dónde él estaba coreando ¡Fidel… Fidel… Fidel! Era un mar de pueblo, según recuerda.
“La gente no le daba chance de hablar siquiera. Es que todo el mundo quería tocarlo, saludarlo, abrazarlo. Él venía en el carro, y al ver al pueblo, se bajó, caminó entre las personas, las saludó con ese carisma que solo él tenía y con una amabilidad inconmensurable”.
“También caminó por el parque, donde hay una tarja a Antonio Maceo y dijo “déjame sentarme un ratico en este parque con este fresco tan rico”… pero que va, las personas no lo dejaron descansar. Era un mar de pueblo lo que tenía alrededor”.
Con una diligencia y sagacidad impresionante, Zoe rememora además cómo el comandante indagó sobre las principales preocupaciones y necesidades de los piloteños.
“En un momento determinado se sentó a mi lado y me preguntó serio: ¿Qué necesitan? Yo le respondí que las necesidades eran muchas pero que nosotros las íbamos resolviendo conforme se presentaran”.
“¿Necesitas bicicletas? Me volvió a preguntar. Claro comandante, le respondí, e inmediatamente precisó: ¿Cuántas quieres? Yo me puse nerviosa y le dije: no comandante, las que usted pueda, y sin titubear me dijo te voy a dar 56 para que las repartas entre los campesinos que las necesiten”.
FIDEL ES INMENSO
“La Imagen de Fidel siempre ha sido y será la misma, tanto para los que tuvimos la suerte y la dicha de conocerlo e intercambiar con él, como para aquellos que solo lo veían por el televisor y en las grandes convenciones”, asegura Zoe.

Esther, por su parte, menciona que el líder siempre estará ahí, donde se le necesite y donde se invoque su fuerza y su nombre, pues no hay tarea que los cubanos no hagan si se menciona su ejemplo.
“Siempre con una sonrisa, siempre con una palabra amiga, siempre preocupado, siempre haciendo, siempre trabajando, estudiando, luchando, venciendo… esa es la imagen que tenemos todos los cubanos y la que prevalece hoy en cada corazón que lata por esta tierra”.
“Cuando él falleció, yo estaba en La Habana con un sobrino mío que estaba muy grave en Ameijeiras. La noticia nos impactó muchísimo. Pasamos unos días muy tristes”, aseguró Esther.
“De él no se puede hablar en pasado. Él está aquí, con nosotros, luchando cada día. Puedo decirte que sin temor a equivocarme, que él está tras a sonrisa de cada niño, tras cada logro de esta revolución. Ahí está Fidel más vivo que nunca”.
“Yo tengo que decirte que todavía tengo guardada, casi como un tesoro, la ropa que me puse ese día que Fidel vino. Y cada vez que la veo, que la toco, siento su mano en mi hombro, siento su presencia. A veces hay días malos en los que digo: Voy a ponerme la ropa de cuando vino Fidel, porque sé que él estará conmigo y me hará salir victoriosa de cada problema que se presente”.