Por Rodolfo Acosta Padrón
La noche del 13 agosto de 1957, dos jóvenes hermanos: Luis y Sergio Saíz Montes de Oca, de 18 y 17 años, respectivamente, regaban su sangre en las calles de San Juan y Martínez, lindo pueblo de palmas, montañas, vegas de tabaco, ríos y estadio de béisbol.
El horroroso y desgarrador crimen con disparos a quemarropa era ejecutado por un bárbaro guardia asesino de la dictadura batistiana, poco después de las 7:30 p.m., frente a la taquilla del cine Marta. Primero sería Luis a quien el asesino trató de registrar violentamente, y segundos más tarde Sergio, quien al ver a su hermano en el suelo, abriéndose la camisa, le espetó: “Asesino, has matado a mi hermano, hazlo conmigo también».
Ante los cadáveres muertos con un himno en la garganta, el pueblo despertó, enardecido clamó, lloró y se llenó de honra para los jóvenes que dejaban la vida cómoda y el calor de la casa por el riesgo de la calle, la persecución de la guardia rural y los escritos, narraciones y poemas comprometidos con la justicia, la noción del bien y el sentimiento del dolor y de la dignidad. El pueblo sabe de los pensamientos rebeldes que se agitaban en las mentes de los dos jóvenes, los bendice y los sigue abrazando como tesoros inmortales del alma que son.
Hijos de Esther, maestra, y de Luis, juez del pueblo, andaban los jóvenes con llama en sus ojos en busca de pan y justicia para los humildes, apoyando la lucha revolucionaria que había comenzado en la Sierra Maestra. De ideas martianas y patrióticas inculcadas en casa, los hermanos ya habían perfilado su pensamiento en favor de la justicia social, de los desposeídos, la reforma agraria, la educación, la cultura y la lucha contra la discriminación social. En el documento ¿Por qué luchamos?, escrito por Luis, este esboza el papel de la revolución en la conquista de sus objetivos.
Miembros del 26 de Julio, estudiante de Derecho de la Universidad de La Habana Luis, y del bachillerato en la ciudad de Pinar del Río Sergio, ambos encabezaron manifestaciones y realizaron acciones revolucionarias bajo vientos y tempestades para derrocar a la tiranía, hecho que tuvo lugar el primero de enero de 1959, para satisfacer las ansias de la Patria.
Qué pensamiento tan profundo y corazón tan tierno el de aquellos jóvenes para preocuparse a tan temprana edad por los pobres y humildes. Ello solo es posible gracias a la educación recibida en el hogar por sus padres. Un año más tarde, Esther escribiría: “Hombres dignos en su manera de pensar, que se irguieron verticales en la vida, como lo hicieron ante la muerte». La noche del crimen, le habían dicho a su madre: “No temas, algún día te sentirás orgullosa de nosotros”.
Desde entonces, sus nombres han marcado cada organización, granja o cooperativa en su pueblo natal. Han sido ejemplo para las generaciones posteriores, estirpes y estampas de instituciones como la antigua secundaria básica Hermanos Saíz, donde históricos profetas, profesores y estudiantes honran su legado. Allí conocimos a la legendaria madre y profesora Esther, de mirada larga, voz suave y serena, rostro triste y callado cargando el sufrimiento y las tristezas de años, pero erguida como siempre.
Hoy en día, el pueblo lleva consigo el dolor infinito, entre vegas de tabaco y palmares vive orgulloso de sus héroes Luis y Sergio, de la familia Saíz Montes de Oca y la obra revolucionaria y literaria dejada a nosotros, pueblo sanjuanero y cubano, cuya lágrima pesada y ardiente no muere, y el alma crece.
