Por doctor Rodolfo Acosta Padrón
Frank Lloyd Wright es uno de los genios creativos más grandes del siglo pasado, arquitecto incansable y prolífico, diseñador de interiores, escritor y educador estadounidense.
Wright nació el ocho de junio de 1867 en Wisconsin, Estados Unidos, y falleció en Phoenix, Arizona, el nueve de abril de 1959. Desde niño pensó en convertirse en el más grande arquitecto de todos los tiempos, y así fue, sin menoscabar a su querido maestro Louis Sullivan (1856-1924) y al gran maestro suizo nacionalizado francés Le Corbusier (1887-1965).
El iconoclasta e inconformista arquitecto diseñó más de mil obras, de las cuales se completaron 532, algunas de las cuales son edificios emblemáticos del mundo, entre ellos, su obra más simbólica la Casa de la Cascada. Asimismo, ejecutó la construcción de Robie House, en Chicago; el Imperial Hotel, en Japón a finales de los años ‘30; el Falling Water, en Pennsylvania, con fuego, roca y agua, con las esquinas interiores disueltas en cristal y los espacios interiores extendidos a través de los balcones hacia el paisaje exterior; además de haber diseñado y ejecutado el Larkin Company, en New York, de oficinas en los balcones y alumbrado de forma natural con la luz solar.
En 2019, la Unesco declaró ocho de sus edificios —entre ellos el Museo Guggenheim y el Templo Unity— patrimonios de la Humanidad.
Con su obra honraba su gran idea: «El más alto y frío tipo de moralidad es la belleza». Criticaba la idea de la casa como un cajón de ladrillos o de madera, y afirmaba: «Una casa es un trabajo de arte». Veía la belleza como el resultado del crecimiento de la casa desde adentro hacia afuera, en armonía con el entorno natural. «La forma tiene expresión», decía, y añadía: «No puedes poner la forma de la madera en piedra, ella aparece con la naturaleza del material».
Posiblemente, algunas cualidades de su estilo aparecen en edificios simbólicos en Pinar del Río como son la famosa construcción de Márquez en Río Seco; la casa Linares en Martí final; el majestuoso edificio de la Alameda, antiguo hospital, y el Hotel Pinar del Río, todos en armonía con el entorno.
Otras construcciones de la ciudad poseen también cualidades del estilo Wright: aberturas para dejar entrar el aire y el sol, techo plano, ventanas largas, salones espaciosos y paredes de ladrillos sin repellar.
Wright definió la arquitectura orgánica como el respeto por las propiedades de los materiales y el entorno ambiental —no se retuerce el acero para darle forma de flor. Clamaba por el respeto a la relación armoniosa entre forma, diseño y función del edificio. Por ejemplo, rechazaba la idea de que un banco pareciera un templo griego.
Su obra incluye ejemplos originales e innovadores de diversos tipos de edificios como oficinas, iglesias, escuelas, rascacielos, hoteles y museos. Wright también diseñó muchos de los elementos interiores de sus edificios como el mobiliario, las vidrieras y las alfombras.
Transformó la arquitectura moderna con una visión de conjunto de la obra. Encontró el sustento de la arquitectura moderna en la naturaleza y el romanticismo del ser humano. La obra debe ser bella y funcional como parte del entorno para que lo engalane. El entorno y los materiales determinan su forma, no se puede imaginar la casa fuera del entorno donde se ha construido. Debe haber unidad y sentido del espacio como corresponde al hombre libre.

