No pensó Sofía que duraría tan poco en su puesto de trabajo. Hacía tiempo que buscaba otro empleo, uno que, junto al que desempeña desde que se graduó en 2015, le permitiera llegar a fin de mes.
Pasando factura a sus horas de descanso decidió emplearse como dependienta en un punto de venta. Las horas pesaban sobre sus párpados, pero no hay sacrificio que no se haga para llevar un plato de comida a la mesa del hogar.
El resto de la familia también decidió ayudar, por eso, cuando llegaba a casa tenía una parte importante de las tareas adelantadas. Dos salarios son más que uno, sobre todo, si el segundo llega cada 15 días y los clientes son bondadosos.
Sofía entregó su carné de salud y su chequeo preempleo, pero nunca llegó a firmar un contrato. Hace apenas una semana recibió un mensaje vía WhatsApp: “Ve a recoger tu liquidación, no vas a trabajar más”.
Los porqués de esta decisión no llegaron nunca. En el sector privado los jefes no tienen la obligación de dar explicaciones o, al menos, eso creen muchos.
Las proyecciones para el mes se desmoronaron como un castillo de naipes. Fue necesario reducir gastos, que en realidad formaban parte de las necesidades básicas y, desde entonces, busca otro empleo que ayude a mejorar su economía familiar.
Sofía sabe que en su centro de trabajo principal hay un Órgano de Justicia Laboral, pero no en el negocio particular, y ese es precisamente uno de los avances del nuevo Código del Trabajo que se llevará a la Asamblea Nacional del Poder Popular: colocar en igualdad de derechos y deberes a trabajadores y empleadores estatales y no estatales.
Más que un ejercicio legislativo, la actualización del Código responde a una urgencia, sustentada en fundamentos de hecho y de derecho que reflejan la evolución del país en los últimos años, según afirmara el ministro del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social a finales de 2025.
Las leyes deben parecerse a los países que las aprueban, es como un traje a la medida de las sociedades, de ahí que ante cambios sustanciales de índole social, económica y laboral, sea necesaria la aprobación de una reforma.
Desde 2013, año en el que se aprobó el código vigente, han sido palpables las transformaciones del país: surgieron nuevos actores económicos, diversos tipos de empleadores, formas de gestión y la Constitución de 2019 amplió los derechos al trabajo digno, la participación laboral y el acceso a la justicia, tal como ratificara Guillermo Ferriol Molina, presidente de la Sociedad Cubana de Derecho del Trabajo y de Seguridad Social de la Unión Nacional de Juristas de Cuba (UNJC), al explicar a la prensa por qué el texto legal refuerza los compromisos internacionales asumidos por Cuba ante la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
Lo cierto es que la nueva norma no distingue ya entre empleadores y trabajadores, sino que se habla de “personas trabajadoras”, y establece que no se puede usar un contrato de manera determinada cuando la actividad que se desempeña es permanente. Una vez superado el periodo de prueba se deberá firmar un contrato por tiempo indeterminado.
Pero en la práctica, ¿ocurre siempre así?, y ¿si son despedidos antes de que concluya el tiempo de prueba? ¿Y si nunca llega a tener un trabajador contratado y son despedidos de forma regular antes de los seis meses?
Si bien es cierto que también en las administraciones estatales se cometen injusticias, es real que son mayores las oportunidades de “ganar la batalla”.
No puede ser Cuba jamás ese lugar en el que manda el que más tiene. Y aun sabiendo que hoy no todos poseen las mismas oportunidades ni iguales condiciones y nivel de vida, en un contexto en el que las brechas fragmentan la sociedad, el hombre y la mujer trabajadora deberán ser siempre la columna vertebral de la nación.
Las novedades del nuevo Código son ambiciosas, pero no serán jamás un texto vivo si lo condenamos desde antes y no visualizamos en el entorno actual esos atisbos de irregularidades que atentan, primero que todo, ante el cubano de a pie, y por ende, a esa máxima martiana que rige la Constitución: “Yo quiero que la ley primera de nuestra República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”.
