Este 19 de mayo se cumplen 131 años de la caída en combate del Héroe Nacional José Martí, y la naturaleza pinareña parece haberle rendido un homenaje eterno en la Sierra de Guasasa
En la carretera que enlaza el Valle de Viñales con el valle San Vicente, tres mogotes se alinean de manera singular. Desde un punto preciso, sus cimas dibujan el perfil del Héroe Nacional, con la frente, la nariz, el bigote y la barbilla orientados hacia el sol.
La primera referencia documentada se remonta a 1971, cuando Onaney Muñiz, investigador del Instituto Nacional de Geografía, identificó la formación durante una excursión al sitio conocido como El Infierno. Desde entonces, el fenómeno ha despertado la curiosidad de especialistas y visitantes.
Las elevaciones, que oscilan entre los 350 y 440 metros de altura, se acompañan de símbolos naturales: a la izquierda, una palma real, emblema de Cuba; a la derecha, un pino, insignia de la provincia más occidental. La coincidencia refuerza la carga simbólica de este paisaje único.
El “Martí yacente” es la única formación natural en Cuba que evoca directamente la figura del Apóstol. Su imagen parece dialogar con los versos de Odio la máscara y vicio: “Duermo en mi cama de roca,
Mi sueño dulce y profundo:
Roza una abeja en mi boca
Y crece en mi cuerpo el mundo…”
El paisaje pinareño ha inspirado comparaciones diversas. Federico García Lorca, en su paso por el Valle de Los Jazmines, describió las montañas como una manada de elefantes dormidos. Los pobladores de Vueltabajo también han bautizado otras elevaciones con nombres que reflejan su imaginación. Sin embargo, ninguna alcanza la autenticidad y el poder evocador del mogote que eterniza la figura del autor de La Edad de Oro.
Este 19 de mayo, cuando se cumplen 131 años de su muerte en Dos Ríos, el “Martí yacente” es un recordatorio de que el Apóstol sigue presente en la memoria colectiva de Cuba, mirando al sol, como símbolo de vida, libertad y esperanza.
