Al joven de 26 años, Frank León Sánchez, no le gusta mucho hablar de sí mismo, por eso en todas las preguntas menciona a sus compañeros de trabajo y a su empresa, lo que nos hace pensar que es de los que considera que en el colectivo está lo más importante, lo más preciado.
Desde hace tres años labora en la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (Etecsa) en Pinar del Río, y lo único que pide en nuestro diálogo es la oportunidad de poder dar las gracias a los trabajadores de su centro, por su sentido humanista y por la ayuda que le prestaron a él y a su familia cuando lo necesitaron.
No habla más, no explica, pero es en este momento, con esas precisas palabras, que corroboramos que con personas como Frank se pueden construir grandes obras, porque no hay individualismo en ninguna de sus respuestas, pero sí mucha modestia y disposición para reconocer a los demás, y también para solucionar los problemas.
Al preguntar por él, una de sus compañeras nos lo describió como muy inteligente, pero también disciplinado, y poco a poco, con estas impresiones y con el énfasis de Frank en empequeñecer su faena individual, nos percatamos de cuánto puede aportar su ejemplo como joven y profesional.
Graduado de ingeniería en Telecomunicaciones y Electrónica trabaja de técnico en Telemática en la unidad de pizarras privadas.
“Básicamente atendemos el servicio de pizarras en toda la provincia, que es el que permite la comunicación entre las instituciones (dígase hospitales, hoteles, centros de servicios) y la red pública, e internamente.
“Somos ocho en la unidad, cada uno con su especialidad, pero al final del día trabajamos todos en conjunto. Para mis compañeros solo tengo palabras de agradecimiento. Desde que llegué, me han acogido como uno más y han atendido mis dudas sobre la tecnología que trabajamos. Gracias a ellos es que hoy puedo desempeñar mi labor con más confianza y eficiencia”.
DE CARENCIAS Y DE QUERER HACER
Le hablamos de las carencias actuales y de cómo puede o no llegar a obstaculizar el trabajo.
“No es un secreto para nadie que se hace muy difícil reparar sin materiales. La gran mayoría de las veces nos vemos obligados a tirar del ingenio, o a buscar la solución menos práctica, pero efectiva. Es frustrante, pero se trata siempre de ayudar a todos los que se pueda.

“Dentro de nuestras responsabilidades están los contratos por mantenimiento a la tecnología, que también se vuelven complicados por la escasez de recursos. Están distribuidos en toda la provincia, y cada cierto tiempo tenemos que desplazarnos a otros municipios para realizarlos. Esto trae otro inconveniente, que es el combustible para el transporte. Pero son cosas que escapan a nuestro control.
“En la unidad contamos con tecnología ya obsoleta que no ha podido actualizarse como se debe por las limitaciones. Mucha es analógica, y eso supone una serie de problemas específicos. Lo ideal sería una migración a las comunicaciones por IP, pero esta necesita unas condiciones de eficiencia que en la actual situación electroenergética se vuelven muy difíciles.
“No considero que haga nada extraordinario, o fuera de mis deberes. La situación es la que es, y como trabajadores no podemos estar ajenos a las exigencias del cliente. Es difícil conseguir la calidad que queremos, pero se trabaja para ello”.
Sobre un trabajo que realizaron en el hospital Abel Santamaría nos explicó:
“El ‘Hospital Nuevo’ tiene una serie de características de conectividad que son únicas, respecto a nuestros demás clientes de pizarra. Debido a esto, se le habilitó una posibilidad de conexión telefónica a través de los puntos inalámbricos. Es una solución gratuita y que no requiere teléfono físico, sino un celular.
“Es algo muy nuevo y quizás no llama tanto la atención como debería, pero es la evolución natural de las comunicaciones hacia el mundo IP. Y estamos convencidos de que cuando los trabajadores del hospital prueben sus beneficios, más personas lo usarán”.
FRANK, LOS RETOS Y ETECSA

Considera que todas las empresas tienen sus retos, pero él nos habló de Etecsa, donde al principio le costó adaptarse y se sintió abrumado por la cantidad de información que le llegaba de todos lados.
“Los trabajadores de más experiencia le prestan especial atención a los adiestrados, incluso, sin ser de la misma área. Lo que más me ayudó a nivel personal fue el trabajo mismo. Solucionar interrupciones en las que intervienen varios departamentos en conjunto, fortalece el lazo y constantemente estoy aprendiendo.
“En la unidad somos de distintas generaciones. Y ese choque de experiencias y puntos de vista es lo que nos vuelve una minifamilia, con sus pros y contras, pero familia al fin”.
Nos contó Frank una anécdota que le ocurrió a los pocos meses de haber comenzado como adiestrado.
“Gran parte de la unidad se encontraba fuera del municipio. Yo era de los que se había quedado. Y ocurrió una interrupción en el servicio del Pediátrico. Había recopilado conocimientos, pero no los suficientes, entonces tuve que trabajar como mejor pude, con la ayuda de otras unidades de gestión que me echaron una mano. Nervioso, porque no quería romper nada, pero al final se solucionó. Ese tipo de labor es el que de verdad prepara al trabajador”.
Le preguntamos si se considera un muchacho serio, con humildad nos dijo que no sabía bien responder a eso.
“Si hablas con mis amistades personales, te dirán que no, y si lo haces con mis compañeros de trabajo, te dirán que sí. Creo que el trabajo conlleva un nivel de respeto adecuado, porque al final muestras una imagen que te afecta a ti y a la Empresa”.
A pesar de su juventud, la responsabilidad es un atributo de Frank.
“Creo que la respuesta es fácil, se lo debo a mi papá y a mi mamá. Vengo de una familia que movía cielo y tierra cuando alguien tenía problemas, y creo que se me pegó, supongo. Además, no veo que sea algo extraordinario, es solamente cuidar lo que es importante”.
