¿Alguna vez te has quedado mirando la ‘ñ’ de montaña y has pensado de dónde salió? Si crees que te sabes el idioma al derecho y al revés, sigue leyendo.
Desde las notas escritas hace mil años hasta la palabra más larga del diccionario, el español guarda tesoros que ni los más estudiosos se imaginan. Por ejemplo, el origen de nuestra querida ‘ñ’ es todo un cuento medieval: antes de que existiera, los monjes copistas tenían un problema grave con el espacio en los costosos pergaminos. Escribir nn (como en anno) era un lujo que no podían permitirse, así que decidieron poner una ‘n’ pequeñita encima de la otra. Así nació ese garabato (~) que hoy conocemos como virgulilla. Eso ocurrió hace nueve siglos, pero no fue hasta 1803 que la Real Academia Española la incluyó oficialmente en el diccionario.
Otra curiosidad que sacude la memoria de quienes aprendieron el abecedario cantando “elle” es que la ‘ch’ y la ‘ll’ ya no son letras del alfabeto. En 1994, las Academias de la Lengua decidieron echarlas del abecedario, aunque las usamos a diario en palabras como muchacho o llave. La razón es puramente técnica: se trata de dígrafos, es decir, uniones de dos letras que representan un solo sonido. Pero que no cunda el pánico: siguen vivitas y coleando en el teclado y en el habla cotidiana. Para ser exactos, el alfabeto español quedó desde entonces con 27 letras.
Y hablando de expansión, el español no solo es pasión y cultura, también es negocio y poder. Con casi 600 millones de hablantes, es el segundo idioma más rápido del mundo (solo superado por el japonés) y el segundo más usado en redes sociales como Facebook o Twitter.
Pero lo más curioso —y que muchos pinareños desconocen— es que es oficial en países de tres continentes: en América (la mayoría), en Europa (España) y también en África, gracias a Guinea Ecuatorial. Incluso dejó una huella profunda en Filipinas, en Asia, donde todavía se usan palabras como kuwarta (que viene de “cuarta” o moneda) o trabaho (trabajo). Vaya, que el idioma de Cervantes es más viajero que un guajiro en moto.
Por último, ¿te has preguntado cuál es la palabra más larga del diccionario? La Real Academia dice que electroencefalografista, con 23 letras. Sin embargo, existe una palabra trampa que tiene 33: hipopotomonstrosesquipedaliofobia. Lo gracioso no es solo su tamaño descomunal, sino su significado: «miedo a las palabras largas». Un chiste lingüístico que algún sabio con mucho tiempo libre inventó para divertirse a costa de los que sufren con los vocablos extensos. Bueno, ya sabemos que la lengua es el alma de un pueblo, así que la próxima vez que escribas una carta al director, comentes el parte del béisbol o simplemente leas estas líneas, recuerda que cada palabra que usas tiene mil años de historia, cuídala y úsala bien, que el español es también nuestro territorio.
