Comencemos por arribita esta semana, ¿le parece?
No es necesario explicar mucho el tema que le propongo debatir en las líneas subsiguientes para esta ocasión, pues basta abrir los ojos para notarla, respirarla, vivirla, sufrirla.
Le hablo de la vida, de las vicisitudes diarias, de los problemas que nos aquejan, de las malas decisiones gubernamentales… le hablo de la crisis económica que nos aprieta gargantas y bolsillos y que nos lacera el alma.
No solo son los precios, no. Esto que nos ennegrece hoy también tiene que ver con actitudes, responsabilidades, deseos de hacer las cosas bien, y de prever —al menos en un futuro ligeramente mediato— el tan deseado bienestar que tanto se necesita en la Isla.
Y es que somos, en muy frecuentes ocasiones, víctimas inocentes de las malas o inoportunas decisiones que se toman. ¿Ejemplos? A usted le sobrarán al igual que a sus vecinos y que a este escriba. ¿El último? Pues la fatídica estrategia de eliminar topes de precios a productos de primera necesidad como el aceite, pollo y demás.
Por suerte, rectificar es de sabios, como dijera el refranero popular, y ya son varias provincias, incluida la nuestra, las que han enmendado el error y comenzado a actuar en consecuencia con ello.
Según he podido observar, las sanciones, en caso de violar lo dispuesto serían, entre otras, el decomiso, las ventas forzadas o cuantiosas cuotas a pagar por los infractores.
Sin embargo, si usted lo piensa, esta nueva curita no será suficiente.
Preguntémonos y analicemos con cabeza fría lo que sucederá de ahora en adelante en cada esquina, quiosco o entrecalles, porque bobos no somos, y ya conocemos que las dinámicas sociales aquí se mueven muy por debajo del telón, obviando lo acuñado en papel.
Y es lógico, en la mente de un negociante inescrupuloso que compró grandes cantidades de productos a precios caros, para revenderlos aún más caros, toda pérdida ahora resultaría inaceptable.
Si se habrá dado cuenta, algunos, como el aceite, ya ha comenzado a ser retirado de estantes y demás, se ha sacado de la circulación pública para ser comercializado por la izquierda.
Esa es una mercancía que se esconderá y circulará por los conocidos grupos de WhatsApp mediante el “ve a casa de fulano de parte mía”, y así se moverá por circuitos y canales controlados por sus tenentes.
Por otra parte, es preciso entender, además, que como comentamos, el precio topado ya no existe y en su lugar ahora se fijan solo referencias, por lo que las compras se ensombrecen más, el mercado informal crece y la oportunidad de subir progresivamente bajo una presunta legalidad de oferta y demanda es posible.
Entonces, ¿qué podemos hacer nosotros los de a pie?
Lo más importante es entender —a modo de ver muy personal— que nuestros problemas no se van resolver solo porque se disponga un decreto, sino con un control estricto, minucioso y real en las calles y establecimientos.
Por supuesto, la denuncia ciudadana, la de usted y la mía al sentirnos agredidos, también es vital.
No hablo solo de denunciar los negocios turbios o las ventas desvergonzadas y ocultas, sino también el acaparamiento, las reventas sin licencias y otros que tanto usted conoce.
“Concho periodista, pero es que tenemos que resolver”, pudieran decir algunos, y no los culpo, pues en medio de esta tensa situación al final del día pudiera parecer que gana más quien logra “resolver”, que quien denuncia, por aquello de llevar algo a la mesa en el caso del primero, y de ser mal visto en el caso del segundo.
Pero es que en este esquema, las fuerzas del orden y los inspectores reglamentados y jurados deben apoyar con sus mejores esfuerzos y medidas ejemplarizantes, y no dejarse seducir ni llevar por las “mieles” que en su momento describió nuestro Comandante en Jefe.
Recuerde que uno solo de nosotros no hace la diferencia, pero juntos, juntos somos una fuerza imparable, determinada, justa y convencida de que al actuar lo estamos haciendo por y para el bien de todos.
