Ser consecuentes por la vida

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Cuatro aspirinas, una taza de miel con limón y para la calle. “Total, si solo se mueren los hipertensos y los diabéticos, los demás lo pasan asintomáticos”. Es esta una de las teorías que aún ronda por las mentes de algunos que al parecer se creen inmunes a la COVID-19.

Lamentablemente, la cifra de fallecidos es más que números: son familias que se han quebrado para siempre por la pérdida de un ser querido que no merecía tal destino.

Una realidad es que las personas con antecedentes de otras patologías, además de los adultos mayores, llevan la peor parte, pero esto no es sinónimo de que el resto sea invulnerable.

Bien claro lo dijo el doctor Francisco Durán García, que la fase de recuperación no sería hasta el día 28 después de que el último caso registrado esté de alta, y aún estamos lejos de lo que sería una muy feliz noticia.

Entonces, ¿por qué en algunos territorios aún se ven personas conversando en grupos en una esquina como si nada ocurriera?, ¿por qué continúan las aglomeraciones sin tomar la distancia requerida?, ¿es este el momento apropiado para hacer visitas?

El hecho de que en la provincia no se registren casos por varios días y se haya levantado la cuarentena en la comunidad consolareña Camilo Cienfuegos no significa que la situación está resuelta, que la guerra ha terminado.

Ahora es cuando hay que extremar las precauciones para que no surjan más casos a causa de la indisciplina y la irresponsabilidad, pues tal vez lo más peligroso de la situación es la cantidad de casos asintomáticos que se reportan cada día.

Permanecer tanto tiempo sin salir de casa puede ser agobiante, aún más para los adolescentes que ansían reunirse con amigos, celebrar acontecimientos importantes o simplemente dar una vuelta para “despejar”.

Las frustraciones que puedan sentir en estos momentos se multiplican si la convivencia entre diferentes generaciones se torna difícil.

En muchos de los hogares cubanos hay un adulto mayor, quienes constituyen personas de riesgo ante el coronavirus. ¿No es esta la hora de que los jóvenes cuiden la salud de esos diabéticos e hipertensos más que nunca?

Quedarse en casa no es teque, no es consigna ni muela, es la única manera de cortar la propagación de una enfermedad que cada día se anota miles y miles de fallecidos en todo el mundo.

Por difícil que resulte hay que cambiar las rutinas, tal vez realizar proyectos en familia;  propiciar una mejor comunicación con nuestros hijos, motivarlos a que piensen en el futuro, estimularlos a que se involucren en las tareas del hogar o empleen su tiempo en opciones creativas que los ayude a mantener las neuronas activas.

Corresponde a los padres velar porque tomen conciencia del peligro al que se exponen diariamente sino se actúa en consecuencia con las medidas sanitarias adecuadas y sobre todo mantenerlos informados y actualizados sobre el tema.

Por supuesto, tampoco significa llegar a los extremos y hacer uso o socializar los falsos remedios que rondan las redes. Las “fake news” están de moda y se venden muy bien con discursos que calan muy fácil en mentes inmaduras y ávidas de información.

La solución sí está en nuestras manos: depende de cada uno poder contarles a nuestros nietos en el futuro que con voluntad, disciplina y responsabilidad sobrevivimos a una página triste de la historia de la humanidad.

La realidad trastocada, diferente, que vivimos hoy puede servir de acicate para próximas contiendas, para hacernos más fuertes y valorar a quienes queremos, para no dar por sentado nada de lo que tenemos hoy, para luchar por ser mejores seres humanos, para batallar por la vida.