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La actitud positiva también cura

La actitud positiva también cura

Tras ser diagnosticado de una enfermedad, máxime si es crónica o terminal, cualquier individuo puede pensar que tendrá muchas limitaciones o que sus días están contados. A la mente llegan en ráfagas millones de preguntas y empiezan a despertarse de forma incontrolada emociones negativas: negación, rabia, ira, el dolor... Entonces la tristeza y el abatimiento inundan a la persona.

Eso es normal y no tienes por qué alarmarte si es así, lo importante es la actitud que adoptes pasada esa fase inicial. Esta es la diferencia que marcará la diferencia, así coinciden los especialistas en Psicología.

Los expertos de la Sociedad Anticancerosa de Venezuela plantean que el optimismo y la esperanza son dos emociones fundamentales que nos sirven de herramientas para luchar contra la enfermedad.

“El optimismo es un estado de ánimo que provee fortaleza y autoconfianza, que nos inspira a luchar y a tener la seguridad de que podemos lograr lo que nos proponemos.

“La esperanza, más que un estado de ánimo, es un sentimiento positivo que percibimos los seres humanos cuando tenemos la certeza de que las cosas van a salirnos bien”.

A partir de un proceso de consulta de investigaciones científicas sobre el rol del optimismo como predictor de sobrevida en poblaciones de pacientes con cáncer, los especialistas de la Sociedad plantean y citan que la actitud positiva “mejora la depresión causada por contratiempos favoreciendo el rendimiento laboral y la salud física (…) Puede favorecer la adhesión de los tratamientos y quienes eviten depresiones reactivas logran en casos curables menores tasas de recaídas y en cánceres de mal pronóstico, sobrevidas mayores y mejor calidad de vida”.

Afirma Deepak Chopra, médico y neuroendocrinólogo, quien ha estado indagando desde hace años hasta qué punto inciden las actitudes y las emociones en el proceso de la curación de cualquier enfermedad que la actitud positiva también cura.

“En los años que llevo ejerciendo, he conocido a diversos enfermos de cáncer que se han recuperado por completo tras un diagnóstico terminal, personas que a priori tenían unos pocos meses de vida por delante. No creo que fueran casos milagrosos; a mi entender, estos fenómenos demuestran que la mente puede ir más allá, más hondo y cambiar los esquemas fundamentales que diseñan el cuerpo. Puede borrar los errores del programa, por decirlo de alguna forma, y acabar con cualquier enfermedad, ya sea cáncer, diabetes, enfermedades coronarias o cualquier trastorno que haya desordenado el esquema general”.

Por su parte, David Spain, jefe de traumatología y cirugía de cuidados intensivos y profesor en la Escuela Médica de la Universidad de Stanford explica que hay tres factores que inciden en la supervivencia de una persona en urgencias: la genética del individuo, las circunstancias y los intangibles que llama factor X.

“Los factores X no se pueden medir y si no podemos medirlos solemos ignorarlos. Por ejemplo, la personalidad desempeña un papel pequeño pero importante. Un anciano viejo y cascarrabias que es duro como una piedra a menudo se recupera mejor que un enclenque llorón. Luchan hasta el final”.

Como científico Spain dice que sabe que esta generalización es muy poco aceptable, pero sus consideraciones se basan en las evidencias anecdóticas y asegura: “he visto bastantes casos como para creer que la personalidad ejerce algún tipo de influencia. Una disposición optimista mejora los índices de supervivencia en los pacientes”.

Desde su experiencia como jefa del servicio de traumatología del Hospital de Puigcerdà en España Maite Angulo no duda que la actitud en el proceso de recuperación es importante.

“No es una hipótesis, es una evidencia que se traduce en menos estancias hospitalarias o en menos días en recuperar el mismo rango de movilidad tras una operación. Ante una misma lesión, el resultado clínico es mucho mejor en una persona alegre, optimista y que muestra confianza en lo que se le está practicando, que el de un paciente pesimista y que desconfía del médico que le atiende. Compruebo cada semana estas diferencias entre unos pacientes y otros”.

A esta correlación directa entre el cuerpo, la mente y las emociones algunos investigadores lo han bautizado con el nombre de psiconeuroinmunología, “término que se refiere a esa interacción biológica entre el sistema nervioso, el sistema inmune, el sistema endocrino, las actitudes y los comportamientos, y en cómo esta relación afecta en el desarrollo de enfermedades o en sus procesos curativos” conceptualizan los expertos del sitio web El portal del hombre.

Aunque las causas que asocian la buena actitud con mejores resultados en el tratamiento no han sido bien especificadas, desde las experiencias cotidianas la comunidad médica coincide en que el estado de ánimo juega un papel importante en la inmunidad.

La Licenciada en Psicología por la Universidad de Salamanca, Maria Prieto plantea que detrás de toda enfermedad hay sufrimiento, un padecimiento que demanda de nuestro buen hacer para gestionar emociones, por lo que elegir una estrategia de afrontamiento adecuada puede marcar la diferencia entre la curación, la cronificación o la complicación de la propia enfermedad, además de influir de manera significativa en la calidad de vida.

“En general, mantener una actitud positiva ofrece innumerables beneficios físicos, cognitivos, emocionales y sociales. Así, un ambiente relajado favorece el pronóstico de cualquier enfermedad (…) Es recomendable integrar en nuestra rutina tareas que nos ayuden a mantener el optimismo. Escribir un diario, crear un blog, llenar de vitalidad nuestro espacio escuchando música o ponernos en contacto con personas que hayan pasado por una situación similar facilita que la paleta de emociones no quede restringida a las de valencia negativa”.

A esta lista de consejos para desarrollar el optimismo y la esperanza, los estudiosos del tema añaden compartir y expresar lo que siente con quien la persona desee, incluido un especialista médico, darse permiso para llorar, para estar triste y para desahogarse de la manera que cada uno necesite porque esto también forma parte de la mejoría emocional.

Tengamos presente que hay momentos en que el optimismo y la esperanza se ven reducidas por los acontecimientos que se presentan, mas no perdamos de vista que mantener pensamientos negativos de manera constante y exagerada generan sufrimiento y ello debilita tu sistema inmune.

CURIOSO: “Las personas que se sienten víctimas de las circunstancias aumentan su nivel de cortisol, lo que dificulta su curación”, así publicó el diario La Vanguardia.

Sobre el Autor

Yurina Piñeiro Jiménez

Yurina Piñeiro Jiménez

Licenciada en Periodismo en la Universidad Hermanos Saíz de Pinar del Río, Cuba

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