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Los lácteos, saludables pero no todos los toleran bien

Los lácteos, saludables pero no todos los toleran bien

Los lácteos constituyen alimentos fundamentales en la dieta saludable, sin embargo, no todo el mundo los tolera bien. Estos contienen grasas, proteínas y azúcares como la lactosa, el más conocido e importante, que se digiere a través de una enzima llamada lactasa, que permite su absorción.

Precisamente, la intolerancia a la lactosa se origina cuando el intestino delgado no produce la cantidad suficiente de lactasa, explican los expertos del hospital estadounidense Mayo Clinic.

“Por lo general, esta enzima convierte el azúcar de la leche en dos azúcares simples (glucosa y galactosa) que se absorben a través de la mucosa intestinal e ingresan al torrente sanguíneo.

Si tienes deficiencia de ella, la lactosa de los alimentos que consumes se desplaza hasta el colon en lugar de procesarse y absorberse.

En el colon, las bacterias comunes interactúan con la lactosa no digerida, lo que provoca la presencia de síntomas de intolerancia a la lactosa”.

Los estudiosos de las Ciencias Médicas coinciden en que la sintomatología de esta afección de salud suele comenzar entre 30 minutos y dos horas después de haber comido o bebido alimentos que contienen lactosa.

A criterio de los colaboradores médicos del portal digital Muy saludable, los signos más frecuentes que presentan las personas con este padecimiento son: náuseas, dolor abdominal, hinchazón abdominal, sonidos abdominales o borborigmos, distensión abdominal, diarrea, gases, heces con olor fétido, pérdida de peso y estreñimiento por la disminución de la motilidad del intestino.

Sin embargo, estos especialistas advierten que la intolerancia a la lactosa puede causar otros síntomas inespecíficos llamados ‘sistémicos’, que no se presentan en el área intestinal como: fatiga, problemas cutáneos, nerviosismo, cefalea, dolor muscular y articular, úlceras bucales, reacciones alérgicas, sequedad en las mucosas, falta de concentración y depresión.

Explica Francesc Casellas Jordá, doctor del Servicio de Digestivo del Hospital Universitari Vall d’Hebron, de Barcelona, en España, que la producción insuficiente de lactasa puede aparecer en tres situaciones distintas.

“Por un lado existe el déficit primario congénito de lactasa, en el que de una forma heredada existe la ausencia absoluta de la enzima desde los primeros días de vida. Por otro lado existe el déficit secundario de lactasa, que ocurre cuando a consecuencia de una enfermedad intestinal se pierde temporalmente la capacidad de producir dicho catalizador. Sin embargo, la causa más frecuente es el déficit primario adquirido de lactasa, en el que esta se expresa correctamente desde el nacimiento, pero a partir de la infancia se produce una disminución de su producción.

“El déficit primario adquirido es muy frecuente, ya que se presenta en uno de cada tres adultos. En estos casos, la pérdida de la capacidad de producir lactasa intestinal justifica la aparición de síntomas de intolerancia con la toma de leche o lácteos”.

Entre los factores de riesgo que refieren los de Mayo Clinic figuran: la edad avanzada (esta afección es poco frecuente en bebés y en niños pequeños), el nacimiento prematuro (los bebés prematuros pueden tener niveles reducidos de lactasa debido a que el intestino delgado no genera células productoras de lactasa hasta fines del tercer trimestre), las enfermedades que afectan el intestino delgado (el crecimiento bacteriano excesivo, la celiaquía y la enfermedad de Crohn) y ciertos tratamientos oncológicos (si has recibido radioterapia o quimioterapia).

El portal web Saluddigestivo, especializado en temas de salud recomienda que si le han diagnosticado malabsorción de lactosa pero no tiene síntomas, no es necesario ningún tratamiento. En cambio, si presenta sintomatología debe reducir la ingesta de leche y derivados hasta cantidades que no provoquen signos.

“No suele ser necesaria la exclusión completa de la lactosa puesto que la mayoría de pacientes con esta afección pueden tolerar hasta 10 gr de lactosa en una toma. En la dieta baja en lactosa hay que contemplar el consumo oculto de esta enzima, por ejemplo, por la toma de medicamentos. Uno de cada cinco medicamentos contienen lactosa en su excipiente por lo que las personas polimedicadas podrían tener problemas de tolerancia”.

Los nutricionistas aconsejan a las personas intolerantes a la lactosa, mantener los requerimientos de calcio mediante el consumo de alimentos no lácteos ricos en este mineral como: sardinas en aceite, frutos secos, garbanzos, moluscos y espinacas; ya que los lácteos constituyen la principal fuente de calcio.

De forma general los expertos coinciden en que el truco está en comer productos lácteos combinándolos con otros alimentos que no contengan lactosa y no comer muchos lácteos de una sola vez.

Sobre el Autor

Yurina Piñeiro Jiménez

Yurina Piñeiro Jiménez

Licenciada en Periodismo en la Universidad Hermanos Saíz de Pinar del Río, Cuba

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