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Un pene con perla, ¿realmente enloquece?

Un pene con perla, ¿realmente enloquece?

Algunos se mofan de poseerla, otros más discretos solo lo dicen a su pareja, pero lo cierto es que donde concurran jóvenes varones, en algún momento seguramente se hablará sobre la “perla”, una pequeña bola de acrílico que se introduce en el pene mediante una microcirugía casera.

El objetivo principal de colocarse este invento en el órgano reproductor masculino es, según refirieron varios entrevistados, provocar un mayor placer sexual en la pareja, ya sea femenina o masculina.

Hay quienes afirman que “vuelve loco a quien la pruebe”, al tiempo que existe quienes se pronuncian en contra de la inventiva, pero ¿quién tiene la razón? ¿es aconsejable vivir o privarse de esta experiencia?.

Para ello lo más importante es estar claro del por qué o no hacerlo, es decir, las motivaciones, pero también la forma en que se realice la implantación del material en el pene (que no comprometa la salud del individuo) y tener en cuenta el uso adecuado del accesorio, para que provoque placer y no miedo o dolor coital.

El fenómeno social de la perla no es nuevo en Cuba, sino que viene aparejado a la etapa de la adolescencia y la juventud, en la que los varones descubren sus cuerpos e inician su vida sexual, donde experimentan varias técnicas e inventos en busca de la plenitud en las relaciones eróticas.

Enmanuel George, coordinador de proyectos de la Red Iberoamericana y Africana de Masculinidades (RIAM) plantea que muchos jóvenes suelen incorporarse la perla a los 17 o 18 años, aunque se registran casos en edades más tempranas.

El especialista explica que el fenómeno aparece tanto en los campos como en las ciudades, pero sobre todo en espacios “donde socializan grandes grupos de hombres” como las residencias estudiantiles, el servicio militar y las prisiones.

Entre los factores negativos que rodean el fenómeno de la perla, el coordinador de proyectos de la RIAM destaca que comienza en edades muy tempranas, sin la necesaria comunicación con sus familias sobre sexualidad ni conocimiento sobre los riesgos para la salud, y que a diferencia de los “piercings”, esta suele colocarse todavía de forma rudimentaria, sin las condiciones de higiene.

Acerca del proceder a realizarse para fijar una o varias perlas en el pene, Cubadebate en el material periodístico La perla, un implante sexual que amenaza a jóvenes cubanos describe: “Consiste en una o más canicas de acrílico, que después de una pequeña incisión y a presión, se colocan debajo de la piel a lo largo del eje del pene, en el prepucio o el escroto”.

Al menos en la red de redes no existe explicación científica que avale la efectividad de la perla como aditamento para aumentar el placer sexual. Ello no significa que sea irreal la posibilidad que su uso provoque una estimulación impresionante en mujeres y hombres.

El hombre que desee implantarse una perla en su miembro viril debería auxiliarse de un especialista de la salud para ahondar sobre los riesgos y beneficios del implante, de modo que sea una decisión pensada y deseada verdaderamente.

Nuestras instituciones de salud, por su parte, deberían pronunciarse acerca de esta práctica sexual, quizás mediante la conformación de un protocolo en el que se explique al individuo las ventajas y desventajas de la implantación de la perla u otro aditamento en el pene y la forma adecuada de proceder, a fin de evitar complicaciones como la transmisión de enfermedades víricas o infecciones de bacterias u hongos, las cicatrices y hasta la amputación.

Decidas o no incorporar una perla a tu pene recuerda estas palabras de la escritora chilena Isabel Allende:

"Una cosa que toda mujer celebra y aprecia es la palabra. Que le digan al oído palabras de amor. No hay estimulante sexual ni romántico más fuerte (…) Las mujeres tienen el punto G en el oído, el que busque más abajo está perdiendo el tiempo (...) Lo que funcionó con una no necesariamente funciona con la otra (…) El gran órgano sexual es la mente".

CURIOSO: Aunque en Internet se le puede encontrar como “invento cubano que vuelve locas a las mujeres”, esta práctica no es invención de los cubanos. “Falta más investigación, pero todo indica que este fenómeno fue traído por marineros que visitaron países de Asia, como Filipinas y Japón, plantea el historiador Enmanuel George, coordinador de proyectos de la Red Iberoamericana y Africana de Masculinidades (RIAM).

Sobre el Autor

Yurina Piñeiro Jiménez

Yurina Piñeiro Jiménez

Licenciada en Periodismo en la Universidad Hermanos Saíz de Pinar del Río, Cuba

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