El sol, ¿amigo o enemigo?
- Escrito por Msc. Dra. Grecia María Giniebra Marín
El aumento de la incidencia de cáncer de piel durante las últimas décadas es considerado como una expresión de hábitos de mayor exposición solar. Hasta el 80 % de la exposición solar de nuestra vida tiene lugar antes de la edad de 18 años, por lo tanto, la protección solar es de suma importancia durante la infancia y la adolescencia. Se considera fotoprotección a aquellas medidas que permiten limitar los daños cutáneos acumulativos inducidos por la radiación solar y es muy importante, que se conozca sobre los efectos perjudiciales de las radiaciones ultravioletas y al mismo tiempo poder brindar la orientación adecuada acerca de las medidas para disminuir la incidencia de cáncer de piel.
El sol es una esfera gaseosa (verdadera central termonuclear) que envía radiaciones electromagnéticas (fotones que transportan energía) a la superficie de la tierra. A nuestro planeta llegan radiaciones infrarrojas (IR), radiaciones visibles (V) y radiaciones ultravioletas (UV). La atmósfera terrestre atenúa estas radiaciones de distintas formas, siendo el ozono (O3) el mayor responsable de la reducción de las radiaciones con más energía (de longitudes de onda menores a 320 nm, rangoUVB).
La capa de ozono u ozonosfera es la zona de la estratosfera terrestre que contiene una concentración alta de ozono. Esta capa, que se extiende aproximadamente de los 15 a los 40 kilómetros de altitud, absorbe del 97 al 99 por ciento de la RUV de alta frecuencia. En la actualidad los problemas ambientales globales derivados del cambio climático se han agudizado, a partir de un reforzamiento del efecto invernadero y de un daño progresivo y permanente a la capa de ozono.
Desde la aparición del agujero de ozono sobre la Antártica a principios de los años 80, el mundo se ha hecho más conscientes de los riesgos para la salud que presenta la destrucción de la capa de ozono, la cual disminuye la protección natural de la atmósfera contra la radiación ultravioleta y dañina del sol.
Cuanto más alto esté el sol en el cielo, más intensa es la radiación UV, así la radiación solar es más intensa alrededor del mediodía, entre las 10am y las 2pm se recibe el 60% de la radiación UV diaria.

Todos los componentes de la radiación solar pueden dañar la piel. Los rayos UV modifican el ADN, y aunque existe una acción reparadora de tipo enzimático del ADN, la exposición repetida lleva a una alteración en el sistema inmune de la piel con la aparición de tumores.
Los rayos IR poseen en cambio un efecto térmico sobre la piel. El ser humano presenta barreras naturales para protegerse contra el sol como son: la pilosidad, carotenoides, capa córnea, sistema de reparación enzimática del ADN, pero sobre todo es la barrera melánica la gran fotoprotectora a través de los melanocitos que sintetizan la melanina, sobre todo la eumelanina.
Los antiguos "adoradores del sol", nuestros antepasados y en general todas las culturas primitivas, adoraban al gran astro como una divinidad. Por lo demás, todo lo que era misterioso y todavía no había sido plenamente comprendido era fácilmente divinizado. Los astrónomos lo denominan una estrella, como las miles de millones que existen en el universo; los biólogos lo consideran como una fuente de vida que hace posible la existencia de la misma en nuestro planeta; y los que aman los cuerpos bronceados, como una bendición. Hoy día sabemos mucho más, y los modernos "adoradores del sol" harían bien informándose, de modo especial, sobre las consecuencias de la posición del sol para poder disfrutar de su calor y broncearse con el máximo beneficio, sin correr inútiles riesgos.
Sería más sensato decir: Sol amigo nuestro y sol enemigo nuestro, porque depende del uso que sepamos hacer del sol, que sus rayos sean beneficiosos o malos para nuestra salud.
Desde la remota antigüedad, el sol fue incluido entre los dioses supremos. En algunas culturas las quemaduras producidas por sus rayos se consideraban como un castigo divino.
Los seres humanos han estado expuestos a la radiación ultravioleta solar, sin pensar en los daños que se pueden producir en la piel si la reciben en forma crónica y constante. Además, poblaciones como los incas y egipcios creían que las personas de piel blanca ocupaban un lugar cercano a los dioses y por eso formaban la clase dirigente. Este pensamiento se mantuvo a través de los siglos y no fue hasta después de la Revolución Industrial que la piel bronceada pasó a ser símbolo de bienestar y salud, de aquellos que tenían tiempo y dinero para relajarse y disfrutar del astro rey. Los hallazgos epidemiológicos basados en la observación sustentan la idea de que la radiación solar produce cáncer cutáneo no melanoma (carcinoma basocelular y espinocelular), melanoma maligno, así como otras fotodermatosis que de forma facultativa u obligada conducen al cáncer de piel, además de que la radiación solar se relaciona con otras enfermedades cutáneas. Desde principios del Siglo XX se atribuyó a la radiación ultravioleta (RUV) como carcinogénica, y es uno de los primeros agentes considerados como generadores de cáncer.

Las evidencias epidemiológicas lo demuestran: las fotodermatosis aparecen en partes del cuerpo que reciben una exposición máxima de luz (cara, cuello, miembros), la incidencia aumenta con la edad lo que habla de la importancia de la radiación solar acumulada, alta incidencia en personas que pasan la mayor parte del tiempo al aire libre, que sugiere una alta relación entre la dosis -respuesta, la alta incidencia de cáncer en caucásicos (piel blanca) se eleva a medida que nos acercamos al ecuador, la pigmentación de la piel protege contra el cáncer de piel.
Las personas de piel blanca están mucho más expuestas al peligro del sol y a desarrollar cáncer. El ser más sensible a la radiación se puede determinar por la tendencia al bronceado, lo que quiere decir que si la piel se pone muy roja y no se broncea con facilidad es más vulnerable.
Algunos mitos sobre el sol

Muchas veces nos quemamos a pesar de habernos puesto la crema protectora, esto se debe a que casi todos tenemos en mente una serie de ideas equívocas sobre los daños del sol.
• La piel morena protege de los efectos nocivos del sol.
FALSO: Lo único que se consigue es que no salgan quemaduras, pero el resto de los problemas no se evitan.
• Las nubes impiden que los rayos solares nos dañen.
FALSO: En los días nublados hay que usar la misma protección. Aunque nos parezca que el sol no llega, sus rayos sí traspasan las nubes, sobre todo los ultravioletas.
Entender estos riesgos y tomar algunas precauciones le ayudará a disfrutar del sol y a reducir las probabilidades de desarrollar problemas relacionados con el sol más adelante.

Sobre el Autor
Msc. Dra. Grecia María Giniebra Marín
Especialista de Primer Grado en Medicina General
Especialista de Primer Grado en Dermatología
Máster en Urgencias Médicas
Profesor Asistente




