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Cuando el miedo se apodera de nuestro cuerpo

Cuando el miedo se apodera de nuestro cuerpo

Hay quienes le temen a la altura, otros a la soledad, algunos a hablar en público, están aquellos que sienten pánico de ciertos animales y así existe gran variedad de fobias atendiendo a la naturaleza del estímulo temido.

Sea cual sea, lo cierto es que ese miedo escapa a nuestro control y afecta nuestra capacidad para llevar una vida normal en determinado momento, en nuestro día a día, a la vuelta de la esquina.

Entre las fobias definidas por los psicoanalistas figuran: la acrofobia (miedo a las alturas), la agarofobia (miedo a los sitios abiertos), la algiofobia (miedo al dolor), la astrofobia (miedo a los rayos), la astropofobia (miedo a los truenos), la claustrofobia (miedo a los sitios cerrados), la coprofobia (miedo al excremento), la fonofobia (miedo a sonidos altos), la fotofobia (miedo a la luz fuerte), la hematofobia (miedo a la sangre), la hidrofobia (miedo al agua), la entrofobia (miedo a las aglomeraciones), la lalofobia (miedo a hablar), la homofobia (miedo a homosexuales), la misofobia (miedo a la contaminación), la monofobia (miedo a la soledad), la necrofobia (miedo a los cadáveres), la nistofobia (miedo a la oscuridad), la patofobia (miedo a las enfermedades), la pecatofobia (miedo a pecar), la sifilofobia (miedo a contagiarse), la sitofobia (miedo a comer), la tafofobia (miedo a ser enterrado vivo), la tanatofobia (miedo a la muerte), la taxofobia (miedo a ser envenenado), la xenofobia (miedo a los extranjeros) y la zoofobia (miedo a los animales).

Según la bibliografía médica consultada, en general, estos trastornos comienzan en la niñez o en la adolescencia y continúan durante la edad adulta. Sus causas no se precisan, pero sí se conoce que a veces pueden ser hereditarias o guardar relación con malas experiencias y comportamientos aprehendidos.

Dado que la fobia es una forma especial de miedo, según precisa el especialista español Juan I. Capafons Boneten en su investigación Tratamientos psicológicos eficaces para las fobias específicas; resulta necesario diferenciar el miedo adaptativo y el miedo fóbico.

“En relación con este punto existe un acuerdo más o menos generalizado a la hora de señalar una serie de características indicativas de una reacción de miedo fóbico:

(I) Es desproporcionada con respecto a las exigencias de la situación. Aquí se considera que la reacción no se corresponde con la existencia de una situación particularmente peligrosa o amenazante para el individuo.

(II) No puede ser explicada o razonada por parte del individuo.

(III) Está más allá del control voluntario.

(IV) Lleva a la evitación de la situación temida.

(V) Persiste a lo largo del tiempo.

(VI) Es desadaptativa.

(VII) No es específica a una fase o edad determinada.

Precisa Capafons Boneten que además de lo anteriormente señalado, el contacto o la anticipación con la situación temida desencadena un patrón típico de reacciones fisiológicas, cognitivas y motóricas.

“En el plano fisiológico se pone en marcha todo un conjunto de respuestas fisiológicas características de un aumento de la actividad del Sistema Nervioso Autónomo (tales como aumento en la tasa cardíaca y respiratoria; sudoración; inhibición de la salivación; contracciones estomacales; náuseas; diarrea; elevación de la tensión arterial)”.

Las investigadoras cubanas Haydée Martínez Vasallo y Belkis Martínez Vasallo explican los cambios fisiológicos inmediatos que produce el miedo extremo.

“Se incrementa el metabolismo celular, aumenta la presión arterial, la concentración de la glucosa en sangre y la actividad cerebral, así como la coagulación sanguínea. El sistema inmunitario se detiene (al igual que toda función no esencial), la sangre fluye a los músculos mayores (especialmente a las extremidades inferiores en preparación para la huida), y el corazón bombea sangre a gran velocidad para trasportar hormonas a las células (especialmente adrenalina y noradrenalina). También se producen modificaciones faciales: agrandamiento de los ojos para mejorar la visión y dilatación de las pupilas para facilitar la admisión de luz, la frente se arruga y los labios se estiran horizontalmente”.

Estas autoras estiman que se pueden identificar los auténticos casos de miedo insuperable, ya que los mismos representan estados psíquicos en los que el sujeto no puede regular su voluntad y conducta.

Acerca de un tratamiento efectivo para las fobias específicas, el portal web Mejor con salud cita el criterio de los psicólogos M.A. Antony y D.H. Barlow, quienes aseguran que todo tratamiento eficaz que arroje buenos resultados con respecto a las fobias pasa por la exposición.

“Guste o no, una persona con miedo irracional a los animales tendrá que afrontar en repetidas ocasiones al estímulo que le produce temor. Este hecho es eficaz por:

-Habituación. Los estudios psicológicos con respecto a esta fobia indican que el efecto se desarrolla de forma similar a lo que ocurre con los olores. Cuanto mayor es la exposición, más sencillo es dejar de percibirlo.

-Debilitación. El temor hacia un estímulo temido acaba suponiendo un refuerzo negativo. Ahora bien, si se consigue debilitar dicho refuerzo negativo hasta su total eliminación, el miedo a los animales acabará por desaparecer”.

Dejar de sentir miedo resulta imposible ya que es un estado psicológico, una condición básica y propiedad inherente al ser humano que se activa bajo ciertos presupuestos. Mas, para nuestra salud física y emocional debemos aprender a manejarlo. CURIOSO: Según el Código Penal vigente en Cuba y al amparo de su artículo 26, cuando el sujeto actúa bajo la presión de un miedo insuperable o fobia, ello resulta una eximente de la responsabilidad penal.

Sobre el Autor

Yurina Piñeiro Jiménez

Yurina Piñeiro Jiménez

Licenciada en Periodismo en la Universidad Hermanos Saíz de Pinar del Río, Cuba

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