Silvio
Caro
Con su vida defendió
la Patria
Por
Idalma Menéndez Febles / Fotos Daniel Mitjáns
Silvio
Néstor Caro Gallardo, fue un joven como la mayoría
de los de su época. Inquieto, inteligente e identificado
plenamente con la nueva era que le tocó vivir.
El
triunfo revolucionario llega cuando Silvio tenía 16 años,
lo cual fue decisivo en su vida.
Nace el 26 de febrero de 1943, en La Habana, en el reparto Lawton.
De extracción humilde, su familia le inculcó sentimientos
de respeto y amor por los que le rodeaban.
Su
niñez pasó casi sin percatarse, eran tiempos difíciles.
Comienza a estudiar Comercio y se ve obligado a abandonar la carrera
para ponerse a trabajar en la tienda Fin de Siglo por espacio de
dos años.
Para
1959 ingresa en las Milicias Nacionales Revolucionarias y en octubre
del 60 es seleccionado para pasar un curso en la base Granma.
Consciente
de la falta de técnicos especializados que afrontaba las
FAR, Silvio viaja a la entonces Unión Soviética, donde
cursa estudios por seis meses y medio; a su regreso es designado
al CS 353 como jefe minador.
Pero
su afán de superación e insaciable sed de conocimiento,
así como el gusto que sentía por lo que hacía,
hace que posteriormente pase un curso de oficial de cubierta en
la Academia Naval, donde es nombrado por su brillante actitud brigadier
general de su promoción, graduándose de alférez
de fragata en marzo de 1965.
Sus
condiciones revolucionarias lo llevan a que más tarde preste
servicios como comandante en una escuadrilla de lanchas torpederas.
Según
muchos de sus compañeros de la Base Naval Occidental donde
radicaba, era una persona con un alto sentido del deber, muy sencilla
y humana.
El
16 de abril de 1966, como tantas otras veces, Silvio salió
en su lancha, la LC 274, en una travesía que no llegó
a su destino.
Con
el objetivo de llevarse una embarcación y llegar a Estados
Unidos, algunos de sus tripulantes inescrupulosamente traicionan
a su comandante y a su Patria.
La
lancha cohetera 271, tenía que hacer el recorrido junto con
la 274, pero el radista de la primera, en complot con los contrarrevolucionarios
de la segunda, avería el radar para demorar la salida y que
estos no pudieran prestarle ayuda, razón por la cual llega
cuando ya era tarde para el joven de sólo 23 años,
que a costa de su propia vida impidió el vandálico
hecho.
Pero
por desgracia para muchas familias cubanas que hoy reclaman justicia,
este no era el primer acto de esta magnitud; tampoco sería
el último. |