Mártires 13 de Marzo

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El capitán San Luis
Orlando Nodarse
Juan Hernández Moseguí
Rafael Morales
 

 

Una semana que aún conmueve

Por Blanchie Sartorio

Las montañas, esa columna vertebral hecha como para articular un extremo con el otro de la Isla cuando de movimientos libertarios se trata, estaban llenas del rojinegro movimiento, mientras el llano y las ciudades temblaban ante tanto odio y muerte.

Por oriente el Ejército Rebelde había derrotado la última gran ofensiva de las tropas batistianas; en el centro el Che y Camilo alimentaban la historia con su ejemplo y en el occidente las sierras de Guaniguanico crecían con el Frente Guerrillero.

Era octubre de 1958, y el golpe dado a la Patria cinco años atrás dolía como nunca, ante la sed de sangre que el oprobioso régimen saciaba desesperadamente y ya era habitual que por cada batistiano ajusticiado se multiplicara el número de víctimas civiles, no importaba filiación.

Nada se respetaba y ser joven era un delito. Calle arriba y calle abajo de la ciudad capital de Pinar del Río paseaba el miedo de uniforme, viendo enemigos hasta en los maniquíes de las vidrieras, con la pistola presta al disparo para después preguntar y buscar la próxima víctima en el que no dijera lo que se quería escuchar.

SE BUSCAN VÍCTIMAS

No era un anuncio clasificado sino la orden dada para vengar el ajusticiamiento de un policía y las señas eran pocas, algo así como, rubio y joven. Entonces, como perros de presa, salía la jauría humana, a cazar. No se descartaría ningún trigueño sospechoso.

A José Antonio le iba bien por La Habana y venía a darle una vuelta a los viejos y a los hermanos. Era el día 21, aproximadamente las 12 del día, cuando pasa por la vidriera ubicada en la esquina de las calles Manuel Landa y Antonio Rubio, en la ciudad pinareña, para reunirse con sus hermanos Gilberto, que allí trabajaba, y Enrique, quien, aunque estudiaba por la noche, por las mañanas daba una mano.

Los hermanos Barcón no sabían que se reunían por última vez, que los padres no volverían a verlos con vida. Mientras conversaban esperando el carro que los llevaría para El Cangre, a encontrarse con el resto de la familia, no pudieron entender que ser rubios y jóvenes fuera en esos momentos el peor de los delitos. José Antonio 29 años, Enrique 27 y Gilberto 18, fueron detenidos y golpeados en el lugar, los subieron a un auto y los trasladaron hasta el 11 de la carretera a Luis Lazo. Allí, uno a uno fueron balaceados y tirados en la cuneta.

Los galleguitos, como les conocían, cerraron la vidriera el nueve de abril, simpatizaban con los del 26 para los que vendieron bonos y su procedencia humilde avaló la sanción del sangriento tribunal.

UN DÍA DE CUMPLEAÑOS

Pedro Raúl Sánchez, Laíto, nació en La Palma. Hijo del campo, su familia buscó en la capital pinareña un refugio contra la miseria y la situación del campesinado, y al conocer a jóvenes revolucionarios se planta entre los primeros para combatir la dictadura impuesta.

Cuando el 30 de noviembre de 1956, con solo 14 años se disponía a apoyar el desembarco del Granma, es detenido y maltratado junto a otros compañeros. Mientras torturaban a los que le acompañaban, mostraba su espalda golpeada y los conminaba a no hablar. Al llegar la madre ante el Jefe del Escuadrón 61 de la Guardia Rural para reclamarlo, esta le dice “Es un niño” y el capitán le riposta: “Un niño que hace revolución”.

Durante la huelga del nueve de abril de 1958 abandonó el trabajo por lo que quedó desempleado e hizo patente su decisión de luchar; muchos ojos seguían detrás del muchacho para por su vía llegar a los demás compañeros. Sabe escabullirse, distribuir propaganda, trasladar y poner bombas y petardos.

Junto a su jefe, Rafael Ferro, realiza un atentado a un “chivato” y hacen otro fallido, en el que solo logran herir al sujeto y aumenta la persecución. De casa en casa tiene que trasladarse, perseguido de cerca, y el 23 de octubre de 1958, justo el día en que cumplía 16 años, cae mortalmente herido en una casa cercana al Centro Médico.

EL DIA 24 CONTINUÓ LA SANGRE

La ciudad hervía ante los recientes crímenes, las represalias contra los inocentes crecían y el Movimiento continuaba sus acciones en la clandestinidad. Lázaro Acosta Paulín, el Pandeao, siempre estaba en la vanguardia, sin miedo ante el peligro y por ello debió subir a la sierra, donde se incorpora a la columna guerrillera comandada por Dermidio Escalona.

Por causas similares Carlos Hidalgo Díaz, El Gatico, llega a las montañas.

Pronto adquiere los grados de teniente y se le orienta bajar para reorganizar las milicias del Movimiento 26 de Julio.

Para cumplir distintas misiones ambos coinciden en la capital pinareña. En homenaje a Los Galleguitos, el Pandeao coloca tres bombas en la ciudad y mientras se oculta sufre un accidente de bala que lo hiere en la pierna. Al enterarse, el Gatico acude en su ayuda junto al estudiante de quinto año de Medicina, Justo Legón Padilla, llamado por el Movimiento para brindarle atención médica, de nuevo la traición engendró el crimen en el entonces reparto Mijares, el día 24.

POR EL SALTO DEL VENADO

La matanza no se limitó a la ciudad cabecera de Pinar del Río, a Los Palacios y sus alrededores llegaban los zarpazos de la fiera en sus estertores, y el día 21 de octubre cuatro valientes hombres eran masacrados por las tropas al servicio del régimen: Pedro Hernández Camejo, Luis Cardoso, Patricio Páez y Martín González Márquez.

Todos colaboraban de alguna forma con el Frente Guerrillero. Participan en acciones revolucionarias, sirven de enlace, suben alimentos y ropas y se entregan a la lucha por sacar al país de tanta miseria y abuso, sobre todo entre los humildes como ellos.

Pedro nació en Caimito del Guayabal y se dedicaba a labores en la caña, desde donde desarrollaba sus tareas como revolucionario y allí van a buscarlo los esbirros tras dar fuego a su casa. Torturado por los tristemente célebres Ventura y Menocal, en La Habana y San Cristóbal, respectivamente, los secuaces del último lo llevan para el lugar conocido como Salto del Venado, en la Sierra del Rosario, donde lo matan, sin que se escucharan palabras de delación o de clemencia.

Luis era artemiseño, pero vivía en Los Palacios y con 20 años se dedicaba al trasiego de carbón de las lomas al llano, lo que le permitió servir de guía a la guerrilla y sacarlos de un cerco. Detectado por un chivato lo conminan a servir de práctico para encontrar a los rebeldes y los lleva en sentido contrario. Cuando se percatan de la treta, lo golpean y disparan.

Patricio y Martín veían en las montañas el futuro para salir de tanta miseria. Patricio, sanluiseño de origen, busca en Los Palacios un mejor lugar, pero poco es el cambio para la familia; cuando el mayor de sus 10 hijos se alza, crece el acoso. En varias ocasiones es detenido por sospecha y el 20 de octubre es obligado a subir a las lomas para delatar a los rebeldes.

A Martín, incorporado a la lucha clandestina desde los inicios, lo detienen el 21 en su casa en Los Palacios y en presencia de su madre lo sacan y conducen al Salto del Venado, donde lo torturan y atan de pies y manos de la misma forma que a Patricio, y así, sin poder defenderse, son asesinados.

La delación se unió a la cobardía, a la búsqueda demencial de revolucionarios, y 11 valiosas vidas fueron segadas por manos asesinas en aquella semana sangrienta que aún conmueve y trasciende, como un legado a las generaciones actuales para que no olviden, para que se encuentren y comprendan, en las mismas calles, en los mismos campos que hoy son otros, porque ellos lo quisieron, al nutrir con su sangre la esperanza.

   

 

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Suplemento Próceres de Vueltabajo  de la  Edición Electrónica del Periódico Guerrillero Órgano del Comité Provincial del Partido en Pinar del Río. Jefa de información: María Isabel Perdigón.  Correctora: Marianela Montesino. Diseño: Rolando Hernández Páez. Realización: Héctor Figini.

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