Nuestro
Capitán San Luis
Por
Fidel Guillermo Duarte
El
25 de abril de 1967 entre las 11:00 am y 12m se preparaba una emboscada.
El destino le jugó una mala pasada a un hombre devenido en
héroe, la muerte nos arrebató para siempre a nuestro
San Luis, al pequeño capitán que dos días más
tarde cumpliría 27 años.
La utilidad de la virtud
El 27 de abril de 1940 nacía en el municipio San Luis, en
Santiago de Cuba, Eliseo Reyes Rodríguez. Era el quinto de
los 11 hermanos de la familia Reyes Rodríguez. En la finca
Santa Isabel vivió hasta que a los 16 años decidió
partir a la Sierra Maestra, a luchar para derrocar al régimen
tiránico.
Cuenta Rubén, uno de sus hermanos, que un día en la
casa los mayores hablaban de política y salió a relucir
el tema de que Grau era mejor que Prío o viceversa, y Eliseo
que siempre escuchaba calladamente, afirmó serenamente con
esta sentencia: “Miren, ninguno de los dos sirve para nada,
esto como único se resuelve es a tiros”.
Ya internado en la Sierra Maestra, logra unirse a la columna del
Che, y es designado como mensajero de la misma. Allí nacerá
la leyenda. Comenzará a hacerse sentir su valor, pues causará
mucho asombro la rapidez con la que cumple las misiones, a pesar
de que por su físico era casi un niño delgado en extremo,
tanto que muchas veces fue objeto de bromas por parte de los integrantes
de la tropa.
Cuando el Che pide voluntarios para bajar a los llanos, Eliseo será
uno de los primeros en dar el paso al frente, y dirá a sus
compañeros: “¡Yo soy de San Luis, y voy para
San Luis!”. Desde este momento comenzaron a llamarlo San Luis,
y como siempre pasa, el apodo se impuso al nombre.
Durante los primeros días de agosto del año 1958 es
escogido por el Ché para formar parte de la columna ocho
Ciro Redondo, encargada de la invasión a Occidente. Bajo
las órdenes del Ché, combatió San Luis hasta
la caída del régimen batistiano en Enero de 1959.
Junto al Guerrillero Heroico, ya con los grados de capitán,
marcha hacia La Cabaña en La Habana, donde fue nombrado jefe
de la Policía Militar.
La Revolución un arma indestructible
La Revolución en sus inicios vivió momentos convulsos,
y necesitó de hombres dispuestos a sacrificarlo todo, y entre
esos estaba San Luis. Como jefe militar de Sancti Spíritus
no descansó pues el pueblo liberado exigió castigo
para los asesinos del viejo régimen y él se encargó
de que no hubiera venganzas personales, sino justicia. Meses más
tarde sería escogido para formar parte de la jefatura de
la Dirección de Inteligencia G -2, del Estado Mayor del Ejército
Rebelde.
La vida le sonrió una vez más, el amor le abriría
sus puertas al conocer a la que después sería su esposa
abnegada, su fiel compañera, su amiga comprensible, la madre
de sus hijos: Nelia Barreras. Ella conoció íntimamente
al gran hombre, y apreció su sensibilidad para tratar los
problemas de sus compañeros, además de la devoción
que sentía por el Ché y Fidel.
Un
verdadero dolor de cabeza para el imperialismo
La tierra pinareña también se regocijó con
su presencia y lo hizo un hijo de ella. El 18 de octubre de 1962
es nombrado delegado del Ministerio del Interior en Pinar del Río.
En esta nueva misión se enfrentó directamente a los
enemigos de la Revolución, y les asestó contundentes
golpes a la gusanera contrarrevolucionaria y a sus financieros yanquis.
Una vez más su leyenda crecerá. Su verdadero nombre
aparecerá en repetidas ocasiones en archivos clasificados
de la CIA. La presencia de San Luis fue un verdadero dolor de cabeza
para el imperialismo.
Cuando en 1965 se funda el Partido Comunista, San Luis resultó
fundador del mismo y miembro del Comité Central.
En julio de 1966 recibe la comunicación del Ché para
liberar a otros pueblos que pedían ayuda: “Vuelvo a
necesitar el esfuerzo de ustedes que fueron fieles en la Sierra
Maestra. Si está dentro de tus posibilidades espero de tu
cooperación. Ché.”
Su decisión de aceptar la petición hecha por su antiguo
jefe no se hizo esperar. Es designado para integrar la guerrilla
que lucharía en Bolivia.
Durante esta nueva etapa de lucha revolucionaria se destaca no solo
por su valor y audacia, también la disciplina lo caracterizaba,
llegando a convertirse en el pilar fundamental dentro del destacamento
guerrillero. siendo considerado por el Ché como el mejor
hombre de la guerrilla”.
La muerte lo sorprendería en combate contra el ejército
boliviano, en la finca El Mesón,, cuando fue alcanzado por
las balas de una ametralladora calibre 30, que le partieron el fémur.
Cuenta Leonardo Tamayo (Urbano en Bolivia) que le gritó Rolando,
Rolando. Este abrió los ojos y suspiraba, así lo logró
sacar del combate y el Ché le trató de pasar plasma
pero falleció.
En su diario el Guerrillero Heroico mostró su consternación
ante el hecho y calificó el día de su muerte como
“un día negro”. Perdía así la guerrilla
su mejor hombre, Cuba uno de sus mejores hijos, y Latinoamérica
un soldado por la libertad de los pueblos oprimidos.
Tal
parece que se cumplió la profecía de los versos “tu
pequeño cadáver de capitán valiente ha extendido
en lo inmenso su metálica forma”. |