Primer
teniente Juan Hernández Moseguí
Mártir
de la lucha contra bandidos
Colaboración
de: Miriam Hernández Alfonso
Nació
el día 27 de enero de 1932 en Las Pozas, Bahía Honda,
hijo de una familia campesina, sus padres fueron Candelario Hernández
y Bruna Moseguí.
Allí
cursa sus primeros estudios, pero no concluye la enseñanza
Primaria por las pocas posibilidades económicas de su familia,
a la que tuvo que ayudar en una pequeña colonia de caña
que poseían, después trabaja en la construcción
de carreteras hasta los 18 años y posteriormente labora como
chofer de alquiler.
En
el año 1951 contrae matrimonio con Olga Alfonso Hernández,
ya en estos momentos logra adquirir un auto de su propiedad; posteriormente
se incorpora a la lucha clandestina con la ayuda de su esposa y
hermanos; como miembro del Movimiento Revolucionario 26 de Julio,
se encargaba también de trasladar medicamentos, armas, ropa,
calzado y municiones para la montaña.
En
el año 1958 se le orienta por el Movimiento 26 de Julio abandonar
su labor clandestina y reunirse con los rebeldes, pues fue descubierto
por los batistianos.
El
primero de enero de 1959 con el triunfo de la Revolución,
baja junto a los demás rebeldes después de haber participado
en varios combates, y por su valentía alcanza el grado de
primer teniente del Ejército Rebelde.
Después
se traslada con su familia a la ciudad de Pinar del Río y
continúa su labor al lado del comandante Dermidio Escalona
Alonso y otros revolucionarios.
Cuando
comienza la lucha contra bandidos es seleccionado junto a otro grupo
de rebeldes para ir a combatirlos en El Escambray, pero es mandado
a regresar a la provincia para participar en una operación
dirigida por nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro.
El
día seis de diciembre parte para la Cordillera de los Órganos,
donde se encontraban varios contrarrevolucionarios desertores de
la Revolución.
Al
frente de un grupo de rebeldes cae mortalmente herido el siete de
diciembre de 1960 en Loma del Rubí, cuando perseguía
al asesino Clodomiro Miranda, posteriormente apresado y ajusticiado.
Al
morir contaba con 27 años de edad y dejaba tres hijas y su
esposa, que solo contaba con 23 años, además del amargo
dolor de sus padres y hermanos.
Hoy,
a 41 años de su caída en combate, es bueno recordar
que existieron y existen muchos hombres como él dispuestos
a dar la vida por su Revolución y por su Patria. |