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Adela aún nos convoca

La hacienda donde se encontraban los famosos Baños de San Vicente pertenecía a sus padres y desde que nació disfrutó las bondades que a su espíritu desenfadado brindó la sana vida en el campo, quizás por eso Grabiela de la Caridad creció y murió amando tanto a su Viñales natal.

Adela, como todos llamarían a la joven, aprendió pronto a aguzar su puntería en la caza de aves, jutías y venados y a convertirse en una hábil jinete y nadadora, facultades que más tarde la distinguirían en la manigua donde alcanzó los grados de capitana.

Adela Azcuy Labrador nació en la finca Ojo de Agua, en el municipio de Viñales, el 18 de marzo de 1861 y murió el 14 de ese mes en 1914, tras una vida dedicada al servicio de la patria y de dar muestras de valor y amor desmedidos en cuanta acción mediara.

De alta estatura, esbelta y rostro adornado por ojos expresivos y gruesos labios, era una mujer que atraía por su belleza y por su trato y maneras distinguidas, sumado a ello su imaginación y numen poéticos.

Cuando en enero de 1896 comienza la campaña en Vueltabajo, ya Adela conspiraba y se relacionaba con elementos revolucionarios de La Habana y Pinar del Río, y el 14 de febrero de ese año se une a la guerrilla de Miguel Lores, en la zona de Gramales, bajo la jefatura del brigadier Antonio de Varona para, en menos de un mes, ser ascendida a subteniente.

ENTRE LOS MÁS VALIENTES
A muchos hombres puso en apuros cuando la vieron combatir, y ya en las filas del coronel Miguel Banegas este tuvo que aceptar su equivocación al intentar ubicarla en el grupo de la impedimenta: “Yo he venido a la guerra a pelear, y si tengo que morir, quiero morir como los valientes, peleando”, no le quedó al coronel otra opción que ubicarla entre los combatientes.

En otra ocasión le ordenó defender una cuchilla a la que se dirigían en su ataque los españoles y fue tal la fiereza con que cumplió, que el coronel reconoció que no podía imaginarse una mujer tan valiente y desde ese momento sintió gran admiración por ella.

Para Adela era tan fácil combatir como cuidar a los heridos, cubanos o españoles, pues su bondad no aceptaba exclusiones en este sentido y siempre estaba presta a ser útil.

Se cuenta que al año de su incorporación a la guerra, en plena acción, se bajó de su caballo para curar a unos heridos en momentos tan peligrosos que los médicos optaron por la retirada, y salvó la vida al corneta “Cascabel” a quien llevaron al campamento de Loma de Cajálbana con una herida de bala que atravesó su cabeza. Aunque la muerte parecía inminente, a los cinco meses estaba restablecido y todos calificaron el hecho de prodigio y benditas las manos de Adela.

El 12 de junio es ascendida por el general Pedro Díaz al grado de Capitán del Ejército Libertador “ganado con todos los honores” y el 4 de octubre siguiente interviene bajo las órdenes de Antonio Maceo en el combate de Loma Blanca, 12 horas de disputada lucha donde se distingue en la pelea y como enfermera.

Ceja del Negro, Montezuelo, Tumbas de Estorino, Loma del Toro y Cacarajícara, los más fieros combates de Vueltabajo, supieron del valor de esta cubana, que nunca esquivó los lugares de peligro y abogaba por la guerra como única salida para alcanzar la libertad.

Cuando acabó la lucha se dedicó a la política, pero pronto se decepcionó al ver que el sacrificio en la manigua no se ajustaba al sistema creado. Resumió en su Viñales a la patria, y desempeñó allí el cargo de Secretaria de la Junta de Educación para ocuparse de la cultura popular.

A 90 años de su desaparición física la figura de Adela Azcuy se engrandece y se afianza con la fuerza de sus amados mogotes, en cada mujer que trabaja, se cultiva y defiende a la Patria, mientras avanza a la par del hombre, como nuevos mambises en la eterna lucha por mantener la independencia.
Fuente consultada: Leopoldo Horrego Stuch, Patriotas cubanas, Bohemia, Enero 14 de 1966

   

 

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Suplemento Próceres de Vueltabajo  de la  Edición Electrónica del Periódico Guerrillero Órgano del Comité Provincial del Partido en Pinar del Río. Jefa de información: María Isabel Perdigón.  Correctora: Marianela Montesino. Diseño: Rolando Hernández Páez. Realización: Héctor Figini.

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