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Martha Mirta, cederista destacada y alfabetizadora

Martha Mirta

Martha Mirta. / Foto: Jaliosky Ajete

Martha Mirta Martínez Cruz es una mujer especial: nació con el don para ser líder.

Actualmente es la presidenta del Comité de Defensa de la Revolución número ocho, en la calle primero de Mayo, del reparto Camilo Cienfuegos, y a decir verdad, siempre fue una eterna amante del trabajo cederista, y a esta organización ha dedicado parte de su vida. Según nos contó, desde los primeros años de la Revolución colaboró con los Comités y con la Federación de Mujeres Cubanas. Por eso su vida laboral transcurrió en estas organizaciones, y en el Partido, donde también trabajó. Recuerda cómo comenzó su etapa de dirigente. “Un día vino Chiquitico, un compañero que atendía deporte en los CDR, y me dijo: ‘¿A ti te gustaría ser dirigente?’ Y yo le dije: ‘No sé lo que es eso’, y me respondió: ‘Lo mismo que haces aquí abajo’. “De ahí fui para el municipio a trabajar con Leonel Lezcano y después para la provincia”. De la vida en los CDR Martha Mirta rememora una anécdota que no olvida. “Una vez salimos en la caravana de la libertad y fuimos a entregarle la bandera al otrora la municipio Isla de Pinos, yo nunca me había montado en un barco y fue en uno pesquero con un capitán que le decían Chicharra. “De allá para acá salió el barco de la Isla a recibirnos y fue tanta la emoción, que las dos embarcaciones chocaron. Qué susto pasamos nosotros, y yo que no sé nadar”. Se retiró en noviembre del 2003. Sin embargo, Martha nunca dejó a los CDR. Su dedicación y entrega desinteresadas a esta labor hicieron que el 28 de septiembre pasado le otorgaran la medalla Por la Defensa de la Patria y la Unidad del barrio. “La organización de los CDR a mí me gusta, cuando uno empieza se enamora de esta labor, es un trabajo conjunto que es para hombres y mujeres. Por eso, aunque yo era cuadro en el municipio y la provincia, nunca dejé los cargos en la zona”. Días antes de cada 28 de septiembre, o antes de cada fecha conmemorativa, se ve a Martha Mirta en el portal de su casa tejiendo cadenetas de papeles de colores y haciendo otros adornos para embellecer la cuadra. “No solo yo, no soy de las que hace todas las actividades sola, reparto bien las tareas, le pido ayuda a los demás, hay mujeres que confeccionan los adornos en su casa y después los traemos y los ponemos juntas”. ¿Usted es del criterio de que el CDR es para agrupar a los vecinos?

“La dirección del CDR tiene que saber entender a los cederistas, porque si no es así se queda sin ellos. Hay ocasiones en que una persona no puede participar en una actividad, pero a la otra viene. Puede que un joven me diga que tiene una salida, y yo lo entiendo, porque yo también tuve esa edad”. ¿Cómo vincula a los jóvenes en la organización?

“Yo tengo tres jóvenes en la dirección del CDR. La organizadora es Claudia Blanco, tiene 23 años; el de vigilancia es Abelito Albert, y Marideisys Costa es la de deporte y cultura. Aquí en la cuadra los muchachos cumplen y hacen las actividades que les convocamos”. ¿A los 57 años, los CDR todavía son necesarios?

“Pienso que sí, porque es la única organización que se relaciona con todo el mundo”. UN POCO DE HISTORIA PERSONAL Su infancia la pasó en el uno y medio de la carretera a La Coloma. Allí sus padres los criaron a ella y a sus dos hermanos en el amor y el respeto a la familia. Algo que nos contó, es que su papá siempre los dormía haciéndoles cuentos. “Pienso que estas costumbres son cosas que debemos rescatar, porque nos siembran valores. “Nosotros teníamos mucha ingenuidad, nos enteramos de que los reyes no existían a los 12 años, los esperábamos con la latica de agua, la yerbita y la carta. “Teníamos juguetes porque pipo trabajaba mucho y nos compraba. Antes eran baratos. Con 74 años todavía me acuerdo que una vez de reyes mis vecinos no tenían juguetes y nosotros sí, hasta doble, y pipo nos pidió uno para darles a ellos. Yo no quería, entonces me los quitaron y me castigaron. En mi casa no se daba golpes, nos mandaban a dormir. Así me enseñaron a compartir. “Mi padre se llamaba Braulio Martínez Díaz y fue oficial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias después del triunfo de la Revolución, porque era luchador de la clandestinidad. Yo tenía 16 años, y al comenzar la campaña de alfabetización, él nos dejó escoger qué debíamos hacer. “Fui a alfabetizar al mismo correo de Herradura. Allí en la escogida V-5. Tuve de alumna a Bonifacia, que tenía 89 años y aprendió a poner su nombre. Cuando un día fue a cobrar y pudo escribir le dio mucha alegría, porque ella firmaba con los dedos. “Juana Graverán también aprendió a escribir su nombre. En El Canal de Herradura había unos compañeros que no sabían ni leer ni escribir y hablaron conmigo y empezamos a darles clases de noche. “Allí estuve hasta que se terminó la Campaña, al mismo tiempo ayudé a la organización de los CDR, nunca dejé de hacerlo”. La vida de esta mujer es la historia de las cubanas. Ella, una de las tantas que desde el primer momento rompió barreras patriarcales y supo imponerse con inteligencia y dar el paso al frente en cada circunstancia trascendental. Hoy los CDR la honran, y es que en realidad, la organización más aglutinadora del país debe su perpetuidad a las miles de Martha Mirta que dieron siempre lo mejor de sí por la Patria.

Sobre el Autor

Ana María Sabat González

Ana María Sabat González

Licenciada en Español y Literatura, periodista de Guerrillero. Ha sido profesora de la Universidad Hermanos Saíz Montes de Oca. Se dedica al periodismo desde el año 1996 y aborda en sus trabajos diferentes temáticas sociales y políticas.

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