Fórmulas propias para ser mujer
- Escrito por Anelys Alberto Peña
Foto: Jaliosky Ajete
Ayer no usó aretes. Sus lóbulos descansaron. Sus oídos, en cambio, recibieron ráfagas de críticas y murmullos al pasar. “Una mujer debería...” fue la primera frase que escuchó al salir de casa.
¿Quién es esa mujer que se deshizo de los pendientes? La respuesta es simple: una mujer cubana, una más. Son millones las formas de vivir la feminidad, tan disímiles como la población de ese sexo.
El cuarto, los catarros, el polvo, las arañas, las salsas... acompañan cada noche a la almohada de muchas de ellas. A la par, las reuniones, el transporte, la planificación o las entrevistas. Todólogas expertas en complacer, viven una doble jornada con un único salario y cientos de años de cultura patriarcal en las grietas que dejan los detergentes en las manos.
En cambio hay otras, como tardes de domingo, flemáticas y ajenas a la culinaria. Esas son distraídas con los horarios y sin actitud para los postres caseros. Su fin es que el tiempo pase, aun cuando los botones se caigan y los papeles se atrasen.
Muchas viven en noches sabatinas: se reúnen con las amigas, beben y hablan de fútbol. Conquistan espacios públicos o se sientan con las piernas abiertas. Esas también son mujeres.
¿Los gustos? Disímiles igualmente. Pueden ser bachateras o metaleras; gustarles el café amargo o el té con limón; querer a un hombre, a muchos hombres o a otra mujer. Al final, lo que importa es que prestar atención a la desnudez de sus orejas, no permite ver lo que amó y tocó en su día, cuánto logró y, eso de trabajar sí es norma en la mayoría de las cubanas.
Foto: Jaliosky Ajete
Foto: Jaliosky Ajete
Foto: Jaliosky Ajete
Foto: Jaliosky Ajete
Sobre el Autor
Anelys Alberto Peña
Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca