Cuando los dedos se niegan a aprender
- Escrito por Ramón Brizuela Roque
Orlando Izquierdo García todavía se pregunta cómo alguien puede trabajar 366 días en un año. / Foto: Jaliosky Ajete
Los brutos y rebeldes dedos se negaban a aprender, eso costó una semana de ensayo para poder domarlos en el uso del lápiz y al fin lograr una insegura firma del acta matrimonial... pero él no era el culpable, fue la época, que lo mantuvo analfabeto hasta que ocurrió el milagro. ¡No el grande de enero del ´59!, sino el otro, el de las Minas de Frío, en el recóndito oriente... donde empezará esta historia.
“Yo era analfabeto, totalmente analfabeto. Nací en el año 1937 en el barrio Las Coloradas, entre Matahambre y Santa Lucía. Cuando adolescente mi mamá consiguió una matrícula en una escuelita privada, pero imagínese, tremenda presión psicológica: deletrear entre aquellos niños pequeños con mi vozarrón estruendoso desentonaba, y me hacía sentir mal”.
La conversación con Orlando Izquierdo García fue pactada para su casa, en la bucólica comunidad de El Moncada, una belleza en el corazón del Plan Turquino, pero le asediaba una preocupación. “No quisiera hablar de mí, me parece una inmodestia”, pero lo convencí de que sería la crónica de su vida, aunque realmente no puedo privar por momentos a los lectores de escuchar sus simpáticas narraciones en primera persona.
MINAS DE FRÍO, LLAMADO ESPECIAL
Él formó parte del llamado especial de jóvenes por la dirección de la Revolución para ir a Minas de Frío; era ingresar en el Ejército Rebelde en aquella época, permanecer un año sin devengar salario y escalar 20 veces el Pico Turquino.
Fueron muchos jóvenes, deslumbrados por las heroicidades de los rebeldes, y recuerda nuestro entrevistado que cada día bajaban cientos de ¡rajados!: calificativo del momento para los que no aguantaban el rigor.
En su recuerdo permanecen compañeros que cumplieron y llegaron a ser oficiales en las FAR, como Pedro Hernández, Amalio Rodríguez Abreu, Domingo Arias Lazo, Bernardo Díaz Rodríguez, Lorenzo Torres Mesa, incluso, a algunos los encontró en la epopeya de África, años después... y su propuesta es un reportaje colectivo en un futuro cercano.
“Cuando cumplimos el compromiso, cuenta, subimos la veintena de veces el Turquino, entrando por La Plata y bajando por la playa Ocujal, nos trasladaron a La Habana, a La Cabaña, con la idea de hacernos artilleros de cañones, con Pedro Miret que era el jefe allí. Pero hubo algo, –el soldado nunca se entera– y de madrugada se aparecieron unas rastras y nos llevaron para Managua; yo no diría que el primero, pero si uno de los primeros cursos de tanques del país; fue poco antes de Playa Girón y estuvimos concentrados mientras se desarrollaron las acciones, todavía no habíamos terminado la preparación.
PRESENCIA DE JORGE RICARDO MASSETI
“Después se formó una brigada con el segundo teniente Rafael Moracén Limonta (actual general de división), y nos mandan para Pinar del Río, exactamente para Isabel Rubio, eran los primeros tanques que vinieron a la zona occidental de la provincia, a un lugar que le dicen La Ceiba, había una cantera, allí llegamos el 29 de mayo de 1961, esa unidad se llamó 1493.
“Más tarde nos movieron para el entronque de San Luis, a El Cafetal, donde pasamos la Crisis de Octubre en un sitio conocido como La Toya, fangoso lugar entre el entronque de San Luis y El Guayabo, y por esas cosas de que el soldado nunca se entera, nos acompañaba el periodista Jorge Ricardo Masseti, nunca supimos qué hacía allí, pero una madrugada despiertan a nuestra dotación, nos montamos en el tanque y él subió también, sin saber a dónde iríamos. Era para jalar camiones atascados en el fango, cargados de bidones de combustible”.
La historia de este soldado fue un eterno deambular por unidades: la 1230 de Guanito, la 1270 y más tarde para el entronque de Blanca Arena, en Bahía Honda, para un batallón contra desembarcos (BCD).
Combatiente pinareño. / Foto: cortesía del invitado
PEDIDO DE MANO CUATRO VECES
Su amorosa esposa, por más de medio siglo, es Amancia Porras Rivera, que le dio dos hijos, Osmel vive en Miami y Yunia, es económica de la Empresa de Tabaco, que a su vez le legaron cuatro nietos que son sus vidas: Gerardo, Orlando, Laura y Jorge Luis.
Y sigue. “Felipe, mi hermano mayor, fue mandado para aquí por el ‘26 de Julio’, –cuando esto eran bohíos de tabla y guano, testimonio de la huella del capitalismo–, a hacer algo, no sé qué, hasta que vino Fidel y se planteó el proyecto de la nueva comunidad El Moncada.
“Estaba en Minas de Frío y recibí una carta, me la leyó un compañero, me decía: ´Cuando vuelvas a Pinar del Río no vayas para Las Coloradas, bájate en el kilómetro 23 de la carretera Luis Lazo y entra por ahí a un lugar que le dicen Santo Tomás´. En uno de esos viajes conocí a mi futura esposa, por la que tuve que pedir la mano cuatro veces a personas distintas: la abuela, el abuelo, la madre y al padrastro, así solo se podía entrar en una casa.
“Fijamos la fecha del matrimonio para el cinco de diciembre de 1965. Pero estando en el BCD de Bahía Honda se recibe un radiograma de que el soldado Orlando Izquierdo y un sargento se presentaran en la División 3234 de Cayajabos; era mediado de noviembre, era para participar en una gran maniobra del Ejército Occidental.
“El día cuatro de diciembre amanecí todavía en Campo Florido y no había teléfono, –pero esto que te voy a decir no lo pongas, porque me da pena– yo no sabía cómo se hablaba por teléfono... le tenía miedo y... me decía, y si lo cojo al revés.
“Estábamos en la barraca, –cuando aquello había poco pase– y el sargento, un oriental, del Ejército Rebelde, Senén Vargas, dijo: ´¡Atiendan acá, les voy a dar un pasecito para que vayan a Bahía Honda a refrescar!´. Y en broma agregó, aquí está Izquierdo, que se tenía que casar el día cinco, pero no se casó por la maniobra, hace falta quitarle unas horitas a cada uno para ayudarlo, no me dieron más de tres días, pero me recogieron un dinerito.
“Para la boda me sacaron en una camioneta, –no había carretera en El Moncada, por un lugar que le dicen La Caoba y luego– una máquina hasta Viñales a casa de un notario amigo de la familia que nos casó. Ese viaje me costó 30 pesos, hoy con 2 000 no puedes hacerlo.
“Ese era el momento de estrenar mi firmita y la había practicado taaanto: que era una bolita, queriendo hacer la O, una cosita así parecida, queriendo hacer la I y otra que terminaba como una Z y cuando parampampan tiro el trazo... ¡rompí la esquina del papel! ¡Qué vergüenza con el notario! El mundo se me cayó arriba.
“Yo después empecé a leer y a escribir con la revista Verde Olivo, de las Fuerzas Armadas, era autodidacta, en ocasiones se daban unas clases con maestros civiles o militares, que la mayoría de las veces se interrumpían por una cosa u otra. Realmente hoy tengo una Facultad Obrera Campesina... bueno, sin terminar”.
Y NO FUE VANGUARDIA NACIONAL
Su vida como civil comenzó en la agricultura, sacando postes del monte con el cuñado; después fue para Minas de Matahambre, para Obras Sociales a ver a su amigo Antonio Manuel Prieto, le decían Mao, y lo llevó a ver Orestes García, director de la Empresa minera quien le dijo: “usted es jefe de obra”, y agrega, “me entregaron una brigada de 33 hombres para construir el primer edificio que se comenzó en La Sabana... yo no sabía nada, pero me ayudaban los buenos maestros de obra que tenía.
“El 13 de enero de 1976 estaba haciendo guardia en la Cueva de Santo Tomás y se apareció un yipe a buscarme para si quería ir a Angola, llamé a Fingo Padilla y le dije: coge aquí que me voy...´.
“Estuve en Angola en el Frente Sur, el jefe era Polito (general de cuerpo de ejército Leopoldo Cintra Frías), estuve en la segunda brigada motomecanizada, con el primer comandante Víctor Shueg Colás. Fuimos de Lobito a Mutete, el destino era Cunene, 710 kilómetros montados en los tanques”.
Su peregrinar ha sido largo, dirigió Comunales en Viñales, estuvo en Materias Primas como segundo del establecimiento Pinar del Río, fundador del aserrío de Pons y ahí viene otra historia.
“Yo había leído en un periódico que Manolo Ortega, el locutor, había trabajado los 365 días del año y yo me dije, coño, cuando yo sea obrero voy a probar, estando en el aserrío coordiné con la administración... con el Partido no tuve que hablar mucho, porque yo era el secretario, y empecé el primero de enero de 1985...Trabajé 365 días ininterrumpidamente. Radio Guamá me hizo una entrevista, me visitó René Peñalver, cuadro de la CTC, y lo más doloroso: no quedé Vanguardia Nacional. La persona que vino a dar las conclusiones, muy campechano, buen conversador empezó ‘bla bla bla... la discusión sobre Izquierdo allá en la nación duró 40 minutos, pero desgraciadamente el compañero que competía con él tenía mejores resultados’. Todavía me pregunto, ¿cómo habrá podido trabajar 366 días?”.
Sus condecoraciones son muchas, pero les gana el recato y la primera advertencia fue: “No quisiera que esta entrevista perjudique mi modestia”.
Sobre el Autor
Ramón Brizuela Roque
Licenciado en Periodismo Universidad de La Habana 1977. Premio Provincial por la Obra de la vida, 2013.Fue redactor reportero en Juventud Rebelde y Trabajadores; colaborador asiduo en Radio Guamá y TelePinar.