Actualizado 18 / 01 / 2020

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El biogás de Pototo

Durante el 2019, el productor Raudel Palomino Jiménez entregó a la industria más de 45 toneladas de carne de cerdo

Durante el 2019, el productor Raudel Palomino Jiménez entregó a la industria más de 45 toneladas de carne de cerdo. / Fotos: Yurina Piñeiro Jiménez.

Mientras que a muchos en Pinar del Río durante la situación coyuntural les preocupaba la inestabilidad del gas licuado en los puntos de venta y las interrupciones eléctricas, varias familias del barrio El Infernal, ubicado en la comunidad palmera de San Andrés, estaban muy confiadas de que al menos para cocinar no tendrían problemas.

Y es que la cocción de los alimentos la garantizan con el biogás que obtiene el productor Raudel Palomino Jiménez, a partir del procesamiento del estiércol que generan los cerdos que cría.

Este palmero de 36 años, asociado a la cooperativa de créditos y servicios José Antonio Echeverría, fue el primero del barrio en insertarse en la ceba de puercos mediante contratación con la Empresa Porcina.

Entre los requisitos para la aprobación del proyecto de cochiquera, las autoridades le exigían la existencia de un sistema para el tratamiento de la orina y las heces de las crías, a fin de evitar emisión de gas metano a la atmósfera y contaminación de los suelos, las aguas y el aire.

Tenía dos vías para procesar los desechos: un biodigestor o lagunas de oxidación con rampas de sólidos y lecho de secado. Aunque esta última alternativa era más fácil de realizar, Pototo, como cariñosamente le apodan amigos y familiares, eligió la primera opción.

LA CULPA LA TUVO UNA «LLAMARÁ»

Rememora el joven emprendedor que en busca de asesoría para iniciarse en la producción porcina llegó hasta la casa de un conocido que se dedicaba a la crianza de puercos, quien le explicó acerca de la actividad y le mostró uno de los tantos beneficios: el biogás.

Él conocía sobre la existencia de biodigestores, pero aquel día lo vio con sus propios ojos.

«Cuando Humbertico me entró a la cocina de su casa, y vi aquella «llamará», me convencí de que tenía que hacer lo mismo, para quitarme de encima el gasto de corriente y que los calderos de mi casa temblaran arriba de una candela como aquella.

«Los arquitectos de la Empresa de Proyectos de la Agricultura fueron los que me diseñaron el proyecto de cochiquera, el cual incluía entre otras estructuras, el biodigestor con sus diferentes componentes», cuenta Pototo.

Ello implicaba más esfuerzo y dinero, pero asumió el desafío. Poco tiempo después de haber iniciado la crianza de las primeras 60 precebas, construyó el sistema de generación de energía y buscó los recursos para llevar el biogás hasta la casa. Ello fue posible con una manguera, un tanque en condición de filtro y un fogón.

BENDICIÓN COMPARTIDA

Poco a poco, las familias más cercanas le pidieron permiso para conectarse al biodigestor, petición a la que accedió sin objeciones. Primero Santiago, luego Dani, después Yasmiel, más tarde El Negro, le siguió Manuel y finalmente Chachi.

Las amas de casa de estos núcleos familiares, prácticamente abandonaron los equipos eléctricos, de inducción y el fogón pique y empezaron a cocinar todos los alimentos a golpe de biogás, según ellas «lo mejor que se ha inventado».

A partir del uso de este tipo de combustible en las cocinas de sus hogares, percibieron un ahorro monetario significativo, pues el consumo eléctrico disminuyó de forma considerable y por ende, el costo del servicio de electricidad también decreció.

Pero no solo estas madres y padres se benefician. Algunos vecinos del barrio aprovechan el agua que vierte el biodigestor hacia la laguna de oxidación y riegan sus plantaciones de café y malanga. Una alternativa muy factible, ya que la vega donde se ubica la cochiquera no cuenta con grandes embalses y sufre periodos de sequía.

VENTAJAS SOBRE TODO PARA LAS FÉMINAS

Todos los miembros de estas familias se benefician directa o indirectamente con el uso del biogás, pero en especial las féminas sienten una satisfacción nunca antes conocida, pues esta tecnología supera a las anteriores.

Bien lo sabe Isaura Figueroa Gallardo, quien a pesar de ser joven, vivió la etapa de cocinar los alimentos con leña, luego en fogón pique hasta que el Programa de la Revolución Energética le facilitó equipos eléctricos.

«Tiene muchas ventajas, pero la más grande es que puedo cocinar las 24 horas del día si quiero, que no me cuesta nada y es más rápido; uno hace la comida en un ratico. Con esto también pagamos menos electricidad. Antes eran más de 100 pesos todos los meses y ahora no más de 40».

Otra de las beneficiadas, Yamilis Fleitas Miranda, también reconoce las bondades de contar con un sistema como este. Ella hace énfasis en la tranquilidad que les proporciona usarlo.

«Esto es lo mejor que se ha inventado. De ciento y tantos pesos de electricidad que consumíamos, bajamos a 30. Y sobre todo, ya no nos estresa si se va la corriente en el horario de hacer el almuerzo o la comida. El biogás solo necesita el excremento de los puercos».

Caridad Pineiro SocaCaridad Piñeiro Soca es una de las féminas que asegura que «el biogás es lo mejor que se ha inventado».

Para Caridad Piñeiro Soca, este tipo de combustible es una bendición, porque es permanente y gratis.

«No todas las personas tienen un fogón de leña o un pique. Y mientras haya corriente uno no lo sufre, pero cuando hay apagón, ahí nos las vemos feas para hacer la comida o calentar el agua de bañarse. Con este método uno está tranquilo». EXPERIENCIA DIGNA DE GENERALIZAR

El biogás proporciona a estas familias sosiego y disminución de gastos económicos, al tiempo que constituye un mecanismo de aprovechamiento de energía renovable y una medida de protección medioambiental, ya que reduce la emisión de metano a la atmósfera.

Su utilización favorece además el ahorro de energía, premisa fundamental de nuestro pueblo en los últimos tiempos para reducir los perjuicios derivados del déficit de combustible.

A partir de su uso, de forma conjunta estas siete familias de la localidad palmera de San Andrés han ahorrado más de 2 500 kilowatts a la economía del país, así lo informó Héctor Oramas Sánchez, director de la Empresa Eléctrica del municipio de La Palma, quien reconoció la valía de dicha alternativa y la necesidad de generalizar experiencias de este tipo.

Pasado poco más de un año de la habilitación del biodigestor, Pototo asegura que valió la pena haber invertido tiempo, dinero y esfuerzo en él. Desde entonces, en su hogar y en otros seis no ha faltado fuego para cocinar. Emprendedor al fin, cree posible que más familias pudieran beneficiarse a medida que aumente la producción de cerdos en su cochiquera.

La bendición que tiene la quiere compartir, pues no olvida que alguna vez a su familia también le preocupó que hubiese apagón eléctrico o que faltara el queroseno con el cual encender el fogón. Ahora está convencido de que ni la electricidad ni el queroseno son imprescindibles. Existe algo mejor: el biogás.

Sobre el Autor

Yurina Piñeiro Jiménez

Yurina Piñeiro Jiménez

Licenciada en Periodismo en la Universidad Hermanos Saíz de Pinar del Río, Cuba

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