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En puntas de pie por la vida

Zoe Elida Justis Reyes

Rincón de su casa donde exhibe orgullosa sus tesoros. / Fotos: Jaliosky Ajete Rabeiro.

Esta historia comenzó en San Luis (provincia Santiago de Cuba), durante una clase en la que cierta niña curiosa, oyó hablar por vez primera de Maceo y de su arribo a Mangos de Roque, en la lejana tierra de Mantua, situada en la cola del caimán dormido sobre su atlas escolar.

“Ojalá pudiera ir a ese lugar”, deseó Zoe Elida Justis Reyes, aquella muchachita que bebía cuanto libro caía en sus manos, usaba cintas de colores en el pelo y bailaba autodidacta en puntas de pie, por toda la casa.

Hay un proverbio chino que reza: "Ten cuidado con lo que deseas, porque es posible que se cumpla" y así ocurrió con Elida, cuando ya había olvidado aquel anhelo de su infancia.

Corría el año 1965 y recién se había recibido de la escuela de Instructores de Arte en el habanero hotel Copacabana. Mantua sería el destino reservado para su servicio social.

Cuando puso sus pies en aquel sitio olvidado de la mano de Dios y vio que no era como lo había visualizado en su mente, sintió ganas de llorar, de dejarlo todo; pero se armó de valor y decidió quedarse a enseñar arte a aquellos guajiros, que nunca habían visto un espectáculo en su vida.

Un día, en una instalación de comercio, sus ojos tropezaron con los de un empleado gentil y tuvo ganas de prolongar su estancia en el pueblo.

Otro año más pasó, y hubo boda, un hijo, una casa que habitar, nuevos sueños… y empezó a gustarle su vida modesta, los amigos que hacía, la historia legendaria de aquel pueblo, sus tradiciones y su gente.

A veces, caminando por la calle, reparaba en aquel niñito de piernas largas y rápidas en la carrera, o en ese otro que cargaba a su hermana como una pluma en el aire.

Los fue llamando uno a uno a sus talleres, espacios donde descubrió que los niños son como jícaras que uno va llenando de cosas buenas o malas y al final, son lo que se les enseña.

Preciosas vasijas halló en esas tierras ganaderas; las surtió con habilidades artísticas; pero también con valores humanos como la disciplina, la colaboración y el amor.

Zoe Elida Justis Reyes hojeando su librito de oroElida hojeando su “Librito de Oro”, como llama a la agenda donde tiene apuntados los nombres de todos sus alumnos.

Alrededor de 300 alumnos pasaron por sus manos generosas. Buen número de ellos logró rendir niveles profesionales de ballet e integran actualmente compañías de prestigio como el Ballet Nacional de Cuba y Prodanza; o simplemente andan diseminados por el mundo, honrando la tradición danzaria cubana. Cuando la Prima Ballerina Absoluta Alicia Alonso conoció de esta hazaña, quiso conocer a la maestra personalmente y abrazarla.

Su enorme contribución al patrimonio inmaterial de los mantuanos y a Pinar del Río, le han hecho merecedora de importantes reconocimientos como la Medalla por la Cultura Nacional, el Premio Olga Alonso y la condición de Miembro de Honor de la Asociación de Pedagogos de Cuba; pero su mejor premio, es una zapatilla de ballet autografiada por sus queridos estudiantes, que colgó como una reliquia en una de las paredes de su hogar.

Sobre el Autor

Susana Rodríguez Ortega

Susana Rodríguez Ortega

Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca.

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