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Había una vez una abeja reina

Mabel Cedeño Pérez

Mabel Cedeño Pérez. / Foto: Ana María Sabat.

El pueblo la conoció como intérprete de muchos personajes infantiles, entre ellos el de la Abeja Reina y Meñique, en el grupo de teatro La Colmenita. Dos décadas después, Guerrillero conversó con Mabel Cedeño Pérez, una mujer con limitaciones físico motoras, pero que constituye un ejemplo de realización personal y social.

Mabel Cedeño Pérez es una mujer valiente, de eso, no cabe dudas. Ella se considera una persona emprendedora y capaz de desafiar cualquier obstáculo que se le interponga en la vida.

Nos confiesa que la ayudó la escuela especial Solidaridad con Panamá, centro educativo que, según sus palabras, constituyó una de las primeras instancias y espacios donde pudo socializar e interactuar con otros coetáneos muy similares a ella.

«La escuela significó para mí una gran trayectoria, sobre todo un espacio donde aprendí a interactuar con otras personas como alguien común, como el resto de los individuos. A pesar de tener una discapacidad de nacimiento, esto no me hace ser diferente, sino alguien emprendedora capaz de afrontar cualquiera de las barreras que se me interpongan en el camino, y eso lo aprendí también en la escuela, que a pesar de ser especial la enseñanza regular era muy igual a la de otros centros. Contábamos con oportunidades, capacidades y futuro para seguir adelante».

Desde pequeña, Mabel es famosa en Cuba. Tal vez algunos lectores no relacionen su nombre, pero sí se recordarán de aquella niña que en un sillón de ruedas protagonizó a la Abeja Reina en la obra La Cucarachita Martina, bajo la dirección de Carlos A. Cremata Malberti, en la compañía La Colmenita.

«En un lugar remoto nació esta historia que los abuelos guardan en la memoria: Cucarachita Martina quiso empolvarse para escoger un novio con quien casarse. «¡Que vengan los Duendes de la Fantasía que regalan sueños y dan alegría! ¡Que todos los niños vengan a escuchar porque nuestro cuento ya va a comenzar!».

Así empezaba la obra y todos disfrutábamos de la actuación de la versátil Mabelita, que se ganó con su personaje al público cubano.

«La Colmenita fue uno de los espacios en el que pude encontrar mi vocación, y más que eso, saber cuáles eran las expectativas futuras que quería para mi vida. Porque antes de entrar al grupo tenía una perspectiva bastante ilusoria de que quería ser abogada, tal vez iba a ser buena abogada, quién sabe.

«Ya poseía los antecedentes culturales en la escuela, porque me inserté a un grupo musical, en el psicoballet con la doctora Georgina Fariña, y ya tenía algunas maneras de expresarme a través del arte, pero encontrarme con La Colmenita fue impactante, pues me llevó a otras dimensiones, a la vía de conectarme con grandes y diversos públicos y al mismo tiempo entender que el teatro podía ser también una manera de transformar y educar a la sociedad».

Luego Mabel asumió la tarea que le dio Cremata de formar una Colmenita en su municipio Boyeros, en la que intervinieran niños de la escuela especial Solidaridad con Panamá.

«Comencé el taller y fue bien difícil, ya que con 10 años sentir que diriges a personas tan iguales, coetáneos, similares a ti, no es fácil, entonces uno tenía que ser el ejemplo, la que conducía el proceso, es complicado. Fue una gran meta y también para mi familia».

La inteligencia y los deseos de estudiar caracterizaron a la joven Mabel, quien se hizo instructora de arte y luego estudió la licenciatura en el pedagógico Enrique José Varona.

«Tomé una decisión, no era abandonar La Colmenita, era continuar con nuevas miradas de hacer, pero desde otra perspectiva, por eso creé el proyecto de teatro comunitario Raíces de Caguairán, integrado por niños y adolescentes de la comunidad del reparto Abel Santamaría, sin alejar a otros entornos comunitarios, porque de lugares cercanos pueden participar y así responder más a los problemas y necesidades de esos muchachos».

Te gradúas años más tarde en la Universidad en la especialidad de Psicología. ¿Por qué decides estudiar esta ciencia?

«La psicología me ayudó muchísimo en cuestiones, tanto personales como profesionales. Mi interés en esta carrera fue para alcanzar un poco más de herramientas, y poder conocer mejor a mis alumnos y manejar con más calidad el proceso educativo, como el que yo hago en el teatro comunitario; además me permitió entender la psicología de los personajes a la hora de los roles que cada uno hace en las obras, y percibir la personalidad individual de cada cual.

«De forma personal me ha ayudado: cuando empecé la Psicología era alguien, esa ciencia me ayudó a comprender aún más a ese alguien, y a entender que había que seguir adelante y que los cambios de la vida no los hace nadie, sino uno mismo; y que todo depende del amor propio que se tenga, de cómo se autovalore y conciba cada uno de los pasos que da». Aparte de dirigir un proyecto comunitario hace sus consultas, atiende a sus pacientes de manera clínica en un centro de salud mental.

«Me gusta la clínica, pero equilibrándola, porque necesito hacer algo más que la interacción psicólogo-paciente, siempre busco una alternativa para salirme más allá de esa relación de ayuda que establezco desde una perspectiva clínica, entonces voy a lo social, a la actividad comunitaria, a la dinámica grupal».

A sus 32 años de edad, Mabel califica a la mujer cubana como emprendedora, perseverante y constante cuando se propone algo. «Es guerrera, ante batallas y luchas de la vida tiene una respuesta positiva», reflexiona y agrega, como si quisiera transmitir su sabiduría o un mensaje a sus contemporáneas: «Que de las grandes batallas siempre algo bueno se puede encontrar, que no miremos el lado malo de las cosas, ni porqué suceden de esa manera; pienso que lo negativo puede potenciar y abrir caminos y formas de construir espacios y nuevas expectativas hacia un futuro mejor.

«Desearles a la mujer pinareña y cubana que cumplan sus sueños, que la voluntad es muy importante para alcanzar cualquier objetivo en la vida, y que a veces tenemos muchos conocimientos, pero tiene que estar todo de una manera más equilibrada, tener voluntad, empeño, capacidad, saberes y experiencia».

Es primera vez que visita Pinar del Río. De los oriundos de la provincia más occidental expresa sus impresiones.

«Encontrar personas tan agradables, auténticas, innovadoras, afables, que tratan de que te sientas mejor y comprometidas con lo que hacen, es increíble. Ojalá y pueda en otro momento y oportunidad hacer una visita nuevamente acá».

Algo muy valioso para Mabel es su familia. De ellos habla y hay gran amor en sus palabras. Conversamos con la entrevistada en la Universidad de Pinar del Río, allí asistió al Taller Internacional de Psicología Personas de Miradas Diversas, allí también conocimos a su abuela, quien le hacía compañía.

«La familia siempre fue el eslabón fundamental, porque me ha acompañado en todos los procesos y en mis decisiones y motivaciones, en aquello que quiero hacer, en las ideas que me proyecto. Siempre mi abuela, mi mamá, mi abuelo… mi familia es muy pequeña, somos pocas personas, pero hacen un gran equipo para lograr cualquier propósito de la vida».

Sensible y humilde, pero sobre todo apasionada, así se describe Mabel, quien se sabe presumida, y bien que lo apreciamos en su preocupación por arreglar uno de los flequillos de cabello que le cae en la frente, cuando fuimos a hacerle una foto con su maquillaje impecable y en su elegante vestido color fresa.

En su perfil de Facebook, en una de sus fotos encontramos un mensaje de un antiguo alumno, cuyo texto deviene pequeño resumen de la labor de la instructora de arte, la psicóloga, el ser humano: «Bendiciones corazón sabes que te aprecio mucho, te quiero mucho... me enseñaste buenos valores y eso se lleva en cuenta, besitos».

Sobre el Autor

Ana María Sabat González

Ana María Sabat González

Licenciada en Español y Literatura, periodista de Guerrillero. Ha sido profesora de la Universidad Hermanos Saíz Montes de Oca. Se dedica al periodismo desde el año 1996 y aborda en sus trabajos diferentes temáticas sociales y políticas.

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