Historia en dos tiempos de la Casa de Don Tomás
- Escrito por Susana Rodríguez Ortega
El restaurante Casa de Don Tomás se ubica en la calle Salvador Cisneros del municipio de Viñales / Foto: Jaliosky Ajete Rabeiro
Una goleta lo trajo a puerto cubano a fines del siglo XIX. Venía huyendo del servicio militar y de la miseria que asolaba a su natal España. Era un muchacho ambicioso. En su cabeza se arremolinaban sueños de grandeza y ansias de conocer mundo.
Su nombre era Tomás Díaz y experimentó en carne propia la nostalgia del emigrante y la angustia de trabajar como bestia para sobrevivir; pero todo cambió para él cuando conoció en Viñales a la señorita Sinio Coterillo.
Era sobrina de Gerardo Miel y Zaínz, el negociante más próspero de la zona, que tenía acciones en la Naviera de Cuba y se dedicaba al comercio de cabotaje desde Puerto Esperanza hasta La Habana o la Florida. Atesoraba grandes extensiones de tierra, almacenes, ganado y una fortuna para nada despreciable que se multiplicó en manos de Tomás cuando desposó a la joven Sinio, única heredera del señor Miel. Fue así como el nombre de aquel insignificante emigrado, cobró de súbito prestigio y donaire y todos empezaron a llamarle Don Tomás.
La pareja se asentó en una elegante vivienda de dos plantas que Miel había mandado a edificar años atrás con maderas preciosas de la Isla. El arquitecto ibérico Roger Reville asumió la obra por un costo de 320 ducados de oro españoles.
El inmueble fue inaugurado el primero de enero de 1889, en el marco de las festividades por la declaratoria de Viñales como cabecera del término municipal, el mismo día que un grupo de oficiales españoles levantó una ermita destinada a la advocación de la Virgen de la Caridad en el punto cero del hato de Viñales.
«Nací tiempo después de que muriera el abuelo, así que no lo conocí, pero me contaron que fue un hombre muy inteligente y con un talento natural para los negocios. Tenía una ferretería o almacén mayorista llamado La Cachurra, donde las personas compraban a crédito», relata Tomás Fernando Díaz, nieto de Don Tomás y prosigue:
«Dicen, y no sé en qué medida se mezclan aquí realidad y ficción, que cuando Maceo se aproximó a Viñales durante su campaña en Pinar del Río, mi abuelo fue de los únicos que subió al campamento mambí a conversar con el Titán de Bronce y a ofrecerle provisiones. Desconozco si su intención real sería ayudar o mediar para que el Lugarteniente General respetara al poblado y a sus comerciantes».
DE CASA FAMILIAR A RESTAURANTE
Don Tomás se aplatanó en Viñales y se hizo un roble viejo en aquella casona que abrigó su vida y amores; pero jamás olvidó sus raíces españolas.
La vivienda fue deteriorándose con los años y llegó el momento en que se hizo inhabitable; entonces el Estado acometió su restauración capital y la inauguró como restaurante en febrero de 1991. En el 2010 fue intervenida nuevamente y en el 2016, la Cátedra Gonzalo Cárdenas de Arquitectura Vernácula, perteneciente a la Empresa Restauradora OSDE de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, le otorgó un premio de conservación por sus evidentes valores patrimoniales.
El techo a dos aguas, las paredes de madera, la pasarela de la entrada coronada por enredaderas naturales, la balconada del segundo nivel y el color azul de la fachada, son detalles que cautivan de la Casa de Don Tomás, nombre adoptado por la instalación en alusión a su otrora propietario.
«Al principio ofertábamos comidas concebidas a base de tasajo, bacalao, boniato y potaje de frijoles; pero percibimos que no había entre los visitantes extranjeros esa tendencia a comer salado y tuvimos que adecuarnos a sus gustos.
Boris Luis Crespo, administrador del lugar / Foto: Jaliosky Ajete Rabeiro«Realizamos un estudio de mercado conformando nuestro menú con comidas internacionales sin descartar los platos criollos estilizados», refiere Boris Luis Crespo, administrador del lugar.
Hace 30 años empezó a laborar como capitán de salón y hoy administra todo el complejo gastronómico que incluye, además del restaurante, una pizzería, un punto móvil y una dulcería.
La especialidad de la casa es La delicia de Don Tomás: una pequeña paella servida en vasija de barro que combina arroz amarillo, pollo, cerdo, jamón, pescado, langosta y chorizo.
El cóctel distintivo, por otra parte, se nombra El trapiche y está compuesto por jugo de piña, ron carta blanca, angostura, miel de abeja y un canutillo de caña roja a modo de mezclador.
Ofertan además deliciosos postres entre los que destacan las torrejas, las bolas de leche, el flan, el pudín y diferentes sabores de helado.
El rescate de la sobremesa es uno de los propósitos de esta instalación de la empresa extrahotelera Palmares. En tal sentido estimulan el maridaje de rones añejos, tabacos, chocolate y café cubanos.
«La tradición de la sobremesa se ha perdido en el mundo entero por el apuro en el vivir. Antiguamente la familia cenaba y se quedaba conversando de los problemas que tuvieron en el día. Era el momento para pensar soluciones de conjunto y ofrecerse apoyo muto. Los diálogos de sobremesa pueden ser muy efectivos también en el mundo de los negocios, donde las partes se toman un café o degustan un puro creando lazos no solo de trabajo, sino también afectivos», explica Boris.
La capitana de salón, María Magdalena Díaz, confiesa lo honrada que se siente de haber laborado en este centro desde su fundación:
María Magdalena, capitana de salón / Foto: Jaliosky Ajete Rabeiro
«He tenido la dicha de servir la mesa a clientes entrañables como al cosmonauta Arnaldo Tamayo y a René, uno de los Cinco héroes, que me trató con verdadera humildad. Recuerdo también el día que Irela Bravo almorzó aquí con su mamá. Ella es una actriz que admiro mucho, por eso la menciono», evoca.
Otras personalidades han prestigiado con su presencia el recinto, entre ellas Ignacio Ramonet, Polo Montañez y Juan Formell.
La instalación constituye uno de los espacios preferidos en Vueltabajo para acoger cenas y recepciones de eventos. Su colectivo laboral ha sido reconocido en varias ocasiones como líder de calidad y ha participado en importantes certámenes nacionales como el Varadero Gourmet.
«Nuestra meta es seguir creciendo y garantizar que el trabajo del sector estatal sea apreciado cada vez más», asevera su administrador.
Sobre el Autor
Susana Rodríguez Ortega
Licenciada en Periodismo en la Universidad de Pinar del Río Hermanos Saíz Montes de Oca.




